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¿Tiene salvación el SPD alemán?

Los socialdémocratas trazan a partir de hoy una hoja de ruta para elegir un nuevo líder. Queda la tarea de reflotar un partido que ha perdido gran parte de su atractivo

Esculturas de papel maché de los entonces líderes del SPD Andrea Nahles y Olaf Scholz en un barco que se hunde en Colonia, el pasado 4 de marzo.
Esculturas de papel maché de los entonces líderes del SPD Andrea Nahles y Olaf Scholz en un barco que se hunde en Colonia, el pasado 4 de marzo. REUTERS

De la política alemana emana estos días un cierto aroma a fin de ciclo. Lo que “siempre ha sido así” ha dejado de serlo y la fragmentación ha alcanzado de lleno a los grandes partidos paraguas alemanes. En esta sacudida política hay un perdedor muy claro: el partido socialdemócrata.

El SPD se ha vuelto a dar un sonado batacazo, esta vez en las europeas —15,8%— y también en Bremen, bastión socialdemócrata desde la II Guerra Mundial. Las réplicas de la sacudida no tardaron ni una semana en llegar. Su líder, Andrea Nahles, presentó su dimisión y tres semanas después no parece haber nadie dispuesto a dar el paso al frente en la sucesión. La crisis de identidad que arrastra el partido desde hace años ha entrado ahora en fase aguda.

"Estamos muy preocupados por nuestro partido", reconocen en una carta dirigida a las bases nueve expresidentes socialdemócratas. “El SPD atraviesa una crisis grave y las consecuencias existenciales no son solo para el partido, sino para todo el país”, añadía el texto impulsado por el excanciller Gerhard Schröder.

Este lunes la ejecutiva del SPD se reúne para trazar una hoja de ruta que propondrá el calendario y procedimiento para elegir a un nuevo jefe del partido, esta vez con la participación de los militantes y el cómo y el cuándo evaluarán la conveniencia de proseguir en la maltrecha coalición de Gobierno. El matrimonio malavenido con el que gobiernan de la mano del centro-derecha de la canciller Angela Merkel es para muchos en el SPD la causa primordial de todos sus males. Pero no solo. El SPD ha perdido buena parte de la conexión con la clase trabajadora a la que dicen representar y, sobre todo, han dejado de resultar creíbles para muchos jóvenes. Los resultados de las europeas fueron meridianos: entre los menores de 30 años, el SPD obtuvo apenas un 9% de los votos, según los datos que publicó la cadena ZDF. Si los jóvenes son el futuro, el del SPD se vislumbra, al menos a corto plazo, complicado.

“La polarización ha tardado más en llegar hasta Alemania, pero está claro que ha llegado”.

Michael Bröning, analista

La búsqueda de una línea de trabajo capaz de enderezar el rumbo no cesa. El pasado febrero, el SPD rompió formalmente con lo que muchos en el partido consideran su “pasado neoliberal”. Es decir, se desmarcaron de las reformas laborales que acometió Gerhard Schröder, conocidas como el Hartz IV, que traumatizaron a las bases socialdemócratas. El giro a la izquierda pacificó al partido y logró cierta cohesión, pero no logró que se tradujera en apoyos de puertas para afuera. En parte, porque tal vez llegaba demasiado tarde. Pero también porque, para muchos votantes, a estas alturas da un poco igual lo que diga un partido que, a ojos sobre todo de los jóvenes, “ha perdido la credibilidad”, según opinaba la noche electoral europea Marcel Glockner, un votante veinteañero, que celebraba el segundo puesto de los ecologistas en el cuartel general de Los Verdes en Berlín.

Que una cosa es lo que diga el SPD y otra lo que sea capaz de hacer, atrapado en la gran coalición de Gobierno, argumentan los descreídos. Esta es la tercera gran coalición con el bloque conservador CDU/CSU en los últimos 12 años y a la que entraron a regañadientes, conscientes de que su perfil político se difumina a pasos agigantados, sobre todo, bajo la batuta de una canciller con una particular habilidad para capitalizar logros propios y ajenos. Por eso se escuchan con fuerza estos días las voces que piden pasar a la oposición antes de 2021, la fecha que marca el calendario para el fin de la legislatura. Una probable ruptura anticipada del pacto mediría cuánto de culpa tiene la llamada Groko, Grosse Koalition, de los males del SPD y cuánto las dificultades del partido para sintonizar con las preocupaciones de los alemanes, con el medio ambiente a la cabeza, según reflejan las encuestas. 

“Tenemos buenas ideas, pero poco poder para implementarlas”, se lamenta una fuente parlamentaria socialdemócrata, a pesar de tener hasta seis ministros en el Ejecutivo de coalición y de haber sido capaces con frecuencia de marcar la agenda política en Berlín, como con el salario mínimo o las pensiones. Otra cosa es que sepan rentabilizarlo y visibilizarlo.

Las nuevas realidades sociales llevan escrito en teoría el nombre del SPD, partido-bandera de la clase trabajadora. Los que antes trabajaban en la mina hoy llevan comida en bicicleta a domicilio

El partido acarrea además ya a estas alturas el estigma de los perdedores, lo que le sumerge en un círculo vicioso muy difícil de romper. Cada titular es más deprimente que el anterior. Mientras Los Verdes, el partido de moda, logra transmitir una imagen optimista, el SPD no consigue resultar atractivo. A pesar de las llamadas a la renovación, no acaban de llegar las caras nuevas y los votantes en potencia asocian el partido con los rostros de siempre, solo que algo más envejecidos y acomodados. Por eso se perfila crucial el proceso para elegir en los próximos meses a un nuevo líder —o dos, se baraja la bicefalia—.

Michael Bröning, investigador del Friedrich-Ebert-Stiftung, el think tank próximo al SPD, considera que el perfil político emborronado del partido se convierte en un problema especialmente grave en tiempos de polarización y claridad ideológica. “La polarización ha tardado más en llegar a Alemania, pero ha llegado. Estamos en la carrera por la autenticidad y la puridad ideológica; la autorradicalización en las ecochambers [cajas de resonancia]”, piensa Bröning. AfD y Los Verdes, con mensajes claros, contra la inmigración los primeros y de lucha contra la crisis climática los otros, han demostrado tener más tirón. “Los jóvenes ya no quieren ser parte de un partido ni sentarse en aburridas asambleas; quieren un proyecto al que apuntarse, como salvar el planeta. Mientras, el SPD trata de agradar a muchos, de ser un partido paraguas y acaba por convencer a muy pocos”. 

Las guerras internas y las luchas de poder también les han hecho mucho daño. Esta enésima crisis ha sacado lo peor de un partido en el que han vuelto a volar los cuchillos en la sede de Willy Brandt y en el que se han escuchado voces en contra del presunto tufo misógino que supuestamente despidió la defenestración de la líder. “Me avergüenzo de ello”, tuiteó Kevin Kühnert, líder de las poderosas juventudes socialistas (Jusos), que recientemente ha sido portada de Der Spiegel como potencial candidato a abanderar la renovación del partido, lo que provocó a su vez reacciones furibundas.

Pero lo cierto es que, hasta ahora, el silencio es demoledor. “Trabajo de mierda disponible”, titulaba con sorna Die Tageszeitung tras la salida de Nahles. Nadie parece querer capitanear un barco a la deriva, que algunos temen pueda hundirse. Las citas electorales previstas para septiembre y octubre en el este de Alemania amenazan con propinar nuevos golpes al SPD. No parece la mejor forma de arrancar un nuevo liderazgo, quizá piensen los aspirantes que arrastran los pies. 

Pero el futuro no está ni mucho menos escrito. La volatilidad política es trepidante y hace apenas dos años el SPD lideraba las encuestas a lomos del llamado efecto Schulz, por el expresidente de la Eurocámara, que llegó a encabezar los sondeos para acto seguido desinflarse como un globo de helio. Además, piensan en el partido, otras resurrecciones socialistas se han visto —Dinamarca, España, Holanda…— y albergan la esperanza de que el proceso de elección de líderes excite el entusiasmo de unas bases que no ganan para disgustos. Por eso, sostienen, es tan importante que sea un proceso participativo y no a dedo desde Berlín.

Además, son conscientes de que, en realidad, el viento sopla a su favor. Las nuevas realidades sociales —digitalización, precarización del empleo … — llevan escrito en teoría el nombre del SPD, partido-bandera de la clase trabajadora. Los que antes trabajaban en la mina son los que hoy llevan comida en bicicleta a domicilio. Que lo sepan aprovechar, es ya otra historia. 

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