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Generación X

Una de las novedades de estas elecciones generales es que los candidatos de los principales partidos pertenecen a ella

Pablo Iglesias durante un mitín el sábado en Las Palmas de Gran Canaria.
Pablo Iglesias durante un mitín el sábado en Las Palmas de Gran Canaria. EFE

Hace un par de años, con motivo de la victoria de Macron, escribí un texto sobre la generación X, los nacidos entre mediados de los años 60 y principios de los 80, a la que el presidente francés pertenece. Una generación que ha sido inusualmente lenta en su transición a la edad adulta y cuyo acceso a puestos de liderazgo se ha visto obstaculizado por la longevidad profesional de la generación del baby boom. Sus años formativos abarcan la caída del Muro de Berlín y, de refilón, el 11-S. Vivió con entusiasmo la integración europea a través de las becas Erasmus y el Interrail y, cuando, por fin, sus miembros más jóvenes parecían dispuestos a emanciparse y formar familia; fueron golpeados por la Gran Recesión.

Una de las novedades de estas elecciones generales es que los candidatos de los principales partidos pertenecen todos a la generación X, especialmente, a su franja tardía: Pedro Sánchez es de 1972, Santiago Abascal de 1976, Pablo Iglesias de 1978, Albert Rivera de 1979 y Pablo Casado de 1981. Salvo Sánchez, todos nacieron después de la muerte de Franco. Crecieron durante los primeros años de nuestra democracia, eran adolescentes en el 92 y conocieron Internet en su veintena. Es probable que no todos compartieran piso, pero todos tienen hijos y, salvo Abascal, ninguno los tuvo antes de los 30. El último en sumarse a la experiencia de la paternidad es Iglesias.

Algo que caracteriza a la generación X en España es que la proporción de sus miembros que ha tenido hijos tarde o, directamente, no tiene hijos supera con creces a la misma proporción en generaciones anteriores. Una emancipación tardía, la precariedad laboral y el desincentivo que supone, sobre todo para las mujeres, la perspectiva de una conciliación entre vida familiar, laboral y personal muy difícil o imposible en la práctica; explican la decisión de aplazar los hijos o, incluso, renunciar a ellos. Hace unos días, Pablo Iglesias redundaba en lo demandante de los inicios de la crianza en la entrevista que le realizaba el youtubero Fortfast WTF. Al ser preguntado qué era lo primero que veía en el espejo cuando se levantaba por la mañana, respondió: ojeras.

Si a nuestros candidatos les preocupa la baja natalidad, convendría que en la campaña hablaran más de las ojeras, metáfora de los retos que implica hoy en día criar y educar a la par que desempeñar un empleo y seguir desarrollándose como persona. Sospecho que a muchos padres y madres de la generación X, también a los millennials que lo son o están considerando serlo, les gustaría oír con más frecuencia que sus candidatos hacen malabares y sacrifican sueño para poder estar con sus hijos sin desatender sus demás responsabilidades. Sería una postura más honesta y realista desde la que, a continuación, proponer medidas concretas y viables para poder vivir sin —o con menos— ojeras.

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