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RESEÑA LITERARIA

Entrelazando cultura y petróleo

El libro 'La Cultura como Recurso Renovable' de Penélope Plaza Azuaje analiza la relación entre el crudo y el desarrollo urbano

Balancín Petrolero Ampliar foto
Balancín Petrolero Wikimedia Commons

La interrelación entre petróleo, estado y modernización –muy utilizada dentro del campo político y económico– también es determinante para analizar la cultura y el desarrollo urbano desde otras perspectivas.

Desde su descubrimiento, el petróleo ha afectado el orden social de las ciudades en formas muy tangibles a través de la transformación radical del entorno. A modo de ejemplo, el descubrimiento del petróleo en Dubái en los años 1960 supuso un cambio tanto en la economía como en la administración, conformándose una década más tarde los Emiratos Árabes Unidos. En Venezuela, grandes cambios urbanos se ejemplificaron a principios del siglo pasado en proyectos de infraestructura, patrones de consumo, relaciones sociales, rápida urbanización de las ciudades y múltiples negociaciones entre estados y corporaciones petroleras para proteger y salvaguardar las reservas de petróleo y el capital.

Entrelazando cultura y petróleo

El reciente libro “Culture as Renewable Oil” (La cultura como petróleo renovable), escrito por la arquitecta venezolana Penélope Plaza Azuaje y publicado por Routledge, analiza desde la academia el poder e incidencia del petróleo tanto en el territorio como en la sociedad, con el fin de entender cómo este recurso mineral ha sido concebido y utilizado, especialmente en las políticas implementadas en Venezuela desde su descubrimiento hasta 2014, ya concebida la Revolución Bolivariana.

Fue en los años 1920 cuando los hidrocarburos toman su papel protagónico en el escenario petrolero mundial. Venezuela pasó de ser un país agrícola a ser conocido como un país petrolero donde la mayor parte de su economía rápidamente fue dependiendo de la renta petrolera, es decir, se transformó en una economía de carácter rentista y que, con los años, se definió por su condición extractiva. En una reciente conversación con la autora, Plaza asegura que “el siglo XX ha sido, sin duda, la era del petróleo”.

A lo largo del siglo XXI, la vida venezolana ha evolucionado sobre la base de la explotación de los hidrocarburos y son muchas las formas en las que las manifestaciones del acontecer venezolano tienen un signo de esa explotación: desde la cultura y política hasta los hábitos cotidianos y el territorio. El petróleo impregna todas las capas de la sociedad. Fue en el año 2012 cuando las cifras revelaron que las exportaciones del crudo venezolano representaban el 96 % de todas las ventas. Es decir, el país era casi 100 % dependiente del petróleo.

La metáfora agrícola “sembrar el petróleo” –expuesta por Arturo Uslar Pietri en 1936– sirve como hilo conductor del libro para entender los frutos de la cosecha petrolera: “el petróleo es solo la semilla, pero todo gira en torno quien se adueña de ella”, asegura Plaza.

Logo Siembra Petrolera, PDVSA
Logo Siembra Petrolera, PDVSA

Un recorrido por la historia venezolana –desde el descubrimiento de este recurso mineral hasta la llegada al poder de Hugo Chávez– es necesario para comprender como esta semilla ha ido concentrándose y esparciéndose en el territorio, hasta llegar a descifrar que el poder subyace en quién es el propietario del subsuelo. Así, esta obra sirve para entender cómo el estado venezolano ha adquirido el monopolio de todo lo descrito, y cómo el territorio, el poder burocrático y la cultura convergen en lo que se denomina como Petroestado.

Según la autora, toda la infraestructura cultural venezolana (museos, universidades, cinematecas, ateneos, sistema de orquestras…) nace con el Petroestado y el discurso del libro, en términos generales, se sustenta en que la cultura moderna existe porque el petróleo existe. Consecuentemente, la condición tanto petrolera como extractivista determina la condición cultural de la nación. Tal y como asegura Plaza, “es importante entender como se ha cosechado la cultura a partir de la siembra petrolera”.

Sin ser un libro puramente político, la política y la cultura están interconectadas para desenmarañar el poder del Petroestado venezolano y su incidencia a través de las instituciones culturales como herramienta vital de control y poder. Además, se cuestiona la función secundaria que adquiere el espacio público en Venezuela, cuáles son los mecanismos que permiten a la compañía petrolera PDVSA (Petróleos de Venezuela, S.A) tomar posesión y control de los espacios de la ciudad, así como también apoderarse de la infraestructura cultural de la capital.

En conversación con la autora, Plaza comenta que “Venezuela ya no genera nueva riqueza ya que el petróleo no se utiliza para promover nuevas tecnologías; más bien, se ha hecho una re-semantización de lo que ya existía durante los tiempos de bonanza, utilizando y redefiniendo la imagen cultural como lo criollo, por ejemplo”.

De hecho, Plaza explica que el mundo sigue dependiendo del petróleo: "No tan solo se trata de un tema de energías fósiles, sino que el petróleo está presente en nuestra ropa, equipos médicos, tintes, aislantes, lubricantes, transporte… vivimos y dependemos del petróleo". La autora está convencida que “la transición para conseguir un futuro no dependiente de este mineral no es un tema político ni tecnológico, sino que se debe apostar por un cambio cultural”.

En la actualidad, el carácter destructivo de la economía venezolana es evidente pues la riqueza del suelo no aumenta ya que la producción agrícola decae tanto en cantidad y calidad; hay fallas en exportación, esterilización de las tierras sin abonos, métodos anticuados de cultivo, destrucción de bosques sin replantar para ser convertidos en leña y carbón vegetal… sin adentrarnos en el ecocidio producido en los estados del sur causado por el reciente programa “arco minero” que espera explotar oro, coltán, diamante y bauxita, entre otros minerales.

La crisis venezolana es estructural y cultural y este libro es una pequeña contribución para asumir el contexto tan complejo que atraviesa el país sin caer en extremos partidistas sino, más bien, entendiendo el país desde una visión holística. Culture as a renewable oil –de momento, solo disponible en inglés– es un aporte riguroso y necesario que, definitivamente, ayuda a comprender un caso inédito en el mundo.

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