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Violencia, cambio climático e inseguridad en la frontera de Europa

Las múltiples crisis del Sahel amenazan con extenderse hacia las zonas limítrofes si no se actúa de manera urgente, alertan funcionarios y expertos

Un grupo de personas viaja en una furgoneta en Niamey (Níger).
Un grupo de personas viaja en una furgoneta en Niamey (Níger). AFP

El factor religioso de por sí no es suficiente para comprender la escalada de violencia en el Sahel, una región definida como un “polígono de crisis” por los funcionarios y expertos que han participado este jueves en la jornada El Sahel, la otra frontera, organizada en Madrid por Casa África con la colaboración de Casa Árabe. Cambio climático, crecimiento demográfico e inseguridad son algunos de los factores se entrelazan en esta región que une el África del Norte con la zona subsahariana y crean un cóctel explosivo al cual no es posible dar una respuesta que se base exclusivamente en el aspecto militar. De no actuar de manera urgente, la situación podría precipitar y extenderse hacia el sur, amenazando también la estabilidad de Europa.

En los últimos años, Europa ha dirigido su mirada a esta zona en la que se encuentran algunos de los países más pobres del mundo en el intento de frenar los flujos migratorios y contener la amenaza yihadista. Sin embargo, a pesar de una intervención militar internacional cada vez mayor, los niveles de violencia en la región no han disminuido, sino que han ido a más. En apenas un año, las muertes se han incrementado en un 46% y cada vez hay más civiles entre los cadáveres.

La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) ha definido este jueves la crisis del Sahel como una "emergencia humanitaria sin precedentes", que suma ya 4,2 millones de desplazados por la violencia armada en la región.

“El conflicto no tiende a parar, sino a expandirse”, ha explicado Fernando Valenzuela, secretario de Estado de Asuntos Exteriores. “En la actualidad, 150 millones de personas viven en esta zona y se estima que se duplicarán en los próximos 20 años. Para que se desarrolle su economía debería crecer un promedio del 7% anual durante las próximas dos décadas. Es imposible pensar que pueda hacerlo si no hay seguridad”.

La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios ha definido la crisis del Sahel como una "emergencia humanitaria sin precedentes"

Esta franja de 700 kilómetros de ancho que se extiende a lo largo de 5.400 kilómetros, desde el océano Atlántico al mar Rojo, representa de alguna manera “la frontera casi directa de Europa”, según Ángel Losada, representante especial de la Unión Europea para el Sahel.

“Se trata de la frontera de nuestra frontera, la crisis libia nos acerca y nuestra seguridad depende de la seguridad del Sahel”, ha señalado. Y la respuesta tiene que ser regional, basada en la cooperación internacional, pero sin imponer la voluntad desde el exterior. Para Losada la ausencia del Estado representa “el oxígeno del terrorismo”, que canaliza el descontento por la pobreza y la situación social. Los grupos yihadistas, ha agregado, están usando enfrentamientos ancestrales entre agricultores y ganaderos para desestabilizar la zona, en un conficto que podría saltar a países como Benín, Ghana, Togo y Costa de Marfil.

“El Sahel en los últimos 10 años ha estado presente en el debate internacional, pero solo desde el punto de vista militar. Es hora de sacarlo de allí", ha asegurado Beatriz Mesa, periodista de la Cadena COPE y profesora africanista en la Universidad Internacional de Rabat. La docente ha alertado también de la peligrosidad de los discursos de odio y de la demonización de la etnia peul, protagonista de los choques entre comunidades en Malí. “El factor religioso de por sí no explica lo que ocurre. Para entender lo que está pasando en el norte del país, hay que tomar en cuenta también el aspecto económico, los tráficos ilícitos de drogas, armas y personas”.

Amadou Sall, coordinador de la Célula Regional de Prevención de la Radicalización del G5 Sahel —en el que participan Mauritania, Malí, Chad, Burkina Faso y Níger— cree que no es correcto hablar de genocidio con relación a la violencia ejercida contra los peuls. “Los choques entre comunidades van a continuar; hay muchos actores involucrados, no solo los yihadistas, que se aprovechan de la ausencia del Estado para sus propios intereses y la gente tiene una percepción muy negativa de las instituciones. Hay que acabar con la impunidad y reforzar la presencia del Estado”, ha asegurado. Pero no todo son desafíos. Para el director del think tank Mauritanie perspectives es importante que se hable también del potencial de la región, “un mercado enorme con una población muy joven”.

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