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La desigualdad hace desconfiados a los latinoamericanos

Los habitantes de la región no se fían de sus representantes, instituciones o empresas, según el Latinobarómetro, debido a que no perciben que las políticas públicas y el progreso económico beneficien al conjunto de la sociedad, sino a los más poderosos

latinoamerica
El encuentro 'Tejedores de confianza, vectores de la cohesión social: nuevos actores y nuevos espacios para la construcción de la agenda UE-LAC', organizado por Oxfam y EUROsociAL analiza el efecto de la desigualdad sobre la confianza en las instituciones en América Latina.

América Latina es la región más desconfiada del mundo. Los ciudadanos no confían en sus instancias públicas, ni es sus políticos, ni la policía o el poder judicial. Tampoco aprueban sus habitantes a las empresas, la prensa o las ONG. Lo dice el Latinobarómetro de 2018. “Los niveles de confianza caen sin importar la institución o el país. No hay sino pérdida de legitimidad de la democracia en los últimos años”, escriben los autores.

Sobre por qué se produce este fenómeno y cómo revertirlo se debatió en el encuentro Tejedores de confianza, vectores de la cohesión social: nuevos actores y nuevos espacios para la construcción de la agenda UE-LAC, organizado por Oxfam y EUROsociAL, programa europeo para la cohesión social en América Latina, en Antigua (Guatemala).

La respuesta a la primera cuestión de los expertos congregados fue casi unánime: la principal causa de la creciente desafección es la profunda desigualdad en la región. Pese a que 28 de sus 33 países son de renta media, la mayoría de los ciudadanos no percibe que la prosperidad económica suponga una mejora del bienestar del conjunto de la población. Un caso “llamativo” para los analistas del Latinobarómetro es el de Paraguay: solo un 10% de la población dice que “se gobierna para el bien de todo el pueblo” a pesar de que tiene buenos indicadores económicos.

“En América Latina, el 10% más rico de la población concentra el 68% de la riqueza”, anotó Ana María Méndez, directora de Oxfam en Guatemala. Un dato que explica, según los redactores del Latinobarómetro, que el 79% de los latinoamericanos afirme que se gobierna “para unos cuantos grupos poderosos en su propio beneficio”. La percepción de distribución de la riqueza es un indicador “altamente relacionado con el malestar de la población y las críticas al sistema político”, detalla el estudio. Por eso, para Méndez, “el objetivo 10 de la Agenda 2030 de la ONU –reducir la desigualdad en y entre los países– es clave para la consecución sostenida del resto de avances”.

El 79% de los latinoamericanos afirma que en la región se gobierna “para unos cuantos grupos poderosos en su propio beneficio”

En línea con las metas del objetivo de desarrollo sostenible número 10, los participantes en el citado encuentro resolvieron que era fundamental construir y fortalecer sistemas fiscales que permitan reducir las brechas entre las poblaciones más vulnerables y las privilegiadas.

“Guatemala tiene una de las presiones fiscales más bajas del mundo, así es muy difícil garantizar derechos”, apuntó Miguel González Gullón, coordinador general de la cooperación española en ese país, donde la recaudación tributaria representa apenas el 12,4% del PIB, según datos de la OCDE. La tasa más baja de la región. Sin presupuesto suficiente, el Estado no puede proveer servicios de calidad y suficientes en materia de sanidad, educación o protección social a una población en la que el 60% está en situación de pobreza y la mitad de sus niños padecen desnutrición crónica.

La falta de fe institucional del latinoamericano no tiene que ver solo con la inequidad y lo que considera una distribución de la riqueza injusta. “Hay falta de transparencia y eso genera desconfianza”, opinó Alfredo Suárez, secretario general de la Secretaría de la Integración Social Centroamericana (SISCA), de EUROsociAL, durante el debate celebrado en Antigua. “Cuatro de cada 10 habitantes de la región piensan que las democracias tienen problemas. ¿Cómo recuperar la confianza?”, planteó.

La propuesta más repetida fue “tender puentes” entre las instituciones y la sociedad civil organizada. El objetivo es doble: que las primeras sean más transparentes en su toma de decisiones y que los reclamos de la ciudadanía sean atendidos en la elaboración de las políticas públicas. La primera parte de la ecuación es fundamental, según los participantes, en la lucha contra la corrupción y lo que las organizaciones llaman la captura del poder por las élites. Aquí, garantizar el derecho a la información y el libre ejercicio del periodismo son claves. En América Latina, sin embargo, los casos de corrupción son tan habituales en las noticias como la persecución de los periodistas y los defensores de los derechos humanos que denuncian violaciones y malas prácticas. 

Guatemala tiene una de las presiones fiscales más bajas del mundo, así es muy difícil garantizar derechos

Miguel González Gullón, coordinador general de la Cooperación Española en Guatemala

En cuanto a la influencia ciudadana en la formulación de políticas, María de Barbieri, coordinadora de Uruguay Integra, de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto de aquel país, opinó que "las instituciones con baja participación caen en el desafío de la legitimidad”. “Pero si hay demasiadas mesas y se atrae a todos los actores, se da un problema de sustentabilidad, principalmente por los tiempos”, advirtió.

Una preocupación compartida por Diego Cortés, director del proyecto de innovación pública interministerial en Francia. “Hay que poner a todo el mundo alrededor de la mesa y que participen. Tenemos demasiados documentos macro que nadie lee. Los tecnócratas hablamos mucho. Pero esto tiene riesgos: se prolongan los plazos para la elaboración de políticas públicas, a veces se genera más conflictividad que soluciones y la gente progresivamente pierde el interés”, detalló.

El encuentro organizado por EUROsociAL en Antigua fue, precisamente, un intento de acercamiento entre unos y otros alrededor de la mesa. Stefano Gatto, embajador de la Unión Europea en Guatemala, se mostró sin embargo poco optimista en la posibilidad de recuperar la confianza de los ciudadanos, al menos, en el país centroamericano. “Aquí hay voces poderosas que están en contra de la lucha contra la desnutrición que es un monumental problema. La gente está decepcionada con la democracia ¿Cómo despertar el interés de los jóvenes que están escaldados?”, analizó.

Paraíso Desigual es un “experimento”, en palabras de su coordinador, Daniel Perera, para despertar ese interés perdido por los jóvenes guatemaltecos y conseguir posicionar la desigualdad en el debate público en el país. “Hay jóvenes que no se sienten identificados con las luchas y lógicas de las organización tradicionales. Por eso, hay que experimentar”, apuntó Perera. Ellos pusieron en marcha Cónica, una experiencia de batallas de raperos con temática relacionada con el desarrollo. Un puente musical.

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