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MIRADA EXTERIOR COLUMNA i

Letra pequeña

Leer y contrastar los programas de los partidos puede resultar una tarea ardua para el votante

Pedro Sánchez, junto a Cristina Narbona y Carmen Calvo, en la presentación del programa socialista.
Pedro Sánchez, junto a Cristina Narbona y Carmen Calvo, en la presentación del programa socialista.

Leer y contrastar los programas de los partidos puede resultar una tarea ardua para el votante. Quizá por ello algunos partidos no han tenido prisa en publicar la versión íntegra de éstos. Algunos han apostado por difundir primero versiones sintéticas a modo de tráiler, como Ciudadanos con los 10 compromisos de Rivera con España o el PSOE con sus 110 compromisos con la España que quieres. Una vez publicados los programas completos, la mayoría procura aligerar la tarea al elector ofreciendo resúmenes de lectura fácil (Podemos, PSOE y Ciudadanos) o enumeraciones de una página (PP). Por su parte, Vox publica por separado un programa electoral y un programa económico que incluye un anexo sobre cómo reducir el gasto público. Repasar someramente esta proliferación de textos resulta, cuanto menos, útil para conocer, más allá del lenguaje hiperbólico de la campaña, las prioridades de las cinco principales formaciones en liza. El diseño, la manera en que cada partido presenta sus medidas, es también una valiosa fuente de información sobre sus respectivos estilos.

Si el programa del PSOE tiene como primer bloque la economía, sus 110 compromisos —en cuyo índice la palabra España aparece siete veces— abren con un Pacto de Estado por la Educación. El grafismo, sin imágenes, recuerda el que emplean museos de arte contemporáneo. Tras una breve introducción donde la palabra España figura sólo una vez, el Programa de Podemos para un nuevo país entra de lleno en la transición ecológica. La izquierda quiere mirar al futuro: el primer compromiso del PSOE es aumentar la inversión educativa hasta alcanzar el 5 por ciento del PIB en 2025 y, el de Unidas Podemos, reducir la producción energética basada en combustibles fósiles a la mitad en una década.

“Acabar con los privilegios de los nacionalistas”, arrancaba el decálogo de Rivera con un acento áspero. “Defender la unidad de España y garantizar la igualdad de derechos de todos los ciudadanos”, dice el programa en un tono más institucional. “Tolerancia cero con la corrupción” es el siguiente capítulo de los naranjas. Los sucesivos alternan medidas liberales y de protección de la clase media trabajadora. El PP transcribe sus 500 medidas en una fuente pequeña, sin resaltados, dentro de un extenso catálogo de apariencia corporativa. El primer bloque está dedicado al “fortalecimiento de la nación”: unidad de España, Constitución, modelo autonómico y Unión Europea.

El segundo aborda “una economía moderna y avanzada”. En un documento accesible, estéticamente poco elaborado, con una discreta bandera española en cada página, Vox también abre con la cuestión nacional-territorial a la que sigue la reforma de la ley electoral (incluyendo la supresión de las listas paritarias), la inmigración y la lucha contra el fundamentalismo islámico.

Documentos minimalistas, resúmenes para inexpertos, manuales exhaustivos… ojalá esta generosa oferta literaria inspire al votante a dedicarle unas horas de la Semana Santa a conocer la letra pequeña de lo que proponen nuestros candidatos.

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