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Periodismo y democracia en el G7

La propaganda, la desinformación y los rumores son tan perjudiciales como la contaminación para el planeta y van contra nuestro ideal de libertad, independencia y pluralismo

Kiosko de prensa.
Kiosko de prensa.

Si, en el verano de 2018, alguien hubiera predicho que, apenas un año después, los principales líderes reunidos en la cumbre del G7 debatirían una iniciativa sobre información y democracia impulsada por Reporteros Sin Fronteras (RSF), habríamos pensado que se trataba de una broma. Si alguien hubiera presagiado que una veintena de países estarían dispuestos a firmarla en la apertura de la Asamblea General de las Naciones Unidas, a finales de septiembre de 2019 —un compromiso solemne—, habríamos pensado que era una burla. ¿Cómo imaginar que en una sesión de trabajo dedicada a la tecnología digital los presidentes de Francia y de Estados Unidos, la canciller de Alemania, o los primeros ministros de Reino Unido, Canadá, Italia y Japón se ocuparían de un proyecto emprendido por un pequeño grupo?

El mundo de las ONG ya no es el que era. La sociedad civil ha desempeñado un papel fundamental en la búsqueda de soluciones frente al calentamiento global. En lo que respecta a la crisis democrática y, en particular, a la crisis de la información libre y fiable, la denuncia no basta. Como otros, lamentamos que el entorno de la información se vea contaminado por la propaganda, la desinformación, los rumores, que son tan perjudiciales como la contaminación para el planeta y que van contra nuestro ideal de libertad, independencia y pluralismo del periodismo, de su apego a la verdad. Pero, ¿de qué sirve denunciar estos fenómenos si no podemos frenarlos? Comprometámonos a abordar las causas, propongámonos encontrar la forma de que en la era digital se aplique el Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos relativa a la libertad de opinión y de expresión.

Somos pesimistas al pensar en la situación, pero optimistas en la acción; ha sido nuestra manera de avanzar. Pesimistas ante el ascenso al poder de dirigentes autoritarios y la expansión de la selva de la información favorecida por el desarrollo tecnológico. Tenemos el optimismo de una ONG que trabaja sin cesar para hacer de este un mundo mejor, apoyando a aquellos que se arriesgan para que mejore la situación. Hace poco más de un año nuestro equipo solicitó a ganadores del Premio Nobel, a periodistas que se enfrentan a regímenes autoritarios, a exdirigentes de organismos internacionales, a reconocidos especialistas en el área digital y a expertos en Derecho, que colaboraran en este proyecto. La mayoría de las personas a las que contactamos se unieron a él porque también están preocupadas por nuestras democracias, así como por la libertad de opinión.

Desde el 11 de septiembre de 2018, fecha en que la Comisión para la Información y la Democracia se reunió por primera vez, en París, se ha avanzado rápidamente. En menos de dos meses, esta comisión, integrada por 25 personalidades de 18 nacionalidades, elaboró y dio a conocer una Declaración Internacional que establece los principios fundamentales del espacio mundial de la información y la comunicación, un bien común de la Humanidad. El 11 de noviembre de 2018, 12 jefes de Estado y de Gobierno emprendieron un proceso político basado en esta declaración, que también es apoyada por el secretario general de Naciones Unidas, de la directora general de la UNESCO y del secretario general del Consejo de Europa. Desde entonces, se realizaron negociaciones discretas que permitieron llegar a un acuerdo de colaboración para la información y la democracia, incluido en la agenda del G7 a iniciativa del presidente de Francia, Emmanuel Macron.

El lugar en el que intercambiamos ideas e información, ese lugar del pueblo que ha adquirido una dimensión mundial, ahora está regido por plataformas digitales, privadas o públicas, que establecen las leyes y las reglas de este espacio. ¿Quién puede ver qué? ¿Quién tiene derecho de ciudadanía? Empresas digitales deciden con base en sus propias doctrinas. En otras palabras, estas crean las normas, establecen las estructuras del espacio de la información y la comunicación. Las plataformas ahora tienen el poder de los Gobiernos y los Parlamentos, pero los derechos de los individuos. ¿Por qué no delegarles el espacio público, si hacen un trabajo muy útil? Pero esto implica la obligación de respetar ciertos principios elementales.

Apenas estamos comenzando. Con esta iniciativa establecemos las bases para garantizar que exista la libertad de opinión y de expresión, condición sine qua non de la democracia. Reunimos a los países que también buscan que se sigan estos principios, sin dejar de tomar en cuenta que los retos y, por ende las soluciones, son de carácter internacional. Trabajando en la creación de un Foro sobre la Información y la Democracia, concebido para promover una regulación y una autorregulación pertinentes, en una lógica multilateral, concebimos soluciones. Es claro que, a escala mundial, no todos los dirigentes la apoyarán pero, ¿deberíamos quedarnos de brazos cruzados? En RSF creemos en la voluntad política, pero esta debe traducirse en actos. Tanto en cuestión de democracia, como de periodismo, existen principios que debemos garantizar.

Christophe Deloire es secretario general de Reporteros sin Fronteras.

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