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La pasarela rinde homenaje al desaparecido Andrés Sardá

La segunda jornada de Mercedes-Benz Fashion Week Madrid transcurre con contadas alusiones a la sostenibilidad y sin grandes riesgos creativos

Semana de la moda Madrid
Judit Mascó, Verónica Blume, Vanesa Lorenzo y Martina Klein cierran, junto a Nuria Sardá, el desfile de Andrés Sardá. CORDON PRESS

Vanesa Lorenzo, Judit Mascó, Verónica Blume y Martina Klein. Cuatro de las supermodelos españolas más icónicas de todos los tiempos se reunieron en la pasarela madrileña para rendir tributo al desaparecido creador Andrés Sardá, que falleció el pasado mes de septiembre a los 90 años. Su irrupción fue precedida de un minuto de silencio en memoria del diseñador, uno de los pioneros en reivindicar en España la ropa interior como moda.

Su hija, Nuria Sardá, que ya le había tomado el relevo en 2008, quiso rendirle tributo recopilando las prendas más icónicas diseñadas por su padre, de los arriesgados bañadores ochenteros a las imágenes disparadas por el fotógrafo David Hamilton para la marca. Así mezcló como si tal cosa mantilla con tanga, una combinación que a buen seguro habría escandalizado a la sociedad española de 1962, año en el nació la etiqueta. “Mi abuelo se dedicaba a fabricar mantillas [hasta Jackie Kennedy se puso una] y, cuando cayeron en desuso, a mi padre se le ocurrió utilizar ese encaje para hacer lencería”, recordó la diseñadora a este periódico en el backstage.

Horas antes, la jornada de desfiles —la primera de la edición dentro de Ifema— quedaba inaugurada con la propuesta del gallego Roberto Diz. El diseñador, uno de los favoritos de la aristocracia sevillana e imprescindible en bautizos, bodas y comuniones de altos vueltos, se inspiró precisamente en el Concorde, los secretos de las cajas negras y el tráfico aéreo masivo. Además de referencias explícitas como forros polares que recordaban a las mantas que reparten —con suerte— en algunos aviones, Diz volvió corroborar que el negro es su color fetiche. Los larguísimos pendientes de sus modelos, fabricados por Benjamín Bulnes a partir de desechos, coincidieron en cuanto al gigantismo de sus proporciones con sus bolsos, haciendo un guiño a dos de las tendencias más recurrentes en las pasarelas internacionales. Lo más anacrónico de la propuesta recayó en los zapatos, a cargo de Vicente Rey, que resultaron demasiado altos e imposibles incluso para las modelos, dificultando sobremanera su devenir a lo largo de la pasarela.

Devota y Lomba, compartiendo inquietud por el impacto humano en el planeta no solo con Diz, sino con el grueso de los diseñadores que participan en la edición, inspiró su propuesta en El Paseo, una obra del pintor francés Marc Chagall. A través de una paleta cromática muy cercana a la del cuadro —esto es, verdes, violetas y rojos—, Modesto Lomba apeló a “frenar el consumo desmedido y a luchar contra la extinción de especies y bosques”. La propia organización de la MBFWM quiso visibilizar, tímidamente, su compromiso con el cambio climático. Los azafatos lucieron sudaderas de Ecoalf en las que podría leerse “Because there is no Planet B” (“porque no hay planeta B”) y zapatos con suela de piñatex (tejido de piña). A la prensa se le repartieron las clásicas bolsas de tela con el logo del evento y los de sus patrocinadores, que en esta ocasión, cambiaron el algodón por material PET reciclado a partir de botellas de plástico.

Ágatha Ruiz de la Prada cierra su desfile junto a Alejandra Rubio y Mila Ximénez.
Ágatha Ruiz de la Prada cierra su desfile junto a Alejandra Rubio y Mila Ximénez. GTRESONLINE

Antes de que Pedro del Hierro pusiera el broche a la segunda jornada presentando una de sus colecciones más oscuras hasta la fecha en la Galería de Cristal del Palacio de Cibeles, el calendario terminaba con el clásico generador de titulares que es Ágatha Ruíz de la Prada. De nuevo un minuto de silencio precedía el show, en esta ocasión en honor a una de las ayudantes de su taller, fallecida hace unos días.

A los clásicos y coloristas diseños de la marca se sumaron esta vez un buen surtido de caftanes. “El objetivo es acercar el universo Ágatha a todo el mundo”, afirmó Cósima Ramírez, hija de la diseñadora y colaboradora en el diseño de la firma. Para demostrarlo subió a la pasarela no solo a la televisiva Mila Ximénez (67 años), famosa por su participación en Sálvame o Gran Hermano Vip, sino también a Alejandra Rubio (19), hija de Terelu Campos. De fondo, el grupo leonés Café Quijano creó una versión ad hoc para la ocasión de su tema Mina, rebautizado como Mila.

La explosión de colores, materiales y siluetas característica del universo Ágatha contrastó con la sobriedad de Pedro del Hierro. “No solemos usar el negro, pero esta vez nos apetecía hacer algo oscuro”, detalló a este diario Nacho Aguayo, al frente de la división femenina de la marca. La colección evolucionó desde una línea de sastrería con raya diplomática más comercial a un conjunto de prendas festivas repleto de minifaldas y guiños discotequeros acompañados por la propia iluminación. “Como siempre, hemos apostado por un casting demodelos muy diverso. Para nosotros es importante subir a la pasarela a mujeres de 20, de 40 y de 60, que tengan distintas alturas y hechuras”.

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