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Cuatro décadas de clásicos españoles, a análisis: las 100 mejores canciones de Loquillo

Pocos músicos de aquí pueden presumir de un cancionero tan abultado como el suyo y pocos medios se atreven a ordenarlos. Con motivo de la publicación de su nuevo disco, 'El último clásico', lo hemos hecho

las mejores canciones de loquillo
Algunas de las portadas de los elepés y sencillos de Loquillo que aparecen en nuestro ránquin.

José María Sanz Loquillo (Barcelona, 1960) publica nuevo disco, El último clásico, y tres de sus temas se han hecho un hueco en nuestra lista de sus 100 mejores canciones. Pocos músicos españoles pueden presumir de un cancionero de estudio tan abultado como el suyo, que ronda ya las 250 canciones publicadas. Hemos seleccionado 100 de ellas, las mejores a criterio del redactor, con la esperanza de que algunos descubran que Loquillo es mucho más que Cadillac solitario; e incluso, que el propio Loco redescubra algunas de estas joyas y se anime a recuperarlas en el repertorio de su próxima gira.

La selección se puede leer de la 100 a la 1.

100. 'Canción de despedida', de La nave de los locos (2012)

El alegre corte que cierra (solo en su versión en CD, no así en el vinilo) el álbum La nave de los locos parece más del estilo pop-folk de Mikel Erentxun, que lo canta a duo con Loquillo, que de este último. Pero siempre es agradable ver al Loco quitarse el corsé del rock y cantar en un estilo más relajado. El título sería profético para el productor habitual de Loquillo desde 2000, Jaime Stinus, que dejaría de trabajar con él en estudio después de esta grabación.

99. 'Hotel Palafox', de Balmoral (2008)

Hablando de cantar, tal vez sea Balmoral el más afinado de los discos de Loquillo; en el sentido literal, el de afinar (nunca una prioridad para El Loco). Su cadencia y fraseo en Hotel Palafox le aproximan a Nacho Vegas. El órgano y las cuerdas ayudan a perfilar el sabor decadente de ese hotel (reducto de hermosos y malditos en la imaginación de Loquillo) del que habla la letra.

98. 'Balmoral', de Balmoral (2008)

Hermana de la anterior en forma y fondo, pero reemplazando el hotel por la desaparecida coctelería Balmoral. Como canción de apertura del álbum, Balmoral es toda una declaración de intenciones: la era de los Trogloditas (una vez defenestrada la marca en el verano de 2007) ha quedado atrás. El universo personal de Loquillo copa un elepé de sólida coherencia temática. Balmoral, álbum y canción, huelen un poco a naftalina, pero de forma entrañable, como olía el armario ropero de tus abuelos.

97. 'Johnny et Sylvie', de Arte y ensayo (2004)

No es que Loquillo no diera señales de lo que estaba por venir, porque Johnny et Sylvie, la última canción del último álbum de estudio con Los Trogloditas, está tendiendo un puente estilístico y temático con Balmoral. Celebración del amor entre Sylvie Vartan y Johnny Hallyday (icónica pareja entre 1965 y 1980), y también del que el fetichista Loquillo siente por ambos, el dulce tema le da la estocada a más de dos décadas trogloditas.

96. 'Charnego (A la manera de Gato)', de Feo, fuerte y formal (2001)

Los Trogloditas más rumbosos desde La mataré ponen colchón sonoro al extraño vibrato (no sabemos si tratando de evocar a Serrat) de un Loquillo bilingüe, alternando por primera vez catalán y castellano en la misma canción. Bonita reivindicación del mestizaje mediterráneo: “Como gato callejero, un mil leches, un charnego, que entra per la porta sense preguntar...”.

95. 'Por amor', de Cuero español (2000)

Sonido americano (el espantoso vídeo mostraba a una veintena de avergonzados figurantes intentando un simulacro de baile honky-tonk) para una canción simplemente correcta, de relleno en la cara B de su disco y sobredimensionada por los directos, que destaca por una frase muy sincera: “No será fácil viajar a mi lado, dejo huella y cadáveres a mi paso”. Muchos podrían dar fe.

94. 'Va por la ciudad', del programa La bola de cristal (1984)

Inicialmente grabado por Los Trogloditas para el mítico programa La bola de cristal y, como todo corte de sonido rockabilly en la carrera de Loquillo, regrabado después por Nu Niles en el proyecto Código rocker (2015). Sugerente tema que transmite nocturnidad y alevosía, y parece anticipar el argumento de Death Proof, de Quentin Tarantino.

93. 'El fantasma de Elvis', de Mis problemas con las mujeres (1987)

Bueno, para ser justos, aquí hay un tema rockabilly que escapó al revisionismo del disco Código rocker, aunque la producción ochentera del álbum al que pertenece no le haga demasiada justicia. Divertido juego a costa del mito eterno de Elvis, que por entonces llevaba solo diez años muerto y aún era carne de teorías conspiranoicas. Los simpáticos coros y los agradecidos metales añaden exuberancia al resultado final.

92. 'Rosas cortadas', de Hombres (1991)

Tras la marcha de Sabino Méndez, Loquillo se pone las pilas como letrista. Rosas cortadas es una metáfora algo ingenua, pero eficiente, sobre gente a la que no se le permite crecer hasta alcanzar todo su potencial. No era el caso de Los Trogloditas de aquel tiempo: en la cima de su éxito, apostaron por la sobreproducción (si no eres Bruce Springsteen, mejor no meter armónica y saxo en la misma canción) y Loquillo, en concreto, por cantar más con la garganta que con los pulmones. Sin toda esa impostura, Rosas cortadas sería una canción mucho mejor.

91. 'Besos robados', de Morir en primavera (1988)

Los Trogloditas jugando a ser los Stones de la era Let it bleed en su disco mejor arreglado de los 80. La letra no es ninguna cima de la carrera de Sabino Méndez, pero es un tema perfecto para las madrugadas de cualquier bar de rock español serio que esté dispuesto a ir más allá de So payaso, de Extremoduro, o de Maldito duende, de Héroes. Un innecesario reprise en formato country (de apenas un minuto) cierra el disco Morir en primavera.

90. 'El resucitado', de El último clásico (2019)

En ocasiones, a músicos consagrados les divierte coger el lápiz para escribir una canción “de Loquillo”, con todas las servidumbres que conlleva; otras, las menos, es el Loco el que claudica y pone voz a una canción que parece más de su autor que de su intérprete. Ocurrió con El mago Merlín, del disco Cuero español, que no ocultaba que era el enésimo descarte del entonces inagotable Calamaro; y ocurre con esta El resucitado, escrita por Santi Balmes, que con sus cuerdas y metales y su ritmo (disco) disparado no le haría torcer el morro a ningún fan de Love of Lesbian. Le deseamos suerte al Loco si planea interpretar su letra torrencial en los directos sin tirar de teleprompter.

89. 'En Dino's a las diez', de Morir en primavera (1988)

Metida casi con calzador en el disco Morir en primavera (la penúltima antes del cierre), es una traslación del universo del rat-pack a la Barcelona de los 80, en una celebración de lo viejuno tan propia de un Loquillo por aquel entonces aún en la veintena. La pianola y el violín se esfuerzan (con bastante tino) por trasladarnos a los tiempos del ragtime; su ausencia fue la causa de que el tema nunca acabara de funcionar en los directos.

88. 'Algún día moriremos', de Mis problemas con las mujeres (1987)

Una canción más optimista de lo que tiene derecho a ser tras repetir, durante cuatro estrofas, las distintas formas en las que todos moriremos, aunque se redima en la quinta estrofa afirmando: “Algún día no moriremos jamás”. Firmada por el guitarrista Ricard Puigdomenech en la época en la que Trogloditas trataban de escapar de la alargada sombra compositiva de Sabino Méndez. Entonces no sabían que les esperaba otra sombra aún más alta a la vuelta de la esquina, Loquillo.

87. 'Hoy he vuelto a beber', de Mientras respiremos (1993)

Más berreada que cantada, Loquillo se boicotea a sí mismo con esa voz impostada, que no deja volar una letra en la que se muestra sorprendentemente frágil: “Siento nostalgia de ese gris nubarrón, días de invierno entre los dos / No hay nada que hacer, hoy he vuelto a beber”. Con todo, el tema es una perla olvidada de ese cajón de sastre de disco que es Mientras respiremos.

86. 'El mundo necesita hombres objeto', de La nave de los locos (2012)

Cajón de sastre es también La nave de los locos, el primer disco de Loquillo compuesto en su integridad por canciones de Sabino Méndez (ni El ritmo del garaje posee tal honor), aunque para lograrlo recurra a descartes de todas las épocas. El tema apareció por primera vez en 1997 en un disco de Sabino, El día que murió Marcello Mastroianni, una prueba de que Sabino no hubiera llegado muy lejos como líder de banda y/o cantante. La producción de Jaime Stinus le saca punta a un tema eficaz, pero algo machacón que, por suerte, no se alarga mucho más allá de los tres minutos.

85. 'Cazadora de cuero', de Cuero español (2000)

A Loquillo y Stinus se les rompió el amor de tanto usarlo, pero en Cuero español, su primer trabajo juntos, están en plena luna de miel. Cazadora de cuero es una versión de un tema del olvidado grupo Farmacia de Guardia, propulsado por la enérgica batería de Enric Illa, sustituto en aquella época del troglodita Jordi Vila (según las versiones, de baja por rehabilitación, por encontronazos con el recién llegado Stinus, o por ambas cosas). A lo mejor, Loquillo ya era un poco mayor (40 años en 2000) para cantar lo de “mis viejos me miraban con cara de preocupación”, pero esta versión te carga las pilas para salir de marcha, eso seguro.

84. 'Las chicas del Roxy', de Feo, fuerte y formal (2001)

Los asturianos Babylon Chat se las prometían muy felices con la sinergia creada entre Los Trogloditas y ellos, sin saber que su cantante Igor Paskual acabaría emigrando a pastos más verdes en breve. Antes de convertirse en guitarrista de los Troglos, Paskual cofirmó con El Loco (y su pareja Susana Koska) este chute de glam-rock que se publicó simultáneamente en Feo, fuerte y formal y en Bailando con Brando, de los Babylon. La versión de Loquillo es la más afortunada de las dos, gracias en gran medida a la producción de Jaime Stinus y al alegre saxo espolvoreado sobre ella.

83. 'Antes de la lluvia', de Mujeres en pie de guerra (2004)

No acertó Stinus con el tratamiento sonoro de la voz de Loquillo (ni con ciertos arreglos) en este extraño disco, banda sonora de un documental de Susana Koska. Político de una forma nada sutil, en el álbum Mujeres en pie de guerra tiene, sin embargo, algunos chispazos de emoción genuina, y uno de ellos está dentro de Antes de la lluvia. Si fuera una película española de la Guerra Civil, sería una de las que quieres ver. Una canción perfecta para justificar tanto disco en directo de Loquillo, pues en ellos se crece respecto a su versión de estudio.

82. 'Hombres', de Hombres (1991)

Caricaturesca (sin pretenderlo) reafirmación de lo que tiene que ser todo hombre que se vista por los pies, Hombres es, pese a todo, un tema perfecto para cantar a voz y en grito, agarrando fuerte a tus colegas mientras resbalas en un suelo de cáscaras de pipas y te tiras por encima la cerveza. Vamos, perfecta para cuando tienes veinte años y te crees eso de “nos critican por delante, nos subastan por detrás, es la envidia de este mundo que nos quiere aniquilar”; antes de hacerte mayor y descubrir que el mundo no está contra ti, simplemente te ignora.

81. 'A golpes de corazón', de Hombres (1991)

Este tema se abre con esta afirmación: “Si para algunos ser joven pasa poco antes de ser mayor, para otros lo es todo”. ¿Un mensajito para Sabino Méndez en el primer trabajo de la banda sin él? Podría serlo. Hombres es el álbum más cargado de guitarras pesadas de Trogloditas, y la balada A golpes de corazón parece influida por el rock duro que triunfaba en la radiofórmula en 1991, con Guns N’Roses a la cabeza. Para bien o para mal, un reflejo de su tiempo.

80. 'La belle dame sans merci', de Balmoral (2008)

Un respetable intento del Loquillo letrista por ser más poético que narrativo, posiblemente inspirado por el poema del mismo título del irlandés John Keats, pues el retrato femenino que hacen ambos, onírico hasta rozar lo fantasmagórico, se parece bastante. Unas cuerdas juguetonas y los coros en el estribillo colaboran en el afortunado dibujo del arrobamiento que se siente al estar estúpidamente enamorado.

79. 'Political incorrectness', de Su nombre era el de todas las mujeres (2011)

Probablemente, Su nombre era el de todas las mujeres, el disco consagrado al poemario de Luis Alberto de Cuenca, es el más innecesario que ha grabado nunca Loquillo. La naftalina que resultaba agradable de aspirar en Balmoral aquí se atraganta a la segunda canción. Political incorrectness es, no obstante, un buen single que no lleva la provocación misógina conceptual del álbum tan lejos como, por ejemplo, la detestable Nuestra vecina; y le encaja como un guante a Loquillo, el personaje, en un formato musical que vale tanto para teatros como para conciertos de rock.

78. 'Memoria de jóvenes airados', de Balmoral (2008)

Uno de los pocos temas de este siglo de Loquillo que se han convertido en himnos de concierto, lo que resulta chocante, porque no es una pieza ligera al estilo de Feo, fuerte y formal. Igual es que a todo el mundo le gusta pensar que sigue siendo joven y airado, aunque no sea así. O que la primera persona del plural que protagoniza la canción transmita una confortable idea de fraternidad en la aventura de envejecer; si bien, tratándose de Loquillo, no es descartable que dicho plural sea mayestático.

77. 'Territorios libres', de Feo, fuerte y formal (2001)

“¡No servir, no gobernar, no retroceder ni un paso atrás!”, sentencia la letra de esta canción. ¿Una proclama ingenua? Sí, pero no más que la de Springsteen en No surrender, y en ambos casos el mensaje se ve propulsado por una música enérgica y optimista. En el estribillo, extrañamente, supedita dicha libertad al interés de una mujer soñada (“porque mi patria son sus caderas, sus labios rojos mi bandera”) que no ha tenido relevancia en el resto de la canción.

76. 'Viento del este', de Viento del este (2016)

El penúltimo disco de estudio publicado por Loquillo abusa del acordeón (sobre todo la inexplicable versión de Me olvidé de vivir, tema que en castellano le pertenece a Julio Iglesias y no a Johnny Hallyday, nos pongamos como nos pongamos), pero en Viento del este forma curiosa pareja de baile con el pedal steel, mientras la letra hace uso de toda metáfora metereológica posible para... vete a saber qué. Un tema festivo (los aplausos al final enfatizan su espíritu tabernero) de eficacia ya probada en directo.

75. 'Mientras respiremos', de Mientras respiremos (1993)

La letra no llega mucho más lejos que la promesa de supervivencia ya implícita en el título, pero cala la agradable melodía de este medio tiempo, que parte del silbido de alguien que parece estar de buen humor, se sube a lomos del piano de Sergio Fecé durante un rato, hasta llegar a un final con guitarras y metales pugnando por hacerse hueco. En directo aceleraron su tempo, haciendo que perdiera su sentido: en lugar de respirar hondo y disfrutar de estar vivos, parece que los protagonistas trataran de no ahogarse. Sobre todo Loquillo (véase el disco Compañeros de viaje).

74. 'Vencidos', de Tiempos asesinos (1996)

La popularidad de Loquillo y Trogloditas cayó en picado durante la segunda mitad de los 90. El Loco se permitió a sí mismo un conato de vulnerabilidad en este tema, en el que admite que pelear con discográficas (“mi compañía lo dejó muy claro: aquí se terminó el contrato”), medios (“sea sonriente ante la prensa”) y otros músicos (“pude resolver mi vida con esto, pero no fui tan listo como el resto”) le ha pasado factura. Resulta perturbadora porque, cuando fue escrita (mediados de los noventa), el futuro no parecía muy halagüeño para Loquillo.

73. 'Simpatía por los Stones', de Hombres (1991)

De nuevo, los Trogloditas jugando a ser los Stones, pero esta vez sin esconderse. Tras una primera estrofa inolvidable (“no fueron al principio santos de mi devoción, pero mi vida se fue ensuciando al ritmo de su rock and roll”), la letra se diluye hasta volverse anecdótica. Como Hombres, a la que sigue en la secuencia del disco homónimo, es una canción de colegas berreando en el bar. Se benefició de ser single en la época de máxima popularidad del grupo, pero hoy en día está algo olvidada.

72. 'Ahí vienen los jets', de La mafia del baile (1985)

La mafia del baile, el primer álbum de los Trogloditas con una multinacional, tiene una producción horrible; además, Loquillo sigue buscando su voz, y a veces acierta y a veces no, con lo que hay que escarbar en las canciones para encontrar su verdadero (y desaprovechado) potencial. Una estampa costumbrista del universo de las bandas de Barcelona (“por el camino que lleva al Nou Camp pasan los jets silbando una canción”), musicalmente exuberante, que se mueve en un plano más cinematográfico que estrictamente realista.

71. 'Las sombras del autocine', de La mafia del baile (1985)

El mismo universo de la anterior (van seguidas en el álbum y casi lo cierran), más explícitamente cinemática si cabe. La maqueta de Sabino Méndez tiene un sabor a fin de una época (a la manera de The last picture show) que la versión final, acelerada hasta lo imposible por la batería de Jordi Vila, definitivamente no tiene.

70. 'Enamorado de la dependienta de la tienda de patatas fritas', de ¿Dónde estabas tú en el 77? (1984)

Es una canción más propia de Tennessee o de Dinamita Pa Los Pollos que de los Trogloditas, pero tiene un título glorioso, y resulta hilarante escuchar a Loquillo intentando cantar las dos primeras estrofas en la mitad de tiempo de lo humanamente posible. Además, siempre mola ver un retrato femenino en el que ella tenga la sartén por el mango (y dé sartenazos, “y es cuando está guapa de verdad”). Como hemos dicho, sería una cima de la carrera de otros.

69. 'Blues del amo', de La vida por delante (1994)

El protagonista de este poema de Antonio Gamoneda equipara su vida gris de oficinista contable con la esclavitud, así que era coherente que Gabriel Sopeña lo musicara en formato de blues. Loquillo lo interpretaba en directo con una teatralidad y un desgarro raphaelianos; y, cuando el espacio jugaba a su favor, rompía la barrera entre artista y público, atravesando el pasillo central hacia un impiadoso foco que lo cegaba por completo (en la canción, la luz del flexo del oficinista es una metáfora de su esclavitud).

68. 'Cantores', de La vida por delante (1994)

Gabriel Sopeña quiso escribir una canción a la manera de Víctor Manuel, y no le salió nada mal. Le brindó además a El Loco la oportunidad de jugar un rato a ser cantante (que no cantautor) protesta. Los fans más intransigentes tendrían sudores fríos al escuchar la flauta, la pandereta y los violines de Cantores, pero La vida por delante es uno de los discos mejor producidos de la carrera de Loquillo y aguanta bien el paso del tiempo.

67. 'Maldigo mi destino', de Mientras respiremos (1993)

Versión de un viejo tema de Los Sírex (a quienes Loquillo volvería a versionar décadas después, en clave rockabilly, con El tren de la costa), era un cañonazo del directo de los Trogloditas durante la década de los 90, que ponía al público en ebullición con un par de falsos finales.

66. 'Brisa de abril', de Mis problemas con las mujeres (1987)

Un tema desconcertante, que no parece encajar naturalmente en su disco de Trogloditas (irónicamente, sí lo haría en cualquiera de los elepés en solitario de Loquillo), y en el que Ricard Puigdomenech demostró ser el compositor infrautilizado del grupo. Para bien o para mal, una canción que no se parece a ninguna otra de los Troglos, y quizá por eso tampoco acabó de encajar en los directos (véase ¡A por ellos...! que son pocos y cobardes).

65. 'Canción del valor', de Hermanos de sangre (2005)

Otro perro verde, un tema que no parece pertenecerle tanto a Loquillo como a su compositor, en este caso Igor Paskual. Una dulce oda a la búsqueda constante de redaños para que, utilizando ejemplos de la canción, el poeta se atreva a decir una palabra soez y el promiscuo se decida a ser un hombre fiel. Apareció por primera vez en el disco acústico del directo Hermanos de sangre, y fue innecesariamente revisitado en estudio en Balmoral.

64. 'Deportivo 7', de Feo, fuerte y formal (2001)

El tema que abre Feo, fuerte y formal tiene prisa por arrancar, la misma que sus protagonistas, que parecen ir al galope a ninguna parte durante toda la canción (a la par que las baquetas de Jordi Vila, ansioso por volver después de un lustro fuera de la banda). Motores que rugen con estilo glam y afirman contundentes que a los Troglos originales aún les quedaba un buen disco dentro. Deportivo 7 te tira de la manga para que entres a la carrera en ese álbum.

63. 'Cuando pienso en los viejos amigos', de Con elegancia (1998)

Tal vez Loquillo se empeñó en grabar un álbum temático sobre la poesía de Luis Alberto de Cuenca porque su primer esfuerzo conjunto había sido la afortunada Cuando pienso en los viejos amigos, el tema de apertura del (poco escuchado) elepé Con elegancia. Gabriel Sopeña nadó contracorriente a la hora de poner música a una letra desoladora, en la que el autor destroza a las mujeres de sus amigos que “los cubren de hijos para tenerlos cerca, controlados e inermes”, o recuerda a los que ya no están, fallecidos por sobredosis o por SIDA. La trompeta omnipresente te da ganas de levantarte y echar a andar con paso marcial, aunque no sepas bien hacia dónde.

62. '21 de abril 1981', de Cuero español (2000)

Si Simpatía por los Stones es una reverencia sin coartadas a Jagger y Richards, 21 de abril 1981 lo es a Bruce Springsteen. Por si el saxo y la armónica no lo dejan claro, el título es la fecha del primer (y mitificado) concierto de la E Street Band en España. “Ojalá tu vida sea como aquel 21 de abril”, canta Loquillo en este tema sobre la pérdida de la inocencia al hacerte mayor, un asunto recurrente en la obra del rockero de Nueva Jersey. 21 de abril 1981 nunca cuajó en directo porque, sin armónica ni saxo en la banda por aquel entonces, la canción perdía parte de su propósito.

61. 'Luna sobre Montjuïc', de La nave de los locos (2012)

Una evocadora balada de Sabino, descartada en los 80 (quizá por sus conexiones temáticas con Cadillac solitario) y recuperada en el disco La nave de los locos. La alteración de la voz de El Loco en la etapa Stinus llega a su paroxismo y, de hecho, canta las primeras estrofas a dúo consigo mismo. Con todo, la sugerencia de la canción sobrevive a sus arreglos.

60. 'Ya no hay héroes', de Tiempos asesinos (1996)

Versión de un tema de The Stranglers, deslucido por el voluntarioso intento del líder de aquellos, Hugh Cornwell, de cantarla a duo en castellano. Como Maldigo mi destino, esta recreación funcionaba de perlas en directo, donde cogía aún más ímpetu y la interpretación recaía solo en Loquillo, berreando a gusto y de forma justificada.

59. 'Creo en mí', de El último clásico (2019)

La última década ha sido prolífica para el Loquillo intérprete y algo menos para el Loquillo letrista. No pasa nada: Creo en mí demuestra que Igor Paskual, después de dos décadas a la vera del Loco, sabe poner palabras en su boca con tanto tino como el interesado (y con algo más de respeto por las reglas de la métrica). La inconfundible guitarra de Mario Cobo, autor de la música, le da un poso rockabilly al tema más bailable de El último clásico, que no resulta tan egocentrista como su título sugiere, pues a menudo concede también que “yo creo en ti”. Un chute de autoestima contagiosa, para ellos y para nosotros.

58. 'El Molino', de Mis problemas con las mujeres (1987)

Uno de los temas olvidados de Los Troglos de los 80, tal vez porque la enérgica sección de metales de la grabación no tenía fácil traslación al directo. El Molino es el cabaret barcelonés donde se conoce la pareja protagonista, de apariencia lumpen aunque, a posteriori, “se descubrió la impostura y resultó que, al final, ni yo era tan arrogante ni tú tan fatal”. Trepidante en su ritmo, la canción recorre la relación hasta el final: “Y así el champán selló un adiós, cada uno a su luz de farol”. Un tema a reivindicar.

57. 'Quiero acariciar el rock and roll', de Cuero español (2000)

Resulta difícil descontextualizar esta carta de amor incondicional al rock (como filosofía de vida) del hecho de que fuera una de las canciones de la maqueta que Pepe Risi (el legendario guitarrista de Burning) regaló a Loquillo poco antes de morir. La reivindicación es doble porque abre el primer disco de Trogloditas en cuatro años, después de que Loquillo explorara otros territorios sin garantías de vuelta atrás. La canción se agota antes que su minutaje: le falta un cierre que tal vez Risi no tuvo tiempo de encontrar y el resto no se atrevió a buscar. Pero, ¡cómo no empatizar con la estrofa "siento rabia cuando quiero y no puedo escuchar esas notas esperando que salgan de un bar; cuando escucho la misma cancioncilla que ayer...”. Suerte que Pepe Risi y David Bisbal nunca llegaron a conocerse.

56. 'Transgresiones', de Con elegancia (1998)

“Solo cuando transgredo alguna orden, el futuro se vuelve respirable”, dice el poema de Mario Benedetti. Pocos tienen el privilegio de transgredirlas por sistema, pero nos gusta creer que Loquillo sí. A cambio, podemos empatizar con el estribillo “obedecer a ciegas deja ciego, crecemos solamente en la osadia”. La música de Gabriel Sopeña hace que sintamos que podemos.

55. 'El crujir de tus rodillas', de Código rocker (2015)

Podía haber sido un hit noventero de Trogloditas si El Loco hubiera escuchado la maqueta que le pasó Mario Cobo. No fue así, y hubo que esperar dos décadas para que encontrara su hueco en el disco conjunto de Nu Niles y Loquillo. Esta versión ralentiza el ritmo de la original y aumenta la sensación de peligro, quizá porque la voz de Loquillo es la de un hombre obsesionado (más allá de lo saludable) por el clack, clack, clack de esas rodillas.

54. '¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?', de Compañeros de viaje (1997)

Publicado como single del directo Compañeros de viaje en macabra sincronía con la muerte de Pepe Risi, esta versión del tema más famoso de Burning tenía todo el sentido del mundo porque, para empezar, muchos creían que era de Loquillo, a quien le sentaba como un guante; y también porque, en 1997, realmente hacía falta reivindicar a Burning. La guitarra de Risi colorea la versión mejor cantada de ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? desde que el cantante original de Burning, Toño, soltara el micrófono y desapareciera del mapa.

53. 'La policía', de Morir en primavera (1988)

Sabino Méndez ajusta cuentas con los cuerpos de seguridad del Estado: “Alguien está sufriendo una confusión entre inspirar respeto y crear terror / he de acabar estas líneas, oigo sirenas sonar, echan abajo la puerta, alguien me viene a buscar...”. No es que Sabino viviera en V de Vendetta pero, como todo músico enganchado a la heroína, sentía que la policía no lo miraba con buenos ojos cuando salía a dar un paseo por la Plaza Real. Como himno de resistencia a la autoridad, La policía funciona.

52. 'Compañeros de viaje', de Tiempos asesinos (1996)

Inicialmente incluida en Tiempos asesinos, daría apropiado título al siguiente directo de Trogloditas con invitados. Canción larga (casi siete minutos) y repetitiva en su sonido, es un retrato de una amistad sincera, sin imposturas, y probablemente masculina. También una declaración de resistencia: “Quiero que sepas que aún sigo en el camino”. Hay canciones que son una radiografía de una banda en un tiempo y lugar: Compañeros de viaje lo es de Loquillo y Trogloditas en 1996-1999.

51. 'Balada para un viejo sombrero', de Mientras respiremos (1993)

Mientras respiremos es un potaje en el que tienen cabida desde Los Sírex hasta Johnny Cash, e incluso esta bonita balada que, por estilo, podría haber firmado Gabriel Sopeña, pero que en realidad le pertenece a Aurelio Morata. El fantástico verso “he recibido una carta del gremio de la pasión / si no pago mi cuota, aceptan mi dimisión” le hace subir muchos puestos en esta lista.

50. 'No volveré a ser joven', de La vida por delante (1994)

El título es sombrío, pero no engaña: el poema de Jaime Gil de Biedma te deja bien claro que solo estás en este mundo para salir con los pies por delante. Envejecer y morir no son, como creías, las dimensiones del teatro, sino el único argumento de la obra. Gabriel Sopeña acierta con una melodía melancólica (construida sobre guitarra acústica y armónica llorona) para terminar de hundirnos en la miseria. Pero con sumo gusto.

49. 'Esto no es Hawaii (qué wai)', de Los tiempos están cambiando (1981)

El que podría considerarse primer éxito de Loquillo (sintonía de un programa radiofónico de Jesús Ordovás de igual nombre) saca partido de ese encantador sonido low-fi que le confiere al elepé Los tiempos están cambiando el haber sido grabado y mezclado en dos días. La voz de Loquillo es la de un crío aterrorizado de estar por primera vez ante el micrófono del estudio, lo que lo hace aún más entrañable. Expurgada de los repertorios durante años, se recuperó para la gira con Nu Niles. Una bobada de canción que no falla a la hora de sacarte una sonrisa.

48. 'El país te necesita', de La mafia del baile (1985)

Los ochenta, esos años locos en los que un grupo podía publicar canciones antibelicistas como El país te necesita o Bajo banderas dentro de un álbum con una portada ambientada en una armería. De la desastrosa producción de esta canción solo se salvan las rabiosas guitarras de Ricard Puigdomenech (la voz está tan adulterada que podría ser Loquillo o Alaska), pero sobreviven las ganas de Sabino Méndez de clamar contra la propaganda del ejército en un país en el que, recordemos, el reclutamiento para el servicio militar aún era ineludible (era 1985). Quizá la versión mejor grabada de este tema sea la del álbum Trogloditas (2015), debut discográfico de una nueva encarnación de la banda en la que aún sobreviven Jordi Vila y Josep Simón.

47. 'Avenida de la luz', de ¿Dónde estabas tú en el 77? (1984)

Es una de las piezas más visuales de los Trogloditas, poniendo el énfasis en la música antes que en la letra. La secuencia de notas recuerda algo al tema musical de James Bond, pero ralentizado y tenebroso: una sensación ominosa, de peligro, recorre la canción. Escondido al final de un EP de cinco canciones, reapareció de tapadillo en el directo Compañeros de viaje (incrementando su potencia turbadora gracias al saxo de Javier Liba Villavecchia), pero no se ha vuelto a saber de ella desde entonces.

46. 'Siempre libre', de Mis problemas con las mujeres (1987)

Un canto envenenado al anarquismo. El protagonista afirma de sí mismo: “Hoy me he descubierto como aquel lobo que soy, ladrón en tu mundo, anarquista de salón”. Pero, ¿quién puede prestar atención a la letra cuando la música te hace mover así la cabeza? Siempre libre pone a los Troglos a trabajar en equipo, en lugar de hacerlos brillar individualmente, y saca lo mejor de ellos.

45. 'Piratas', de Mis problemas con las mujeres (1987)

Más anarquismo (“he modelado una bandera que, como todas, es para quemar”), pero en un tono mucho menos crispado. Piratas es una pequeña delicia que no alcanzó todo su potencial hasta ser regrabada con Nu Niles para Código rocker, gracias a unos coros maravillosos del grupo de doo-wop The Velvet Candles y al inspirado saxo de Dani Nel.lo. Por comparación, la versión grabada por Trogloditas en Mis problemas con las mujeres parece solo una maqueta.

44. 'Sol', de Balmoral (2008)

Sol fue el primer tema nuevo de Sabino que Loquillo grabó en dos décadas, si bien no fue escrito pensando en él. A esto hay que sumar el atrevimiento de la producción, coqueteando con la electrónica en un volantazo estilístico que, contra pronóstico, no les sentaba mal ni a El Loco ni a la canción. Lo llevaron aún más lejos en un EP de remezclas en el que, ahí sí, se pasaron tres pueblos: los rockeros no quieren oír hablar de electro-house, gracias. Pero la versión incluida en Balmoral es un acierto.

43. 'El hijo de nadie', de Arte y ensayo (2004); 42. 'Soy una cámara', de Balmoral (2008), y 41. 'A tono bravo', de Viento del este (2016)

Unimos tres canciones en un solo texto, y nos explicamos. La buena acogida a Feo, fuerte y formal, el tema, hizo que Loquillo tratara de repetir la jugada en sucesivos discos, creando un subgénero que podríamos llamar “canciones vitalistas que encajarían en un anuncio de Mahou”. Le reprocharíamos el cinismo si no fuera porque el resultado son temas muy disfrutables. La mejor del lote quizá sea Soy una cámara, que juega con los tropos del cine con más acierto que la aburrida Arte y ensayo. A tono bravo contiene la mejor definición posible de Loquillo: "Yo, como Unamuno, contra esto y aquello”.

40. 'Ara no es fa, pro jo encara ho faria', de Con elegancia (1998)

Loquillo cantó por primera vez en catalán en Canço de pages (incluida en Mis problemas con las mujeres), que era más bien una parodia. Pasó una década hasta que se atrevió a hacerlo en serio, en su segundo disco de poesía. Ara no es fa, pro jo encara ho faria te hace sentir la brisa del mar en una historia de bucanero soñado bastante parecida a La del pirata cojo; pero, mientras Sabina solo te da permiso para ir al puerto a despedirle, Ara no es fa... te invita a subir al barco y navegar.

39. 'La vida es de los que arriesgan', de Balmoral (2008)

Juan Mari Montes (letrista de Cómplices, Malú, Miguel Bosé o Ana Belén) escribió un alegato tranquilo, sin aspavientos, sobre la necesidad de salir de tu zona de confort. En parte, eso es lo que hace aquí Loquillo. Las imágenes de la canción (“la vida es de los que muerden sin prejuicios la manzana”) parecen propias del pop melódico de los artistas arriba citados, pero tampoco desentonan por boca de un José María Sanz maduro. Balmoral es, además, un disco acogedor para canciones como esta.

38. 'La mala reputación', de Morir en primavera (1988)

No es que la frase “en la fiesta nacional yo me quedo en la cama igual, que la música militar nunca me supo levantar” desentonara con lo que Sabino Méndez escribía en aquella época, pero sí fue desconcertante que los Trogloditas más desfasados, los de finales de los 80, se aproximaran a Georges Brassens y Paco Ibáñez. Loquillo empezaba a otear más allá de los Troglos. El público abrazó el tema como uno más de la banda.

37. 'Canción urgente', de Tiempos asesinos (1996)

Varias canciones del infravalorado Tiempos asesinos se consagran a la nostalgia del pasado, pero ninguna otra lo hace con la urgencia de (valga la redundancia) Canción urgente. El bajo nervioso de Josep Simón Ramírez se adelanta al resto de la banda mientras Loquillo canta: “Era un tiempo imperfecto, de soledades compartidas, de ideales desmesurados, de amores a escondidas...”. Nunca se llegan a concretar los detalles de ese tiempo pasado, pero el hábil uso de las imágenes aviva nuestro interés por conocerlo.

36. 'El hombre de negro', de Mientras respiremos (1993)

Este es el único tema que ha aparecido en los últimos cinco discos en directo de Loquillo (además de cantarlo en una versión a cuatro bandas con Bunbury, Calamaro y Urrutia). Si antes defendíamos que la versión en castellano de Me olvidé de vivir le pertenecerá siempre a Julio Iglesias, la de Man in black, de Johnny Cash, es de Loquillo y nadie más. ¿Quién, aparte de él, podría cantar la letra en castellano con tanta convicción? Puntos extra por reivindicar a Cash en 1993, un año antes de que la serie American recordings de Rick Rubin lo legitimira a ojos de la generación grunge.

35. 'No surf', de El ritmo del garaje (1983)

Una canción que hace honor al título de su disco y suena, en efecto, a ritmo de garaje, ramoniano incluso. Descripción certera de la angustia de un recluso ex-surfista que sabe que no volverá a ver el mar (“no hay palmeras en la ciudad; en el patio de la cárcel no se encierra ningún mar”), es un buen ejemplo del talento de Sabino Méndez para meterse en otras pieles.

34. 'Feo, fuerte y formal', de Feo, fuerte y formal (2001)

Un caso parecido al de No puedo vivir sin ti, de Los Ronaldos: engancha desde la primera escucha, con ese algo que acaba volviéndose en su contra cuando la canción es sobreexplotada en directos y publicidad. En 2001, inició la recuperación de Loquillo y Trogloditas para el gran público. El ritmo trotón que marca Carlos Segarra (Los Rebeldes) en la música desvía la atención del desprejuiciado batiburrillo que es la letra, mezclando referencias a John Wayne y Buzz Lightyear sin despeinarse. Vale, el cabezón de tu cuñado sigue jactándose de saber “a ciencia cierta” que la canción trata de Jaime de Marichalar, pero oye, al menos conoce un tema de Loquillo de este siglo.

33. 'Rocker City', de El ritmo del garaje (1983)

Habrá quien piense que este olvidado tema de El ritmo del garaje, nunca recuperado en ningún directo o recopilatorio, se sitúa demasiado arriba en este ranking. Se equivocan, claro. Una de las dos canciones del disco influenciadas por el cine fantástico (la otra es Me convertí en un hombre lobo por culpa de Los Rebeldes), Rocker City es un cuento de zombies en escenario postnuclear, con un rocker como único superviviente, víctima del hastío a la manera de Soy leyenda, de Richard Matheson. Temprano intento del Loquillo letrista, cuando aún se permitía a sí mismo hablar de algo que no fuera su propia experiencia vital.

32. 'La mataré', de Mis problemas con las mujeres (1987)

Un personaje celoso y posesivo (y no el autor Sabino Méndez o el intérprete Loquillo), es el narrador de La mataré, el éxito de 1987 de los Trogloditas. La incapacidad de algunos para discernirlos llevó a El Loco a retirar la canción de su repertorio durante una década. Rectificar es de sabios: hoy en día puede verse en los conciertos a hombres y mujeres cantando con la misma pasión la letra de esta caricatura del macho misógino español. Imposible no moverse al imparable ritmo de las palmas y la batería de Jordi Vila.

31. 'Gafas de sol', de El último clásico (2019)

Marc Ros se trae a rastras el sitar desde Sidonie para espolvorearlo a lo largo de Gafas de sol, en la que el escritor Carlos Zanon destila la esencia misma de la trayectoria de Loquillo en la frase “sé que si me paro me revienta el corazón”; pues eso es el Loco, un tiburón que no puede (o no sabe cómo) dejar de avanzar. Muchos de sus contemporáneos de los 80 no consiguen que sus discos autoeditados lleguen a las tiendas, pero él sigue aquí. “Aún sigo de pie, aún sigo de pie…”, repite desafiante antes del estribillo de la canción. Guste o no, los hechos le dan la razón: él es el último clásico.

30. 'La sonrisa de Risi', de Cuero español (2000)

El otro tema de la maqueta que Pepe Risi regaló a Loquillo antes de morir. Andrés Calamaro, retirado de las giras en una de sus épocas más destroyer, cruzó un océano para cantar a dúo con Loquillo. El tema anima una y otra vez a sonreír ante la adversidad y, ya que el guitarrista de Burning recibió su apodo por su semejanza con el risueño logo de la marca de gusanitos Risi, parecía apropiado bautizar la canción sin nombre como La sonrisa de Risi.

29. 'Cruzando el paraíso', de Balmoral (2008)

Un Calamaro cómicamente desafinado y pasado de rosca hizo otro dúo con El Loco en Cruzando el paraíso; afortunadamente (en especial para Andrés), en la versión menos escuchada de la canción. En la oficial publicada en el disco, el dúo era nada menos que con Johnny Hallyday, uno de los iconos de juventud de Loquillo. Su castellano era torpe de una forma entrañable, y el tempo de la canción no le ponía en grandes aprietos. Fue sintonía de la serie Crematorio, lo que no acaba de explicar su popularidad en los directos. A lo mejor, sencillamente, es que es una buena canción.

28. 'Billy La Rocca', de Nueve tragos (1999)

Una notable excepción a lo que comentábamos más arriba respecto a que Loquillo ya no escribe letras con intención cinematográfica. Musicada por Carlos Segarra para Nueve tragos, el poco escuchado disco con big band de finales de los 90, vendría a ser el episodio de La Habana de El Padrino II protagonizado por un Scarface dibujado por Jordi Bernet. La frase “pánico en la embajada, los dados no rodaban bien / sin amigos en La Habana, el dinero era solo papel” demuestra el talento del Loquillo letrista para levantar el decorado de su película-canción con las palabras justas. Lástima que no lo haga más a menudo.

27. 'Luché contra la ley', de Arte y ensayo (2004)

En la gira de Trogloditas de 2003, era Igor Paskual quien cantaba esta versión de The Clash, y Loquillo se limitaba a hacer los coros. La generosidad no se extendió al estudio, y cuando Luché contra la ley apareció publicada en el siguiente disco de la banda, era El Loco quien la cantaba. Se regrabó a dúo con Fito Cabrales, con vídeo incluido, en la época en que ambos artistas compartían representante. Loquillo (e Igor) volverían a cantar a The Clash una década después, con su apropiada versión de Spanish bombs para el directo grabado en Granada.

26. 'Chanel, cocaína y Dom Perignon', de La mafia del baile (1985)

Primer éxito de Loquillo y Trogloditas que no salía de la pluma de Sabino Méndez, lo que no hizo muy feliz al compositor principal de la banda. Sería exagerado decir que El Loco hace autocrítica cuando canta “hay compañeros de profesión, portavoces de su generación / creen que la marginación vive en su barrio, ¡qué ilusión!”; pero al menos habla claro cuando afirma “autopistas, calles, ¡qué sé yo! / no nací en los USA, nací en el Clot”. Ricard Puigdomenech dio en el clavo con la música: es de los pocos temas de La mafia del baile a los que la producción no les pasa factura, y quizá el único corte rockabilly que los Nu Niles no consiguieron mejorar al versionarlo en Código rocker.

25. 'María', de El ritmo del garaje (1983)

Sabino Méndez supo captar a la perfección ese instante de la adolescencia en el que pasas de sentirte incomprendido y dado de lado a, de repente, atisbar las infinitas posibilidades de la vida. María, la protagonista, “encuentra algo a faltar, está rondando lo fatal”, hasta el día que cumple 16 y descubre el poder de la música: “María se ha parado a escuchar porque algo extraño suena en aquel bar / le ha dado una patada al corazón un loco locutor de rock and roll”. Seguro que Loquillo y Trogloditas lograron esa catarsis en muchos adolescentes de los 80.

24. 'Pégate a mí', de El ritmo del garaje (1983)

Hermana en forma de la anterior (e interpretadas seguidas en el directo Compañeros de viaje), podría ser la canción que hace que María se enamore del rock and roll. Perfecta radiografía de lo que eran los Trogloditas en 1983.

23. 'Diez años atrás', de Hombres (1991)

Diez años después de grabar su primer elepé, Loquillo empezó a mirar atrás en sus textos. Es fácil ponerse en el lugar del narrador que dice: “Me siento, ¿dónde le llevo? / quizás al último bar, o mejor aún... diez años atrás”, porque querer recuperar el tiempo perdido es un sentimiento universal. Más adelante afirma: “Seguro de estar de vuelta y decidido a no dejarme arrastrar”, y ahí resulta imposible no pensar que el que habla es el propio Loquillo, superviviente de la vorágine de finales de los 80 que casi engulle a la banda (“la vida te pasa la cuenta y los excesos se pagan”).

22. 'Treinta y tantos', de Tiempos asesinos (1996)

Continuación natural de la anterior, aunque más centrada en el presente y en los estragos que han causado esos diez últimos años. No se puede ser más brutalmente sincero que en la última frase de la letra: “La fiesta ha terminado y tienes treinta y tantos”. Como A mis cuarenta y diez, de Sabina, es una de esas canciones que encapsulan un momento, pero pierden relevancia para el autor con el paso del tiempo. De ahí que Treinta y tantos lleve muchos años desaparecida del repertorio de Loquillo.

21. 'Ya no puedo bailar', de Mis problemas con las mujeres (1987)

El piano (disparado a lo Jerry Lee Lewis) de Sergio Fecé es el pistoletazo de salida de la canción más esperpéntica escrita nunca por Sabino Méndez. El narrador se va amputando partes de su cuerpo para captar la atención de una chica en la pista de baile. Ella sigue ignorándole con indolencia, pero a él le da igual, “porque aún me queda algo con lo que hacerla bailar”. El cómic underground de la época parece inspiración directa de este tema, que en su disco antecedía sin pausa a La mataré, hasta convertirlas en una.

20. 'Carne para Linda', de La mafia del baile (1985)

Carne para Linda ocuparía un honroso segundo puesto en la lista de canciones disparatadas de Sabino Méndez. Una recatada adolescente descubre los libidinosos placeres de comer cadáveres humanos. Los animosos metales de la música lo hacen parecer incluso apetecible. La canción se convierte en un fino retrato de la hipocresía de las convenciones sociales: “En los parties siempre baila con el muchacho más pálido y, coqueta, le pregunta por si padece de algo / no se pierde ni un entierro y, discreta, se relame / una chica educada, comentan sus familiares, no necesita más”. El tema sigue teniendo un lugar relevante en los conciertos de Loquillo después de tres décadas.

19. 'Con elegancia', de Con elegancia (1998)

Un poema inédito de Jacques Brel da apropiado título al segundo disco de poesía de Loquillo, y Gabriel Sopeña le pone música con elegancia (¡es así!). Lo que propone esta canción cristalizaría una década después en Balmoral. Retrato de una generación que, al borde de los cincuenta, se resiste a aceptar su edad y su estatus, “salpicando con las propinas a callados camareros / le susurran barbaridades a hembras que casi están rancias / están desesperados... pero con elegancia”. Brel murió en 1978, pero los personajes que describe aquí siguen acodados en muchas barras y nunca pasan de moda.

18. 'La nave de los locos', de La nave de los locos (2012)

Sabino Méndez hizo su propio retrato generacional, mencionando a muchos de sus conocidos por su nombre, en Sin novedad en el paraíso, que apareció por primera vez en el álbum El día que murió Marcello Mastroianni (1997). Loquillo rescató la canción tres lustros después para abrir y darle nombre a La nave de los locos. Lo que cantaba el treintañero Sabino no desentona por boca del cincuentón Loquillo, hecho que, en sí mismo, ya da qué pensar sobre cómo están las cosas. Como sentencian ambos, “somos la clase media, soy uno más de ella / sabemos que hay de todo, pero que muy pocos de los sueños febriles son para nosotros”. Qué queda, pues, si no anestesiarse a uno mismo bailando el rock.

17. 'Lisboa', de La vida por delante (1994)

Dulcísima canción de Gabriel Sopeña, en esta ocasión musicando su propio poema, que transmite el embrujo de una Lisboa más idealizada que real, y quizá por eso fascinante. La capital lusa es antes un estado de ánimo que un enclave geográfico en las palabras de Sopeña. En directo, durante las giras de teatros de los 90, Loquillo repetía una y otra vez la última estrofa (“derramando besos, llegué hasta el final / donde las palabras no quieren hablar / me serví otro trago, y otro trago más / Lisboa era el paso hacia la eternidad”), acelerándola hasta alcanzar una catarsis en el clímax que la versión grabada, por desgracia, no logra.

16. 'Quiero un camión', de El ritmo del garaje (1983)

¿Era consciente Sabino Méndez, cuando compuso este irresistible himno de carretera, que algún día se utilizaría para vender cualquier cosa que acabara en –on: colchón, condón, jamón...? No podemos culpar a los anunciantes, porque confluyen aquí la sublimación del afán consumista (“yo para ser feliz quiero...”) con una melodía que es el jingle perfecto, infalible a la hora de ponernos de buen humor. La versión original es claramente una parodia: Alaska y Loquillo, que la cantan a dúo, vendrían a ser en realidad esos urbanos a los que afirman querer escupir. La versión definitiva, no obstante, es la del directo ¡A por ellos...! que son pocos y cobardes, donde bajo y batería llevan al público al paroxismo, y las guitarras, directamente, al frenesí.

15. 'Cuando fuimos los mejores', de Cuero español (2000)

Decíamos ayer (usted llevará un ratito leyendo esto, pero yo llevo unos cuantos días escribiéndolo), a propósito de Vencidos, que no era frecuente que Loquillo se permitiera a sí mismo mostrarse vulnerable; Cuando fuimos los mejores sería otra rara excepción. En el título hay un reconocimiento explícito de que los mejores años de los Trogloditas ya han pasado. Aunque la canción quiere dar a entender que el gran éxito puede destruirte (“dejamos de ser nosotros: lo peor que llevas dentro se refugia en tu mirada”), en el fondo rezuma nostalgia por los privilegios que tal éxito conlleva (“las camareras nos mostraban la mejor de sus sonrisas en copas llenas de arrogancia”). De la misma forma que algunos se hicieron brokers después de malinterpretar el mensaje de la película Wall street, es probable que Cuando fuimos los mejores haya alentado a más músicos de los que ha disuadido de experimentar el “rock and roll way of life”.

14. 'Ciudad muerta', de Tiempos asesinos (1996)

Una de las rarísimas ocasiones en las que Gabriel Sopeña ha escrito para Loquillo en clave de rock; y viendo lo afortunada que fue, sorprende que no volviera a suceder. No sabemos cuál es la ciudad a la que se refiere el título, en la que “aprieta las gargantas el aburrimiento”: podría ser cualquier ciudad pequeña donde nunca pasa nada. Su falta de concreción es lo que hace su mensaje universal. Ciudad muerta es combativa, tiene ganas de hacer que pasen cosas aunque, como dice el iracundo narrador: “En esta ciudad, la aventura es huir y la acción es sueño”. Nunca llegamos a saber si él consigue escapar.

13. 'Barcelona ciudad', de El ritmo del garaje (1983)

Loquillo sí le puso nombre a la ciudad que le ahogaba: Barcelona ciudad. Por si la letra no fuera lo suficientemente clara (“no existe un solo lugar donde poderte colgar en Barcelona ciudad”), en el directo ¡A por ellos...! que son pocos y cobardes la presentó así: “Para toda la gente que lleva los locales nocturnos de esta ciudad, que están siendo sometidos a unos horarios que no hay quien lo aguante”. ¡En 1988! El tema tendría una afortunada revisión en clave glam en el disco Feo, fuerte y formal, corroborando que las cosas no habían mejorado mucho en dos décadas. Los barceloneses encajaron bien la crítica y abrazaron el tema como los madrileños Pongamos que hablo de Madrid.

12. 'En las calles de Madrid', de ¿Dónde estabas tú en el 77? (1984)

Loquillo y Sabino (y, en menor medida, los Trogloditas) sentían que el epicentro de TODO en la primera mitad de los 80 estaba en las efervescentes calles de Madrid. Allí habían grabado su primer elepé como banda, El ritmo del garaje, y fueron recibidos con un alborozo que aún tardaría un lustro en extenderse al resto de la península. Sabino capturó el espíritu de una época en la maravillosa frase “dile a Pepe Risi que ya puede sonreír / él mató el silencio en las calles de Madrid”. El tema(zo), cómo no, reaparece en los bises del directo en Las Ventas.

11. 'El ritmo del garaje', de El ritmo del garaje (1983)

El ritmo del garaje fue la llave que abrió las puertas del reino para Loquillo y Trogloditas. La versión de estudio es un ménage à trois en toda regla: Loquillo, Alaska y el omnipresente saxofón de Ulises Montero. Ahondaba en la brecha generacional (“tu madre no lo dice, pero me mira mal / ¿quién es el chico tan raro con el que vas?”) que tanto juego daría al rock español durante los primeros años de la democracia (Me voy de casa de Tequila, Adiós, papá de Los Ronaldos). En directo es una de las imprescindibles, aunque la frase “porque yo tengo una banda de rock and roll” suena agridulce y debería ser más bien “porque yo tengo excelentes músicos a sueldo”: banda, BANDA, eran los Trogloditas originales y nadie más.

10. 'En el final de los días', de Viento del este (2016)

“Años que cayeron despacio, lugares que guiaron nuestras vidas / solo tu recuerdo perdura en el final de los días”: de nuevo una mirada atrás, pero algo distinta del resto del canon de Loquillo por ser una canción muy “de Leiva”, co-autor de la misma e inconfundible segunda voz en el estribillo. No parece encajar de forma natural en el disco Viento del este, pero es un gran single. Leticia Dolera dirigió un bonito videoclip (con Cayo Sanz, el hijo del Loco, interpretando a su padre en la adolescencia) que ilustraba bien los temas de la canción.

9. 'Autopista', de Autopista (1982)

Incluida en el único trabajo firmado por Loquillo y los Intocables, Autopista tiene un sonido que no le hacía justicia a toda la épica que encerraba la composición de Sabino: la batería, por ejemplo, sonaba como un bote de Colón. Seis años después, los Trogloditas la colocarían en el lugar que merecía en ¡A por ellos...! que son pocos y cobardes. El ingeniero de sonido y productor Iñaki Altolaguirre le dio un sonido sucio y casi punk a aquel disco en directo que no casaba con todo el repertorio del grupo, pero era perfecto para Autopista. Las guitarras de Ricard Puigdomenech y Xavi Tacker cortaban como cuchillas de afeitar oxidadas. El tema no ha reaparecido en ningún otro disco en directo de Loquillo, y tal vez sea mejor así: la versión de ¡A por ellos...! es muy difícil de igualar, no digamos superar.

8. 'Todo el mundo ama a Isabel', de Morir en primavera (1988)

Vendría a ser la precuela de Princesa, en esos años en los que el narrador de la canción de Sabina hubiera dado la vida entera porque ella le pidiera llevarle el equipaje. La Isabel de Sabino Méndez vive al filo, pero aún no ha caído del lado del abismo. Y a su alrededor, “todo el mundo quiere oler sus medias, todo el mundo le invita a lo que tiene”, aunque hay que saber que “por amor o por dinero, nunca serás el primero”. Este narrador se percata de que Isabel va a desangrarlo hasta la última gota, y no le importa: esta chica mala le tiene hipnotizado. “Bésame, bésame, bésame”, exigen los coros femeninos al final de la canción, y el protagonista se lamenta: “No puedo pagar”. ¿Quién no se ha sentido así alguna vez?

7. 'John Milner', de Mientras respiremos (1993)

La estrofa clave de la canción es esa que dice: “Callejeando siempre en busca de acción, moviéndonos al ritmo del viejo rock and roll / llegamos a ese punto de inflexión que separa la realidad de la ficción”, pues eso es precisamente lo que hace Loquillo en su letra: confundir a John Milner, el rebelde sin causa de la película de George Lucas American graffiti (1973), con su amigo Jaime, compañero de correrías rockers en la Barcelona de finales de los 70. Cuando fue escrita, Jaime cumplía condena en la cárcel La Modelo (donde los Trogloditas dieron un concierto para congraciar al recluso con su alcaide), lo que hace dolorosamente sincera la frase “te estoy hablando de los viejos tiempos, esos que ya no volverán / las drogas terminaron por estropear las pequeñas cosas que nos hicieron amar”. Jaime Fábregas murió en 2011. Al menos, entre los seguidores de Loquillo, John Milner le brindó una suerte de inmortalidad.

6. 'El parque de Cervantes', de Tiempos asesinos (1996)

Loquillo regresa a ese momento fundacional de su vida y su carrera, cuando tienes “la vida a flor de piel”; en su caso, 1980. La canción es casi una visión panorámica de su época: “Unas palabras para recordar, de San Jerónimo al Turó Park / aprendimos a trapichear por los jardines de la facultad / sensaciones para volar, unas cervezas en Marienbad / a media tarde una pensión... once y media en la estación”. Jaime era su compañero de trapìcheos en los alrededores de la Universidad Central de Barcelona, donde conocería a Sabino Méndez, con quien coincidiría de nuevo en la cercana cafetería Marienbad. Aurelio Morata y Ricard Puigdomenech acertaron con la música (con el evocador órgano de Sergio Fecé salpicando toda la canción) de la mirada atrás más emocionante de todo el catálogo del José María Sanz letrista.

5. 'Rock suave', de La mafia del baile (1985)

Más que una canción, una declaración de principios: “Envejecer sentado al piano del algún club / conservar ese brillo salvaje en los ojos / entretener con un digno savoir faire, nada más / dejar cantar al corazón”. Viendo la rabia de voz y guitarras, hay que suponer que el título es irónico; y también lo es el que Sabino Méndez escribiera para Loquillo la frase “mantener orgullo y equilibrio individual / pelear hasta ser un homicida, nada más, por ser mi dueño y poder cantar”, cuando esa lucha de poder sobre la voz del grupo desembocaría en la marcha de Sabino, apenas tres años después.

4. 'Brillar y brillar', de Hombres (1991)

El vacío dejado por el compositor principal de Trogloditas, Sabino Méndez, abrió la puerta a colaboradores externos, y Gabriel Sopeña fue el primero de ellos. El compositor zaragozano supo hacer un traje tan a medida que algunas de sus frases (“me han matado tantas veces que aprendí a resucitar”, “sé que mi personaje es el precio que debo pagar”) parecen sentencias lapidarias sacadas de alguna entrevista de Loquillo. La melodía suaviza las palabras, y Brillar y brillar tendió puentes para que Loquillo aprendiera a reivindicarse a sí mismo en un tono menos bronco. Sopeña no cayó en gracia en el seno de los Trogloditas, pero Loquillo encontró en él al colaborador adecuado para desarrollar esa “otra vía”, que fructificaría en sus tres discos conjuntos de poesía musicada.

3. 'El rompeolas', de Morir en primavera (1988)

“Hubo una época en que teníamos que recurrir a El rompeolas; si no, no había tema”, dice Loquillo al presentarla en el directo ¡A por ellos...! que son pocos y cobardes. La canción había sido descartada de un disco anterior, pero la sequía compositiva de Sabino Méndez, concentrado en desengancharse de la heroína, hizo que se recuperara para Morir en primavera. Desde 1988, no se ha caído del repertorio en directo de Loquillo, y su riff inicial de guitarra arranca una de las mayores ovaciones de la noche. Da lo mismo que el estribillo sea un estropicio gramatical (“no hables de futuro, es una ilusión / cuando el rock and roll conquistó mi corazón”), la emoción que trae consigo lo arrastra todo. El sardónico narrador nos anima a vivir una vida de hogar y a buscarnos un marido con miedo a volar. La estrofa duele (todos vivimos con el fantasma de renunciar a nuestros sueños y conformarnos), y cantarla bien alto ayuda a exorcizar sus palabras. Durante el tiempo que dura la canción, al menos.

2. 'Rock and roll star', de Los tiempos están cambiando (1981)

John Lennon acababa de morir asesinado cuando Sabino escribió Rock and roll star, y el fatalismo, claro, sobrevuela la canción. Loquillo la grabó en su primer disco, y cuesta imaginar cómo hubiera sido su carrera sin ella. El mismo riff de guitarra hace las veces de telón de apertura y cierre del tema y, en sus cuatro minutos, el narrador pasa de “has tenido suerte de llegarme a conocer” a “así, nena, tendré suerte de llegarte a conocer”. Entre medias, una colección de estereotipos rockeros que resultaron ser una premonición de lo que estaba por venir para Loquillo y Sabino. Los demás nos limitamos a hacer los coros (“uh, uh, nena”) mientras ellos lo tienen claro: “Voy a ser una rock and roll star”. Un clásico del rock español al que el tiempo no hace mella.

1. 'Cadillac solitario', de El ritmo del garaje (1983)

Cualquier intento por descabalgarla del número 1 hubiera sido una vana provocación. Cadillac solitario pasó relativamente desapercibida cuando se grabó en 1983, porque El ritmo del garaje venía sobrecargado de temazos que reclamaban atención. Tampoco ayudó a su filosofía bukowskiana (de encontrar belleza en la derrota) el que alguien acelerara las canciones de aquel álbum y la voz de Loquillo sonara, en sus propias palabras, “como la de un Teleñeco”. Hubo que esperar hasta 1989 para que toda España se enamorara de la versión publicada en ¡A por ellos...! que son pocos y cobardes. Ese “¡Nenaaaaa!” en forma de alarido (que Loquillo añadió con respecto a la versión de estudio) provoca divertidas confusiones en los conciertos cuando una parte del público se adelanta una estrofa; tales son sus ganas de disfrutar del placer orgásmico de gritarlo. Quizá no sea la canción más redonda de Loquillo, ni la más perfecta composición de Sabino, pero es algo mejor: EL GRAN CADILLAC SOLITARIO. Pocos pueden superar eso.



Sobre el autor. Jorge Arenillas (Madrid, 1978), es guionista, director de películas como 'Otro verano' o 'The Second Act of Elliott Murphy' y, claro, seguidor de Loquillo, al que ha visto unas 50 veces en directo.

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