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El director gallego nominado a cuatro Goyas que se hizo bombero forestal para poder rodar su película

Ahora que su trabajo 'Lo que arde' aspira a los máximos galardones de los premios del cine español, Oliver Laxe sopesa la retirada para hacer de Jesucristo

Oliver Laxe
Oliver Laxe ensaya para hacer de Jesucristo en el teatro. Así quer la pose mesiánica le sale de serie. Lo confirma en esta foto para ICON.

Oliver Laxe, la nueva sensación del cine español tras calentar el corazón de la crítica con Lo que arde (película nominada a los próximos Goya a mejor película, mejor dirección, mejor actriz revelación y mejor dirección de fotografía), rodada en la aldea gallega de sus abuelos, nació en París, donde habían emigrado sus padres. “Me acuerdo que nuestro edificio en el distrito XVI estaba lleno de modistos que trabajaban para Chanel. Mi hermano y yo éramos colegas suyos, nos pedían que les ayudáramos a subir la ropa y nos daban monedas de todos los países. Mi madre limpiaba en alguna de esas casas”, recuerda. Al llegar el verano, la familia cogía el coche y recorría más de mil kilómetros para regresar a Os Ancares (Lugo), donde no había ni carretera para bajar al pueblo. “¡Imagínate el cambio! He visto a mi abuela paseando con un cesto en equilibrio sobre la cabeza y he olido el pan hecho en casa. Tengo 37 años y he tocado la Edad Media”.

“En Francia éramos españoles. Y en el barrio obrero de A Coruña donde nos asentamos, éramos 'los franceses'. Eso de no ser de ningún lado me hizo artista e inadaptado”

Cuando Oliver tenía siete años volvieron a Galicia. “En Francia éramos españoles. Y en el barrio obrero de A Coruña donde nos asentamos, éramos los franceses. Eso de no ser de ningún lado me hizo artista e inadaptado”. Estudió cine en Barcelona y se marchó de Erasmus a Londres, donde tocó fondo. “En esta sociedad sin referentes espirituales, el arte es lo que te hace contactar con tu alma. En Londres me vi falto de referentes y me asusté. Quise saborear la eternidad y tuve la intuición de que debía ir a Marruecos”.

Adquirió su primera cámara de 16 mm trabajando de modelo y con 24 años se compró un billete a Marruecos, donde se quedó 12. “Había conocido a unos poetas de allí y me fui a vivir a su casa en Tánger. Durante año y medio trabajé con niños en exclusión social y pensé que tenía que hacer una película con ellos”. Así filmó en 2009 su primer largometraje, Todos vosotros sois capitanes. “Fue la única cinta española seleccionada en el Festival de Cannes de 2010 y ganamos el premio FIPRESCI en la Quincena de Realizadores”, recuerda. Su nombre se oía por primera vez. “Había asumido que iba a ser un outsider, un francotirador que haría pelis de forma precaria en África. Me había ido a vivir a un palmeral en el sur de Marruecos, al lado del desierto”.

Tráiler de 'Lo que arde'.

Tras su paso por Cannes pensó que sería fácil buscar financiación para Mimosas, la siguiente cinta que rodó en Marruecos. Tardó seis años. Pero con ella ganó el Gran Premio de la Semana de la Crítica de Cannes y The New Yorker la colocó entre las 35 mejores de 2017. “Después de Mimosas quise hacer una película más ligera, llegar a una sencillez que albergara la complejidad”. Volvió a la tierra de sus veranos. Y rodó con actores no profesionales O que arde, la historia de un soltero que regresa al pueblo con su madre tras haber cumplido condena por pirómano.

“Tenía muchas ganas de filmar el fuego por sus cualidades políticas y poéticas. Para lograrlo, varios de los que trabajamos en la peli nos hicimos bomberos forestales”. Y se metió dentro de las llamas de los incendios de Galicia y de las entrañas del pueblo de sus ancestros intentando apagarlas. Este año llevó el resultado a Cannes y ganó el Premio del Jurado en la sección Una cierta mirada.

Laxe ahora quiere parar. “Voy a dejar de lado mi carrera cinematográfica porque no necesito el bastoncito del arte para vivir”, afirma. Ha logrado financiación europea para rehabilitar la casa abandonada de su familia y hacer de ella un centro cultural que inaugurará a finales de 2020. Además, en diciembre comienza los ensayos de Padre, obra de teatro de Angélica Liddell en la que hará el papel de Jesucristo. “Me contactó porque había visto Mimosas y se identificaba con lo que yo contaba. Ella es Santa Teresa de Jesús en el siglo XXI. Angélica cultiva más el exceso y yo estoy en una búsqueda de control, pero compartimos cicatriz y gemido. Me apetece morirme en sus manos, que haga de mí lo que quiera”. El cine puede esperar.

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