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Entre dos monstruos invisibles

Los padres de Mahek y Bhagyashree, dos niñas de un asentamiento informal en Bombay, trabajan a jornal. Viven al día. Con el confinamiento, no tienen ingresos. Les acechan el hambre y la covid-19

Saahil, uno de los niños que viven en el campamento de Cheda Nagar, al noroeste de Bombay, muestra orgulloso su dibujo sobre cómo está viviendo el confinamiento.
Saahil, uno de los niños que viven en el campamento de Cheda Nagar, al noroeste de Bombay, muestra orgulloso su dibujo sobre cómo está viviendo el confinamiento.

Mahek y Bhagyashree son dos niñas en edad de preescolar que viven en el transit camp de Cheda Nagar, al noroeste de Bombay. Conozco a sus padres desde hace años, ya que fueron dos de las primeras familias que comenzamos a atender en Cheda Nagar. Muchas familias llegan a Bombay desde las zonas rurales del interior de India y encuentran refugio bajo cuatro paredes de chapa como las de este asentamiento. Pero viven en terreno propiedad del Gobierno, lo que significa que en cualquier momento pueden derribar su chabola y quedarse en la calle. Eso es un transit camp, un asentamiento precario muy por debajo de un slum.

En nuestra visita semanal a esta zona, los padres de Mahek y Bhagyashree me cuentan que empiezan a verse signos de la vuelta a la normalidad. India ha comenzado a levantar el confinamiento, que ha durado más de dos meses, aunque todavía no se ha alcanzado el pico de la pandemia. Unos dicen que será entre agosto y septiembre, otros en noviembre... En realidad, en el asentamiento poco importa cuándo sea. Las dificultades para conseguir lo más básico siguen siendo las mismas. Una bombona de gas para un hornillo de cocina, por ejemplo, es un lujo hoy en día. Ya no se ve a miles de personas agolpándose en las estaciones de autobús, intentando marcharse de Bombay, pero ha quedado una sensación extraña en la ciudad. Mucha gente ha vuelto porque se han reactivado transportes y algunos trabajos, pero otros muchos se han quedado en sus aldeas por miedo.

Los padres de Mahek y Bhagyashree, igual que sus vecinos en el asentamiento trabajan a jornal. Viven al día. Durante el confinamiento no han tenido ingresos, y ahora tienen dos monstruos invisibles al acecho: el hambre y el coronavirus. En India, la amenaza del hambre en estos barrios chabolistas ha llevado a salir del confinamiento antes de tiempo, pero el miedo a caer en un nuevo repunte se palpa en el ambiente de las comunidades más pobres.

En el área de Bombay vivimos unos 22,4 millones de personas, y más de la mitad de esta población reside en barrios de chabolas. Contener la covid-19 ha sido un gran reto y seguimos haciéndolo, aunque a veces me da la sensación de ir a ciegas. Porque es una pelea desigual. Si antes luchábamos contra un gigante, la pobreza extrema, ahora hay uno nuevo: el hambre.

Mahek y su familia, en su vivienda de 20 metros cuadrados en Cheda Nagar.
Mahek y su familia, en su vivienda de 20 metros cuadrados en Cheda Nagar.

Noto una especie de miedo psicológico a lo que pueda pasar, la sensación de un equilibrio demasiado frágil que puede romperse en cualquier momento y desatar una tragedia. Pero el espíritu de estas comunidades es inquebrantable, y desde siempre han hecho frente a todo tipo de contratiempos.

Incluso ahora, que ha empezado la época de los monzones y el asentamiento prácticamente se inunda cada día, Mahek y Bhagyashree han seguido haciendo sus tareas, jugando, pintando. Me dejan ver los dibujos que han hecho estas semanas y veo que no son especialmente tristes ni tienen monstruos. Para ellas, como para miles de niños y niñas de Bombay, el recuerdo de estos meses probablemente no será muy diferente al resto de su infancia. Diferentes aventuras y diferentes problemas para sobrevivir, con distintos monstruos. Por ahora tienen suerte de tener unos padres, de vivir bajo un techo, de estar superando el confinamiento y de aguantar las necesidades que sufre su familia. Pero me pregunto, ¿por cuánto tiempo?

Komal Sewak pertenece al departamento de Sensibilización de Sonrisas de Bombay, India.

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