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OPINIÓN i

Ni un grado más, ni una especie menos

Extinction Rebellion es un movimiento que va más allá de política y se centra en cómo afrontar la crisis climática. Esto es refrescante en un mundo lleno de ira, reproches y rabia

Un indígena participa en la Cumbre del Clima, este martes en Madrid.
Un indígena participa en la Cumbre del Clima, este martes en Madrid. EFE

La aparición de un movimiento de masas como Extinction Rebellion (XR) es una señal alentadora de que todavía puede haber tiempo y entusiasmo para solucionar muchos problemas. La articulación de su protesta en torno a una hermosa, artística y pública celebración de la vida, ha cautivado la imaginación de seres humanos en más de 75 países del mundo. La enorme aportación de energía y pasión al tradicional movimiento social, brinda mucha esperanza de que al final puedan cambiar las cosas, sobre todo al ver tanta gente, diversa y tan relevante, dispuesta a tomar medidas drásticas sin estar encasillados por las ideologías tradicionales y las fracturas sociales de siempre.

El movimiento va más allá de política, y se centra en cómo afrontar la crisis climática y ecológica en conjunto. Esto es refrescante en un mundo lleno de ira, reproches y rabia. A Extinction Rebellion, le mueve el amor y la furia. No culpa ni señala a individuos y prefiere dejar que las soluciones específicas y su implementación las dirija su tercera demanda, las asambleas ciudadanas, modelo de inclusividad transversal, con el cual propone desatascar la crisis democrática que afecta a mundo entero, como fue el caso en Irlanda y en Polonia.

Nuestro hogar lleva en llamas mucho tiempo, con temperaturas crecientes en todo el mundo. 2019 podría convertirse en el año más cálido registrado hasta ahora, derritiendo sin piedad el hielo en los polos, aumentando cada vez más rápidamente el nivel del mar. Todo esto al son de episodios meteorológicos extremos más y más frecuentes, como huracanes y tornados donde no los había, inundaciones o sequías, mientras aumenta la concentración paulatina de dióxido de carbono en la atmósfera hasta llegar a máximos jamás registrados.

Pensemos por ejemplo en la catástrofe ecológica del mar Menor, la mayor laguna salada de Europa, que ya ha desembocado en el colapso del mismo

Mientras tanto se experimentan enormes pérdidas de biodiversidad, la sexta extinción, enormes incendios en el Amazonas, entre otros bosques tropicales, consentidos y apoyados por los diferentes países de las zonas colindantes, acompañados por deforestación consentida. Son cambios que ya se notan y de los cuales no si escapa ningún rincón de nuestro planeta, con impactos directos sobre todos los países y sobre todas las clases sociales.

En España también. Pensemos por ejemplo en la catástrofe ecológica del mar Menor, la mayor laguna salada de Europa, que ya ha desembocado en el colapso del mismo. Este ecosistema espectacular se ha dejado destruir primero por la urbanización masiva y luego por la agricultura intensiva sin control, con invasión del dominio público marítimo y terrestre. Pero sobre todo por la falta de control de vigilancia, de evaluación de políticas, de falta de enfoque científico en la gestión de todas las administraciones implicadas durante decenios y por la codicia de unos pocos sectores que ha llevado a su colapso. Ahora costará mucho más regenerarlo de lo que hubiera costado una gestión inteligente. Un patrón que se verá replicado, una y otra vez, en todo el mundo si no se empiezan a tomar acciones inmediatas y se implementan las medidas que se necesitan con urgencia.

Otro tema que azota todos los años globalmente, y en España, son los incendios forestales que  afectan a enormes superficies con importantes impactos ecológicos, económicos y sociales. Este año, la cifra asciende a 80.000 hectáreas. En un territorio tan frágil como una isla, con graves problemas de agua, en Gran Canaria ardieron más de 10.000 hectáreas, la mayoría en zonas protegidas. España es el segundo país más afectado de todo el Mediterráneo, pero a la vez ampliamos sin control las plantaciones de eucaliptos y otros cultivos forestales mientras gastamos muy poco en prevención y planificación. Así, año tras año, contribuimos a la preparación del gran incendio que, dentro un escenario de crisis climática, será cada vez más probable.

El tema de la depuración de las aguas sigue sin solucionarse incluso en las zonas más turísticas donde parece que se deberían cuidar uno de los sectores claves de la economía. Estas estructuras faltan en las zonas más sensibles ecológicamente. O se siguen realizando regadíos, incluso ilegales, en zonas ya sobreexplotadas o con alta contaminación de nitratos. El glifosato y otros pesticidas siguen sin prohibirse a pesar de saber sus efectos extremamente nocivos.

El transporte sigue siendo insostenible y sigue aumentando sus emisiones, apoyándonos casi totalmente en el vehículo privado y en los camiones para mercancías. Somos los últimos de toda Europa en el transporte de bienes por ferrocarril. Para los viajeros, seguimos apoyándonos en el carísimo AVE, que deja enormes zonas sin servicios, mientras falta una red convencional que llegue a todo el país de manera inclusiva y digna, como es el caso de Extremadura o Teruel.

Las soluciones siguen sin llegar, por ejemplo, respecto a los tejados solares: en Alemania hay 1,5 millones de instalaciones solares fotovoltaicas en las casas y en Inglaterra 800.000. En España no hay ni 5.000. Y mientras, condenamos enormes superficies agrícolas, para las mayores centrales solares de Europa no incentivamos que los ciudadanos puedan poner en sus tejados solares y puedan pagar menos por su energía que es una de las más caras de Europa en uno de sus países más luminosos.

Otro tema que azota todos los años son los incendios forestales que afectan a enormes superficies con importantes impactos ecológicos, económicos y sociales. Este año, la cifra asciende a 80.000 hectáreas en España

La biodiversidad no cobra la importancia que requiere. Aunque existe una amplia red de espacios protegidos, sigue sin realizarse una gran malla o grandes corredores que la protejan. Y aunque el oso y el lince estén en una situación algo mejor, el lobo sigue sin protegerse mientras el urogallo está en situación absolutamente critica.

En muchas ciudades el aire sigue siendo bastante deficiente y sigue afectando a la salud de las personas, no tenemos anillos forestales alrededor de las mismas. Y la economía dista mucho de ser circular con importantes corrientes de residuos todavía sin reciclar y con el problema de las bolsas de plástico, y el plástico en general, que sigue llegando a nuestros océanos y ecosistemas. Todo esto en una zona especialmente vulnerable donde ya han subido las temperaturas y donde las sequías, los temporales y las inundaciones serán cada vez más frecuentes.

De seguir por la senda que insistimos recorrer, el futuro de la vida y nuestra propia especie se adentra cada vez más en una emergencia mundial sin precedentes, de la cual la salida es cada vez más difícil. Estamos en una situación de vida o muerte enteramente producto de la actividad humana de las últimas décadas. Debemos actuar ahora. Debemos imaginar un futuro en el que todos seamos liberados de las causas profundas de la crisis climática y ecológica, y aboguemos por un mundo más respetuoso con la vida y con nosotros mismos.

Tenemos muy poco tiempo para actuar. Actuemos. Según el último informe IPCC tan solo 11 años. Restauremos la antigua abundancia del país. Cuidemos el agua y los recursos. Protejamos nuestros bosques, que no ardan por un lado mientras hablamos de plantar por el otro. Limpiemos y planifiquemos nuestras ciudades. Incluyamos naturaleza en las mismas. Depuremos y conservemos el agua. Prohibamos pesticidas. Protejámonos de las inundaciones. Demos un paso atrás en la costa. Adaptémonos y mitiguemos los estragos de la crisis climática y ecológica. Apliquemos soluciones basadas en la naturaleza. Solucionemos la desigualdad. Solo así conseguiremos no subir las temperaturas medio grado más para detener la sexta extinción masiva. No podemos perder un día más en la lucha para que no haya una especie menos.

Nicolás Eliades pertenece a Extinction Rebellion y Fernando Prieto al Observatorio Sostenibilidad.

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