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MANIFIESTO OPINIÓN i

Paciente Europa

Manifiesto dirigido a los presidentes del Parlamento Europeo, del Consejo Europeo y de la Comisión Europea

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel; el del Parlamento, David Sassoli, y la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen.
El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel; el del Parlamento, David Sassoli, y la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. AFP

La magnitud de la crisis asociada a la Covid-19 significa que las soluciones adoptadas para combatirla determinarán el futuro de la democracia liberal, la economía y la integración europea.

Es por eso que les instamos a asumir la responsabilidad política y tomar la iniciativa. Esto faltó en 2008 durante la crisis financiera más reciente; hoy, todavía estamos sufriendo las consecuencias de este error.

Les pedimos que asignen recursos financieros para garantizar que los trabajadores tengan una posibilidad real de mantenerse durante la cuarentena y la crisis; que las empresas tengan la posibilidad de sobrevivir la crisis económica; subvenciones sustanciales de los servicios públicos, sobre todo la sanidad pública; investigación efectiva sobre medicamentos para la Covid-19 y la vacuna contra el SARS-CoV-2.

Hoy en día, debemos salvar no solo miles de europeos infectados con coronavirus. Los pacientes que corren el riesgo de morir también son los valores europeos, como el valor de la vida humana, de la democracia, de la solidaridad, de la comunidad, de la dignidad del trabajo y del empleado. Estos valores deben aparecer en términos prácticos, en las decisiones específicas que enfrentamos ahora. Europa debe demostrar que:

La vida de todas las personas, incluidos los ancianos, es un valor absoluto, no una carga para el presupuesto estatal o la economía. Considerando la muerte de una parte importante de la sociedad como un costo externo, el sacrificio consciente de la vida de las personas ante el altar de un rápido retorno al camino del crecimiento del PIB es bárbaro, y además económicamente ineficaz.

La introducción del sistema de pensiones universales fue un logro de la civilización en Europa: la legitimación estatal de la solidaridad de toda la sociedad hacia los ancianos. No dejemos solas a las personas que trabajaron para nuestro bienestar común toda su vida: merecen nuestra gratitud y tienen derecho a ser cuidados y a que sus vidas sean protegidas.

No hay mercado libre sin la libertad de sus participantes. Esta libertad es una ilusión en una situación de desequilibrio extremo. Esto sucede cuando los empleados se convierten en rehenes obligados a poner en peligro su salud y su vida para ganarse la vida. El sistema de libre intercambio de bienes y el espíritu empresarial se transforma en un régimen económico absoluto.

Por eso postulamos:

1. Apoyo incondicional para todos. Debe pagarse una renta básica universal durante al menos tres meses tanto a los trabajadores actuales como a los desempleados, directamente a sus cuentas bancarias. Recordemos que la burocracia es el enemigo de los más vulnerables. Si obtener apoyo financiero depende de procedimientos largos y complicados, no llegará a tiempo a aquellos que acaban de enfrentar el peligro de caer en una espiral de deuda y pobreza. No tenemos tiempo para la verificación de ingresos; esto es estándar en la política del mercado laboral, pero en tiempos de paz, no de guerra. La verificación adecuada que permita gravar de forma correcta los ingresos adicionales pagados como parte de la renta básica debe realizarse al final del año fiscal.

La economía no puede esperar el impulso de la demanda y el apoyo al consumo. Mientras tanto, necesitamos comprar urgentemente el tiempo imprescindible para mantener la cuarentena necesaria. No podemos esperar hasta que el dinero transferido a los grandes jugadores en forma de rescates comience a gotear en el mercado a los consumidores y ciudadanos. Este reclamo no era válido en tiempos de paz, y aún menos funcionará en tiempos de emergencia o de guerra. No podemos obligar irresponsablemente a los empleados sin estabilidad financiera a abandonar la cuarentena necesaria. Por eso necesitamos una transferencia financiera inmediata, directa y universal de la Unión Europea a sus ciudadanos, financiada directamente del presupuesto de la Unión, y la emisión de dinero por parte del Banco Central Europeo.

2. Apoyo a las empresas para mantener puestos de trabajo y socialización de las ganancias. Es necesario garantizar que las empresas europeas, en particular las pequeñas y medianas empresas, mantengan su potencial de producción y un entorno económico estable a través de inyecciones de liquidez, así como la suspensión de sus obligaciones fiscales. La política monetaria debe ir de la mano de la fiscal: la crisis previa en la Unión duró tanto y fue tan severa para los más pobres porque los gobiernos temían admitir que la flexibilización cuantitativa no se tradujo en crecimiento económico. Es por eso que pedimos apoyo directo para financiar las medidas anticrisis de los presupuestos nacionales por parte del Banco Europeo de Inversiones y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. La ventaja de Europa sobre los sistemas autoritarios debe ser la fortaleza de sus instituciones y su capacidad para responder a las crisis.

Al mismo tiempo debería cambiar la estructura de propiedad de las empresas apoyadas claves. Los recursos destinados a salvar empleos deberían servir a los empleados, no a los consejos asesores de las empresas y a los mercados financieros. La consecuencia de la crisis no puede ser más aumento de la desigualdad y una ola de privatización de los servicios públicos. Europa debería salvar empleos, no ganancias de consejos. Por lo tanto, el apoyo empresarial debe estar vinculado a la responsabilidad y protección de los contribuyentes europeos. Postulamos que la ayuda pública para las corporaciones tome la forma de recapitalización europea, y que el Banco Central Europeo se haga cargo de las acciones de las empresas apoyadas. Esta solución, conocida por ejemplo por la crisis financiera de 2008, garantizará el control de la nómina y de los dividendos, así como la participación conjunta y solidaria de las sociedades europeas en las futuras ganancias corporativas.

3.Cofinanciación de servicios públicos a través de bonos europeos aplicables a toda la Unión. La crisis a la que nos enfrentamos es una crisis de salud pública. Nos muestra que la sociedad es tan segura y saludable como lo son sus miembros más vulnerables. Por eso las sociedades y las economías no pueden permitirse la falta de acceso a una asistencia sanitaria universal de alta calidad. Es la respuesta incorrecta a la crisis financiera de 2008, la degradación de los servicios públicos en nombre de una supuesta racionalidad económica, lo que ahora genera gastos adicionales y dificulta la lucha efectiva contra la pandemia.

Hoy, la Unión Europea, liberando a través de unos bonos europeos apropiados para toda la Unión los recursos financieros adicionales para los estados-nación que permitan un aumento radical en el gasto en atención médica, especialmente en los países más gravemente afectados por la pandemia, mostraría que la salud y la vida de los ciudadanos europeos es una prioridad y a los estados-nación que la solidaridad europea es una realidad, no una fantasmagoría. También permitiría una movilización controlada de los recursos de producción en Europa hacia el objetivo común de la salud pública.

4. Investigación comunitaria sobre los medicamentos y la vacuna. Debe financiarse con fondos públicos europeos la investigación sobre medicamentos para la Covid-19 y la búsqueda de la vacuna contra el virus SARS-CoV-2 deben financiarse con fondos públicos europeos. Las vacunas y medicamentos descubiertos gracias a estos fondos deben ser libres de patentes, de acuerdo con los principios de solidaridad universal.

La Europa unida surgió como una respuesta a la devastación espiritual y material de la Segunda Guerra Mundial, llegando a las raíces de la crisis y del desempleo de la década de 1930. Esta crisis es un momento de elección: puede llevarnos al colapso de la Unión y a la fluctuación entre el caos y el autoritarismo. Sin embargo, puede convertirse en una oportunidad para renovar el acuerdo social que conecta a Europa y sus ciudadanos, una oportunidad para cambiar el modelo de gestión a uno más solidario y más sostenible.

Es ilusorio creer que los países europeos en una situación económica más difícil vencerán solos una pandemia. Si queremos superar la pandemia y alejarnos de la inminente grave crisis económica, para proteger a Europa de caer en el caos durante largas décadas, debemos actuar de acuerdo con el principio: United we stand, divided we fall.

Nuestra carta está dirigida a quienes administran las instituciones de la Unión Europea; El presidente del Consejo, la presidenta de la Comisión Europea y el presidente del Parlamento Europeo y a los miembros de todas las facciones del Parlamento Europeo. Representamos varios ambientes ideológicos. Estamos convencidos de que hoy, los liberales que reconocen el valor de cada individuo, los conservadores que creen en la solidaridad intergeneracional y la izquierda que pide respeto por la dignidad del trabajo, tienen que actuar juntos.

En este momento, no hay una división entre liberales, izquierdistas y conservadores. Se establece una línea de demarcación entre aquellos que están apegados a la idea de ganancias a corto plazo y están dispuestos a sacrificar a sus conciudadanos en nombre de la supuesta protección del PIB, y aquellos que no están de acuerdo con esa lógica.

Firman este manifiesto, entre otros: Olga Tokarczuk, Premio Nobel de Literatura 2019; Carlo Ginzburg, historiador; Agnieszka Holland, directora de cine; Fernando Savater, filósofo; Mieke Bal, teórica y crítica de cultura; Ulrike Beate Guérot, politóloga; ladislas Dowbor, economista; y Luigino Bruni, economista.

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