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Una joven matemática refuta una conjetura establecida hace 30 años

El premio de investigación Vicent Caselles reconoce a Marithania Silvero por el hallazgo de un nudo que rebate una teoría del científico Louis Kauffman

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La matemática Marithania Silvero, en la Universidad de Sevilla.

Marithania Silvero aún no había nacido cuando Louis Kauffman (Nueva York, 1945) planteó en 1983 la conjetura que establecía que dos familias de nudos matemáticos eran equivalentes. Silvero nació en Huelva en 1989, cuando la comunidad científica había aceptado la teoría del matemático norteamericano. En 2015, tres décadas después de que Kauffman planteara su conjetura y poco antes de un encuentro programado entre ambos científicos, Marithania Silvero refutó la teoría del maestro. El matemático no solo avaló la solución hallada por la onubense sino que ambos se han convertido en estrechos colaboradores. Su hallazgo ha sido reconocido con el premio de investigación Vicent Caselles, otorgado por la Real Sociedad Matemática Española y la Fundación BBVA.

A Silvero le gustan los desafíos desde niña. Su mejor pasatiempo eran los problemas y creció entusiasmada con el mundo de las matemáticas, ciencia en la que actualmente investiga y de la que es profesora en la Universidad de Huelva tras haber trabajado en otros centros de investigación de España, Polonia y Estados Unidos.

Un nudo de ocho cruzamientos.
Un nudo de ocho cruzamientos.

Su investigación se enmarca en la topología y, más concretamente, en la teoría de nudos, que la científica simplifica para hacerlo comprensible a partir de una cuerda con los extremos pegados. Los matemáticos estudian las transformaciones que pueden hacerse a esa cuerda, estirándola y cambiando su forma, pero sin cortarla. De estas transformaciones surgen propiedades y, atendiendo a distintas características, los nudos se agrupan en familias.

Louis Kauffman estableció en 1983 que dos de estas familias, la de nudos alternativos y la de pseudoalternantes, eran equivalentes. Hasta que Silvero comenzó su tesis, dirigida por los profesores Juan González-Meneses y Pedro González, y defendida en el Instituto de Matemáticas de la Universidad de Sevilla, al que pertenece como colaboradora. Marithania construyó un nudo pseudoalternante y, recurriendo al polinomio de Conway, descubrió que este nudo no podía ser alternativo, refutando así la conjetura de Kauffman.

Apasionada de la investigación pura, defiende la relevancia de la ciencia básica. “Los matemáticos estudiamos los nudos porque podemos definirlos y analizarlos para conocer sus propiedades”, explica. La Teoría de Nudos tiene su origen, según explica la investigadora, en el intento de William Thomson, el físico y matemático conocido como Lord Kelvin, de clasificar los átomos según las trayectorias que describían las partículas que los forman. Aunque su teoría resultó no ser válida, la clasificación de nudos quedó como un problema matemático y surgió la rama de la teoría de nudos, que tiene aplicaciones en la química, la biología, la física y otras disciplinas.

Me gusta la investigación pura, la ciencia básica, que es la que se encarga de ampliar los límites del conocimiento. Si después mis resultados pueden ayudar a científicos de otros campos a resolver sus problemas, yo me alegraré, pero ese no es mi objetivo

Pero Marithania no se centra en las aplicaciones de los resultados, sino en los cimientos que después las hacen posibles. “Me gusta la investigación pura, la ciencia básica, que es la que se encarga de ampliar los límites del conocimiento. Si después mis resultados pueden ayudar a científicos de otros campos a resolver sus problemas, yo me alegraré, pero ese no es mi objetivo”, afirma, aunque reconoce que esta parte, fundamental para establecer las bases de posteriores investigaciones, es menos visible.

Silvero refutó la conjetura de Kauffman con un contraejemplo, algo que es ella en el mundo de la ciencia española si se tiene en cuenta que el último informe PISA nos suspende en matemáticas. Ella atribuye su trayectoria al apoyo constante que encontró en su familia, profesores y amigos. Por eso defiende la importancia de la docencia, de que los maestros amen la materia que imparten y transmitan ese sentimiento a los alumnos. “Creo que una de las causas de los resultados de PISA podría ser el hecho de que, en los institutos, las matemáticas no estén siendo enseñadas por matemáticos. Profesionales de otros campos pueden tener los conocimientos, pero es muy difícil que puedan despertar y transmitir un interés y una pasión por las matemáticas que ellos mismos no tienen”.

También se siente afortunada al no haber encontrado los obstáculos que limitan el acceso de las mujeres a las carreras de ciencias. Sus estancias en el extranjero, su dedicación a la investigación y su carrera han contado siempre con el respaldo de su familia y profesores. “No he sentido un trato diferente al de mis compañeros, pero sí es verdad que conozco a compañeras que han tenido otras experiencias”, resume para admitir que su mundo no es ajeno a los prejuicios comunes en la sociedad. “Cuando digo que soy matemática, a veces me dicen: ‘No lo pareces’. Entonces yo les pregunto, ¿qué aspecto tiene una matemática?”, lamenta ante la persistencia de estereotipos e ideas preconcebidas.

Silvero también admite la ausencia de modelos actuales que orienten a las jóvenes hacia el mundo de la ciencia. Cree que no valen figuras decimonónicas porque las niñas y adolescentes no se identifican con ellas. De hecho, reconoce que no tuvo un modelo claro al que seguir, que lo construyó a partir de las actitudes de aquellos que le transmitían la pasión por la ciencia a la que se ha dedicado. Y, para solventarlo, participará en el próximo encuentro de la asociación internacional Greenlight For Girls (G4G) para promover las carreras científicas entre las escolares.

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