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Parid, malditas

Total que, aquí y ahora: España, 2019, pareciera que, si no pares, no eres nadie

La candidata del PP a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en el Parque de Abastos de Aranjuez.
La candidata del PP a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en el Parque de Abastos de Aranjuez. EFE

Recuerdo con horror mis puerperios, perdón, pospartos, que luego decís que escribo raro. Que lo pasé malamente tras alumbrar a mi prole, vamos. Pezones como badajos. Barriga cual zepelín desinflado. Perineo a punto de cruz. Sueño de días, cansancio de siglos. Un planazo, vaya. Ya sé que cada una es un mundo y que algunas salen del paritorio puestísimas de endorfinas y con los pitillos puestos, pero creedme, lo juro: a la semana de parir, el 99% de las mujeres no está para emprender nada que no sea el cuidado del crío, su recuperación física y anímica y la reorganización de su vida con un cachorro a cuestas. Esto, que es de una obviedad meridiana, resulta que hay que volver a explicarlo porque algunos políticos, y políticas, se han empeñado en volver a ponernos a parir a todas en todos los sentidos. Insultándonos la inteligencia y conminándonos a producir españolitos a destajo.

“Vamos a llenar los parques de niños”, promete Rocío Monasterio, candidata de Vox al Gobierno madrileño. “Defiendo a mujeres como mi amiga Ana, que hace una semana que tuvo a su niña y ya está emprendiendo por el mundo”, suelta la popular Isabel Díaz-Ayuso, que ya había prometido considerar al gameto como miembro de la familia desde el mismísimo Predictor. Hasta la ciudadana Begoña Villacís, con su espléndido bombo de nueve meses en los carteles, parece invitarnos a embarazarnos por nosotras o gestar para otras por puro altruismo, como propone su partido para legalizar los vientres de alquiler, perdón, gestación subrogada. Total que, aquí y ahora: España, 2019, pareciera que, si no pares, no eres nadie. Menos mal que una ya está exenta de esas funciones, aunque cualquier día se lleva un susto por no ponerse el DIU de último minuto, que si no, se sentiría una mala patriota. Dicho esto, corro a hacerme la pedicura, que Ortega-Smith-Weson ya nos deja cortarnos las uñas y no sea que se arrepienta.

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