Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Iglesia ortodoxa: la otra guerra de Ucrania

iglesia ortodoxa ucrania
Dos niñas, durante la última misa de celebración del fin de la Epifanía ortodoxa en el monasterio de las Cuevas (Kiev), uno de los tres centros más importantes de Ucrania.

El enfrentamiento entre Kiev y Moscú ha alcanzado a la religión. El nacimiento de la Iglesia Ortodoxa de Ucrania, impulsada por el hasta ahora jefe del Estado, Poroshenko, busca unir a todos los fieles nacionales, repartidos hasta hoy en otras tres organizaciones, la más numerosa de ellas dependiente del patriarca de Moscú. Al dilema de los creyentes se une una dura lucha por el control de los templos.

LA GUERRA de las Iglesias azota Ucrania y plantea desgarradores dilemas de lealtad a los cristianos ortodoxos de ese país. Se trata de un enfrentamiento por el liderazgo espiritual, el patrimonio material y, sobre todo, por el poder y el concepto del Estado. La contienda se suma a otras refriegas, desde las que producen víctimas de carne y hueso en las regiones orientales de Donetsk y Lugansk hasta las pugnas lingüísticas y culturales por afirmar y consolidar el ucraniano como idioma nacional. En el trasfondo de esas batallas está la accidentada búsqueda de la identidad, que se plantea hoy en Ucrania tanto desde el Estado como desde la sociedad.

Una nueva Iglesia acaba de nacer. Es la Iglesia Ortodoxa de Ucrania (IOU), impulsada por Petró Poroshenko, el jefe del Estado en funciones (acaba de perder la presidencia frente al cómico Vladímir Zelenski), para unir a todos los ortodoxos del país, dispersos hasta hace poco en tres comunidades distintas. Antes de que se fundara la IOU, la Iglesia Ortodoxa de Ucrania de la Patriarquía de Moscú (IOU PM), la confesión más numerosa, tenía 12.000 parroquias; la seguían la Iglesia Ortodoxa de Ucrania de la Patriarquía de Kiev (IOU PK), con 6.000 parroquias, y una Iglesia independiente minoritaria, con 1.000 parroquias.

Un grupo de fieles hace cola en el templo de Pochayiv para besar una roca donde, según la leyenda, la Virgen María dejó una huella tras descender de los cielos para ayudar a los habitantes de la localidad en 1675, durante la invasión turca.
Un grupo de fieles hace cola en el templo de Pochayiv para besar una roca donde, según la leyenda, la Virgen María dejó una huella tras descender de los cielos para ayudar a los habitantes de la localidad en 1675, durante la invasión turca.

Del proceso de unificación en torno a la IOU ha quedado fuera la IOU PM, pero, por ley, sus parroquias pueden decidir si permanecen fieles al liderazgo moscovita o si se pasan a la nueva comunidad. La decisión deben tomarla los fieles en asamblea. El proceso está en marcha.

¿Se puede ser cristiano ortodoxo en Ucrania y tener como máxima autoridad a un patriarca ruso que reside en Moscú y que apoya la política imperial del Kremlin? ¿Se puede separar la figura de ese patriarca de la política de Rusia y de su intervención militar en apoyo de los secesionistas del Este y la anexión de la península de Crimea? ¿Qué se pierde y qué se gana durante la transformación de un país fraternalmente unido a Rusia en otro que, dolido y humillado por el comportamiento del “hermano mayor”, lo rechaza y escapa hacia Occidente?

Es difícil ser ortodoxo en Ucrania y tener como máxima autoridad a un patriarca ruso

Estas y otras preguntas están hoy en el aire tras la creación de la IOU, la nueva Iglesia nacional, que ha sido posible después de que el patriarca Bartolomé, de la Iglesia Ecuménica de Constantinopla (entidad con función coordinadora y de primus inter pares entre las 15 Iglesias ortodoxas existentes en el mundo), haya reconocido oficialmente el derecho a existir de una Iglesia local ucraniana y su independencia de la Iglesia Ortodoxa Rusa (IOR), a la que estaba vinculada desde fines del siglo XVII. El decreto que culminó el proceso de independencia (el denominado tomos) fue firmado el 5 de enero en Estambul por el patriarca Bartolomé en presencia del presidente Poroshenko.

Un coro de monjas canta salmos durante el servicio de la mañana en el monasterio femenino del Manto de la Virgen, en Kiev.
Un coro de monjas canta salmos durante el servicio de la mañana en el monasterio femenino del Manto de la Virgen, en Kiev.

La IOR considera Ucrania su territorio canónico y no reconoce la autoridad de Bartolomé para promulgar el decreto. El patriarcado de Moscú ha roto relaciones con la Iglesia de Constantinopla y considera cismáticos a los integrantes de la IOU. Entre bastidores, la diplomacia rusa ha promovido los intereses de la IOR en Grecia, en Constantinopla y en otros centros ortodoxos de Europa, con el fin evitar el reconocimiento internacional de la nueva comunidad. De momento, la mayoría de las Iglesias ortodoxas del mundo están a la expectativa. No han reconocido la nueva Iglesia ucraniana, pero tampoco han dado la espalda a la nueva entidad, que surgió en un concilio de unificación celebrado el 15 de diciembre pasado. Varios jerarcas disidentes de la IOU PM se han integrado también en la IOU, después de que Constantinopla le diera luz verde.

Como jefe de la IOU ha sido nombrado el metropolita (un cargo eclesiástico equivalente al católico de arzobispo) Epifanio, de 40 años, que celebró los oficios de la Navidad ortodoxa en presencia de Poroshenko y que fue entronizado en la catedral de Santa Sofía de Kiev a principios de febrero.

La realidad en esta época de transición es que lo nuevo sigue coexistiendo con lo viejo. La IOU PK está en proceso de disolución, pero el metropolita Filaret, de 90 años, que la dirige, no se ha dado por enterado de los cambios. Nombrado patriarca honorario de la IOU, Filaret, que en el pasado aspiró a dirigir la Iglesia Ortodoxa Rusa en Moscú, sigue comportándose como si fuera el máximo dirigente de los ortodoxos de Ucrania, afirman medios eclesiásticos en Kiev.

Monjes y sacerdotes ortodoxos se dirigen a la tradicional comida de la Epifanía en el monasterio de las Cuevas, en Kiev.
Monjes y sacerdotes ortodoxos se dirigen a la tradicional comida de la Epifanía en el monasterio de las Cuevas, en Kiev.

El Estado presiona para acelerar el trasvase de fieles y parroquias y para acotar el terreno de los seguidores del patriarca ruso Kiril. Desde principios de año y hasta mediados de marzo, unas 500 parroquias de la IOU PM se habían pasado a la nueva Iglesia, según el canal de televisión ucraniano TSN. Legalmente, para cambiar de jurisdicción, las parroquias deben organizar asambleas a las que han de asistir dos tercios de sus feligreses. La decisión se considera válida si cuenta con dos tercios de los votos de los asistentes.

“El Estado se ha inmiscuido en la Iglesia. No hay que confundir la política y la fe en Dios. Antes de que nos dieran el tomos, no nos consideraban separatistas, pero ahora sí”, dice María, una mujer de mediana edad que, junto con otros ortodoxos de la IOU PM, monta guardia día y noche en tres turnos en la iglesia del Arcángel San Miguel de Zadubrivka (pueblo en la región de Chernivtsi, en el suroeste de Ucrania) para evitar que los fieles de la IOU ocupen el edificio y se lo arrebaten. En la calle, el párroco, el padre Leonid, discute con Mikola, un vecino del pueblo y veterano de la Operación Antiterrorista (nombre con el que se denominó inicialmente la guerra contra los separatistas del Este de Ucrania apoyados por Rusia). Mikola es ahora uno de los manifestantes que cada domingo a mediodía acuden a reclamar el templo. “Juré fidelidad a Ucrania”, dice Mikola, buscando la comprensión del padre Leonid. Su esposa lo mira con severidad, no se sabe si por la posición de su marido o por el olor a alcohol que desprende.

Varios niños observan una mesa llena de dulces ante la mirada  de un monje en el monasterio.
Varios niños observan una mesa llena de dulces ante la mirada de un monje en el monasterio.

En Zadubrivka hay 900 vecinos. La iglesia del Arcángel San Miguel se construyó cuando la región pertenecía al imperio austrohúngaro. De aquella época es el imponente libro de rezos, que pasa de generación en generación. “¡Publicado en Viena en 1855 y escrito en eslavo eclesiástico!”, exclama el padre Leonid, mostrando el tomo encuadernado en cuero. No lejos de aquí, en el pueblo de Vaslovitsi, donde los fieles montan también guardia para evitar que su iglesia sea ocupada, hay otro libro igual, también en eslavo eclesiástico, pero impreso en Kiev en 1876.

La diplomacia de Moscú intenta evitar que la nueva Iglesia sea reconocida en el mundo

Para completar los turnos de guardia, un monasterio vecino ha enviado refuerzos al padre Leonid, quien además ha rodeado la iglesia de cámaras de televisión.

Una peregrina se masajea los pies a las puertas de la iglesia del monasterio.
Una peregrina se masajea los pies a las puertas de la iglesia del monasterio.

“Perdemos templos, pero ganamos a los feligreses. La prueba los ha fortalecido”, dice en Chernivtsi el jefe de la diócesis, el metropolita Meleti, de la IOR PM. “Con la Iglesia Ortodoxa Rusa solo nos unen los vínculos espirituales del rezo. No tenemos vínculos materiales ni sentimos su influencia”, asegura el metropolita, un hombre jovial nacido en el sur de Rusia, que habla correctamente el ucraniano y que predica en ese idioma.

La diócesis dirigida por Meleti controlaba a principios de año 350 parroquias, 15 monasterios y 450 sacerdotes. Hasta el 5 de marzo, ocho de sus parroquias se habían pasado a la IOU. Meleti denuncia los traspasos truculentos de Iglesia y explica que para votar sobre el futuro de los templos se celebran asambleas de vecinos, propiciadas por los funcionarios de los Ayuntamientos, en lugar de verdaderas reuniones de fieles. “Eso va contra la ley. Antes no teníamos listas de feligreses, pero ahora los registramos y con esas relaciones de nombres podemos ir a los tribunales e impugnar las asambleas vecinales organizadas desde los Ayuntamientos”, señala. En Kiev, el diputado de la Rada Suprema, Viktor Yelensky, acusa a su vez a la IOU PM de amañar las listas y de excluir de ellas a los feligreses más críticos de la comunidad.

El sacerdote Alexander celebra misa en una casa abandonada de Olienivka, después de que su templo fuera ocupado por personas de extrema derecha y entregado a la Iglesia Ortodoxa de Ucrania.
El sacerdote Alexander celebra misa en una casa abandonada de Olienivka, después de que su templo fuera ocupado por personas de extrema derecha y entregado a la Iglesia Ortodoxa de Ucrania.

“El Estado ucraniano, en la persona de Poroshenko, ha cambiado de actitud hacia nuestra Iglesia y nos identifica con Rusia y el agresor”, opina Meleti. “La Constitución ucraniana establece que la Iglesia debe estar separada del Estado”, afirma el metropolita. Meleti asegura haber recibido la visita de agentes de los servicios de seguridad de Ucrania, quienes, con el propósito de convencerle para que se pase a la nueva Iglesia, lo habrían tentado con la oferta de privilegios y cargos. El metropolita se ríe: “Yo no necesito nada”.

Tanto la jerarquía eclesiástica como los fieles de la IOU PM afirman que sus únicas relaciones con Moscú son de carácter espiritual. “Solo queremos servir y rezar al verdadero Dios. No apoyamos el sistema. En Rusia están nuestras reliquias y la Iglesia que ha luchado por la limpieza de la fe ortodoxa sin retroceder ni un paso”, dice María, una feligresa de Zadubrivka. Tanto ella como otros feligreses encerrados en el templo del pueblo se expresan habitualmente en ucraniano, pero pasan sin problema al ruso.

Un grupo de monjas hace pan en el monasterio femenino del Manto de la Virgen.
Un grupo de monjas hace pan en el monasterio femenino del Manto de la Virgen.

Reconoce el padre Leonid que la guerra en el Este ha desempeñado un gran papel en la reivindicación de una Iglesia ucraniana y que los veteranos de la guerra están entre los activistas que promueven este proyecto y combaten también a la IOU PM. “Uno de sus argumentos es que, mientras Rusia lucha contra Ucrania, nosotros rezamos por Putin y por Kiril, que bendice los tanques que disparan contra nuestros soldados”, afirma el sacerdote.

Fieles del patriarcado de Moscú ocupan sus templos para evitar que se los quiten

La posición de este párroco respecto al patriarca Kiril no es fácil. “No ha sido un padre amante. En mi opinión, ha sido un padrastro. Se lo dije al metropolita Meleti y lo digo ante todos los feligreses”, afirma. Y continúa: “En las alturas juegan a la política y nosotros, aquí, somos el chivo expiatorio. Si nos hubiera tratado como a su rebaño, Kiril debería haber actuado de otro modo. Sea como sea, el patriarca Kiril está lejos, en Moscú, pero Poroshenko está en Kiev, y es garante del Estado, y como tal debería haber fomentado la paz, pero lo que está haciendo es sembrar la discordia. Nos ha enfrentado entre nosotros”, dice Leonid. El párroco piensa que el enconamiento de la guerra de religiones es una maniobra política para desviar la atención del deteriorado nivel de vida de los ucranianos. El enfrentamiento entre unos ortodoxos y otros, sin embargo, había comenzado ya antes, explica. “Tras la Revolución Naranja ya se produjo la primera oleada”, dice Leonid, refiriéndose a las protestas populares de 2004.

Dos peregrinos descansan en los aledaños del monasterio de las Cuevas, en Kiev. Al fondo pueden verse las torres y las cúpulas de la catedral.
Dos peregrinos descansan en los aledaños del monasterio de las Cuevas, en Kiev. Al fondo pueden verse las torres y las cúpulas de la catedral.

El experimento de preguntar a los fieles que acuden a un servicio religioso a qué jurisdicción pertenece su parroquia puede arrojar resultados sorprendentes, según pudo comprobar esta corresponsal tanto en Kiev como en Chernivtsi. A juzgar por las respuestas, existe un enorme grado de confusión acerca de la autoridad eclesiástica a la que se somete una u otra Iglesia o sobre el idioma en el que se imparten los servicios.

En diferentes puntos de Ucrania hay feligreses de la IOU MP atrincherados en sus templos para evitar que le sean arrebatados por sus adversarios de la IOU. Los dos grupos enfrentados tienen sus argumentos. Unos se han fortalecido en la resistencia, que da un nuevo sentido a sus vidas, y otros exploran el terreno de libertad que Constantinopla ha legalizado. “Nunca habíamos rezado con tanto fervor”, dice Dunka, que monta guardia en la iglesia del pueblo de Vaslovitsi. El mismo fervor, el mismo entusiasmo, puede advertirse en Daria Morozova en la sala de conferencias de la catedral de Santa Sofía de Kiev durante un evento para presentar el último tomo de una colección de libros dedicados a los santos del calendario. La colección da a conocer a personalidades que la nueva Iglesia considera significativas. Morozova explica que la IOR descuidaba a los santos ucranianos o bien los presentaba como si fueran rusos. Los ortodoxos de Rusia y de Ucrania han discrepado también sobre la canonización de los “nuevos mártires” ucranianos. La expresión “nuevos mártires” sirve para designar a los fieles ortodoxos que fueron represaliados por sus ideas anticomunistas. En Ucrania el anticomunismo se teje con el nacionalismo, lo que resulta una combinación compleja y delicada vista desde la óptica de los ortodoxos de Moscú. El deslinde entre los que se orientan hacia el patriarcado de Moscú y los que buscan nuevos puntos de referencia no es nítido todavía. Morozova, que defiende las posiciones de la nueva Iglesia, dice, sin embargo, seguir perteneciendo todavía a la IOR porque “ahí está mi director espiritual”.

Un sacerdote de la Iglesia Ortodoxa de Ucrania  de la Patriarquía de Moscú bendice agua para los vecinos del distrito de Dniprovski, en Kiev.
Un sacerdote de la Iglesia Ortodoxa de Ucrania de la Patriarquía de Moscú bendice agua para los vecinos del distrito de Dniprovski, en Kiev.

La mañana de un domingo de primavera, en uno de los templos del monasterio de las Cuevas de Kiev, la meca de la ortodoxia eslava, una decena de sacerdotes de la IOU PM celebran una solemne misa, mientras el coro entona cánticos en eslavo eclesiástico. Apostados discretamente en los accesos al recinto hay vigilantes que dirigen escrutadoras miradas a quienes entran en el templo. Su objetivo es prevenir eventuales incursiones de sus rivales religiosos, que controlan ya la catedral de Santa Sofía, otro de los grandes centros ortodoxos de Kiev. El ambiente de la misa dominical en el monasterio de las Cuevas contrasta con el de la misa dominical en la catedral de Santa Sofía. En la primera es pomposo y solemne, en la segunda casero y familiar. En la primera se canta en eslavo eclesiástico y hay algunos bancos laterales donde se sientan personas de edad avanzada o enfermas, y en la segunda se canta en ucraniano y hay sillas en abundancia que cualquiera puede usar. A la entrada de ambos templos, los mendigos piden limosna y los activistas recaban donativos para distintas obras de beneficencia.

En el quiosco de objetos religiosos del monasterio de las Cuevas se venden libros, mayoritariamente escritos en ruso pero editados en Kiev. Nada de cuanto allí se vende, sin embargo, recuerda a Kiril o a la Iglesia Ortoxa Rusa. Es más, la dependienta que despacha velas y cobra por las oraciones personalizadas se irrita si se le pide una estampa o un texto del patriarca de Moscú. “Aquí no tenemos nada que ver con él”, exclama con suspicacia.