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Del ozono a la luz ultravioleta: ¿en qué sistemas de desinfección 'anticoronavirus' se puede confiar?

Las propuestas para espacios públicos y hogares se acumulan. No te creas todo lo que prometen

Del ozono a la luz ultravioleta: ¿en qué sistemas de desinfección 'anticoronavirus' se puede confiar?

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El conocimiento sobre el coronavirus causante de la pandemia mundial avanza cada día, pero la ciencia aún está lejos tener una imagen completa. De la misma manera, aún existe mucho desconocimiento sobre la manera de acabar con él. Con la vacuna como esperanza máxima, administraciones y empresas utilizan ahora métodos para evitar contagio. Los hay que tienen más y menos eficacia (o ninguna en absoluto), y todos tienen con un mismo objetivo: desinfectar todo tipo de espacios para asegurar la ausencia del SARS-CoV-2.

Hay fórmulas para calles, hospitales, bares y cualquier otro tipo recinto, abierto o cerrado, público y privado, pero todas cuentan con el mismo hándicap. Por ahora, apenas hay bibliografía que demuestre su eficacia y, en muchas ocasiones, se suma la circunstancia de que suponen riesgo para la salud. A la pulverización con derivados de amonio cuaternario —como recomienda el Ministerio de Sanidad— se unen otros productos con actividad biocida: máquinas de ozono, vapor, arcos desinfectantes, incluso rayos ultravioleta. Todos están en el mercado, pero sobre ellos recaen dos dudas principales: ¿Son realmente efectivos? ¿Hasta qué punto suponen un riesgo para la salud?

"Hoy apenas hay estudios de eficacia para acabar con el coronavirus, así que lo que se está haciendo es centrarse en aquellos sistemas que son eficaces frente a los virus", cuenta Milagros Fernández de Lezeta, directora general de la Asociación Nacional de Empresas de Control de Plagas (ANECPLA), una organización que ha lanzado una página web para resolver dudas. El Ministerio de Sanidad ha sido más expeditivo, con la publicación de publicado un listado de productos virucidas autorizados en España, un compendio que se va actualizando periódicamente. Más de medio centenar de ellos cuentan con la aprobación necesaria para ser comercializados para uso personal de cualquier persona, el resto son para utilización exclusiva de los profesionales y profesional especializado.

Según la Sociedad Española de Sanidad Ambiental (SESA), los productos de uso profesional están más concentrados, lo que garantiza su eficacia, pero deben ser aplicados por personal cualificado, provisto de los equipos de protección individual necesarios. Y siempre en ausencia de personas. "Hay muchas alternativas que funcionan, por lo que no es recomendable usar otras que conllevan riesgos", subraya Isabel Marín, presidenta de la SESA. Aun así, es normal toparse con alguna de ellas.

Ozono: conocido por su peligro, no por su eficacia

El ozono para acabar con el coronavirus ha sido uno de los agentes más publicitados, y puestos en duda, desde el inicio del desconfinamiento. Este producto se ha usado tradicionalmente para desinfectar medios líquidos: al disolverse en agua oxida e inactiva un buen número de microorganismos con alta eficacia. Es utilizado tanto en piscinas como para el tratamiento de aguas residuales, e incluso para eliminar sabores y olores, aunque frente a sus numerosas ventajas también existen desventajas: es muy corrosivo, tóxico, su coste es alto y, además, en bajas dosis no desactiva del todo algunos virus, según la Agencia Medioambiental de Estados Unidos. Y el ozono no está en el listado de viricidas autorizados por Sanidad y tampoco está probado frente al SARS-CoV-2. "Tenemos que esperar a su evaluación y aprobación en el ámbito europeo para poder registrarlo como tal", explican desde el Ministerio de Sanidad.

Mientras se producen esas comprobaciones, el Gobierno permite la comercialización del ozono "siempre que se respeten las medidas de seguridad correspondientes" y con instrucciones claras de su modo de empleo, como recoge la Nota sobre el uso de productos biocidas para la desinfección de la covid-19. Su uso genera riesgos para el ser humano y, por ello, no puede aplicarse en presencia de personas ni sin los equipos de protección adecuados. Además, es peligroso para la salud por vía respiratoria, irrita la piel y produce daño ocular, según el inventario de clasificación de Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA). "¿Para qué usar entonces un producto que sabemos que es peligroso y desconocemos si es eficaz?", se preguntan desde la ANECPLA.

"Yo no estaría muy segura si entro en un sitio donde aplican ozono de manera continua", subraya Fernández de Lezeta, quien indica que el hecho de ser "muy oxidante" puede hacer que sea dañino para equipos informáticos y otros sistemas electrónicos. Tampoco son recomendables las máquinas más pequeñas que ofrecen muchas empresas para desinfectar el hogar. "O bien la concentración de ozono es tan pequeña que no sirve para nada, o bien es alta y eficaz, pero jamás podría usarse en presencia de personas ni personal que no fuera profesional y contara con equipos de protección adecuada", añade Isabel Marín, máxima responsable de la SESA.

De la falsa sensación de seguridad a la aberración ambiental

El ozono es también nebulizado en los denominados túneles de desinfección, bajo los que pasar y, supuestamente, quedar limpio de virus. En otros casos, se ha utilizado incluso lejía diluida o agua ionizada. El sistema es sencillo: como cualquier arco de seguridad, la persona pasa por él y, en ese momento, es pulverizada la sustancia que supuestamente la desinfectará. En ningún caso es buena idea. Por una parte, no hay ningún biocida autorizado para su nebulización sobre personas; por otra, técnicamente carece de sentido porque, si quien pasa por el arco entra en contacto con el virus más adelante, podría infectarse igualmente. "La técnica de aplicación que se anuncia en los denominados túneles desinfectantes de ningún modo puede ser utilizada sobre personas", indica el Ministerio de Sanidad. Además, "un uso inadecuado de biocidas introduce un doble riesgo: posibles daños para la salud humana y dar una falsa sensación de seguridad", añaden desde Sanidad. La falsa seguridad hace que las personas se relajen y, por tanto, se incrementen las opciones de infección.

El ozono puede causar problemas de salud, y también hacer daño a los ordenadores y otros sistemas electrónicos

También hay arcos de mayor tamaño para vehículos, como el puesto en marcha a finales de marzo por Alozaina, un pequeño municipio de la provincia de Málaga, pero su eficacia no está probada. Tampoco han tenido éxito ideas como la de usar tractores para desinfectar espacios públicos con lejía, que llegaban a vaporizar desde cubetas en las que previamente habían tenido productos fitosanitarios y plaguicidas, que acababan sobre los vecinos con el consiguiente riesgo para su salud. Y se ha llegado a pulverizar sobre la arena de la playa, como hicieron en Zahara de los Atunes para intentar desinfectarla. "Es una aberración medioambiental", explicaba entonces Daniel Sánchez Román, delegado de Desarrollo Sostenible de la Junta de Andalucía en Cádiz.

El Gobierno sí que recomienda la lejía para la higiene en casa, pero siempre bajo unas medidas concretas: mezclar 20 mililitros de lejía con 980 de agua, y utilizar la mezcla siempre el mismo día de la preparación, ya que el principio activo desinfectante se degrada con el tiempo. Es lo que han utilizado en general desde la Unidad Militar de Emergencias (UME), quienes también usaban alcohol diluido. La lejía también diluida se utiliza igualmente en felpudos que, al pisar sobre ellos, impregnan al calzado de esa solución y ayudan a su desinfección. Hay decenas de anuncios de empresas que los ofrecen. Son efectivos y aportan más seguridad, pero "poco necesarios". "Hay muy poca probabilidad que el virus pase del suelo a un zapato, luego se genere un aerosol y exista riesgo de contaminar a otra persona", dice Isabel Marín que, eso sí, admite que si alguien se siente más seguro usándolo... tampoco es que sea contraproducente.

Vapor, filtros HEPA y luz UV: ¿tienen algo de bueno?

Una imagen que se ha convertido en habitual en tiendas de moda es la del a personal del establecimiento aplicando vapor a las prendas, como medida desinfectante. Este gesto también se pone en duda porque, si el tejido en cuestión tuviera el virus, con la vaporización se distribuiría por el ambiente, por lo que podría inhalarse. No solo eso, todo objeto que sí se hubiera desinfectado eficazmente volvería contaminarse con los virus expulsados de la ropa, y habría que empezar de cero otra vez. Por ello, la mejor opción es que las prendas, una vez se las haya probado un cliente y no las adquiera, pasen una cuarentena de 48 horas. Es lo que están haciendo pequeños comercios y grandes cadenas de moda para dar más seguridad a sus clientes.

Lo que no debería dar ninguna seguridad son las lámparas de luz ultravioleta. "Esto no elimina el virus en 5 segundos. Esto es una estafa que además pone en riesgo la salud ofreciendo falsa sensación de seguridad", contaba Marían García (@boticariagarcia) en Twitter a principios de mayo. Entonces, un vídeo contaba las bondades de las lámparas ultravioleta para acabar con el coronavirus. Es cierto que la luz ultravioleta tipo C es eficaz contra los virus, pero solo en distancias cortas y usadas por personal especializado, porque es peligrosa para el ser humano, tanto que si la capa de ozono no impidiera que llegase a la tierra se produciría un auténtico apocalipsis.

Actualmente, se está empleando la que se genera artificialmente para limpiar espacios hospitalarios como complemento a la desinfección. También para desinfectar autobuses y los vagones de metro en China y Estados Unidos, pero siempre cuando los vagones están vacíos. La maquinaria se acciona por control remoto o con trajes de protección porque suponen un riesgo para las personas. "Son necesarios más estudios sobre la exposición a la UV-C en condiciones normales, así como sobre la exposición a largo plazo y los efectos para la salud", subraya un informe de la Comisión Europea.

"Son necesarios más estudios sobre la exposición a la UV-C en condiciones normales", subraya un informe de la Comisión Europea

Las pequeñas lámparas que se ofrecen en el mercado son poco útiles y peligrosas, según explica Milagros Fernández de Lezeta. "Además, hay quien las ofrece para colgar en el techo porque, supuestamente, desinfectan toda la habitación. Pero no es así: la radiación incide de manera perpendicular, no se expande como un gas", indica la directora general de ANECPLA sobre un producto que, además, puede dañar ojos, piel o nuestro ADN, como indica un estudio de la Comisión Europea. La Organización Mundial de la Salud (OMS) insiste en que no deben ser usadas para esterilizar manos ni otras zonas de la piel, porque pueden causar irritación. "Espero que quien vende todos estos productos poco útiles lo haga por desconocimiento o ignorancia y no para hacer negocio", subraya Fernández de Lezeta.

Otro de los métodos que más se ha difundido son los filtros HEPA, los que usan los aviones para atrapar a la inmensa mayoría de bacterias, hongos y virus de un mínimo de 0,3 micras —a través de una densa malla de fibras— mientras hacen circular el aire de la cabina, que se renueva cada pocos minutos durante los vuelos. Es la defensa que han utilizado las aerolíneas ante las imágenes de los aviones sin distancia de seguridad entre personas que causaron alarma hace unas semanas. Sin embargo, la propia Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) ha dicho que los filtros "por sí solos no pueden garantizar la salud". Esos mismos filtros se ofrecen ahora en purificadores para el hogar que "pueden ser una ayuda para eliminar partículas de polen o de polvo en casas donde vivan personas con alergias o asma", dicen desde la OCU, pero no acaban con el coronavirus porque su tamaño es de 0,1 micras. "En casa no son necesarios. Es más útil abrir las ventanas unos minutos y airear la casa2, subrayan en la SESA.

Entonces, ¿cuáles son las mejores medidas para un establecimiento? "Básicamente, las que se dicen desde el principio", dice Isabel Marín, quien las enumera: distancia física y, por tanto, control de aforo en establecimientos; lavado de manos ("todos deberíamos llevar un gel en el bolsillo y usarlo mucho"); ventilación natural frecuente y uso de mascarillas. "Y si a la limpieza queremos unir desinfección, lejía diluida", añade Marín. Frente a grandes métodos desinfectantes, la ciencia dice que es más seguro realizar esos sencillos gestos que son de mayor utilidad y mucho menor riesgo para las personas. Precaución, higiene, ventilación, distancia y la desinfección rutinaria en casa. También cuestiones tan simples como usar mascarilla o lavarnos las manos con frecuencia con gel hidroalcohólico o agua y jabón, como indica la OMS. Lo más sencillo es lo más útil mientras el virus siga ahí.

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