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De la hecatombe nuclear a la isla abandonada: el poder de fascinación de las ciudades fantasma

Hace 33 años escuchamos hablar por primera vez de un lugar llamado Chernóbil. Hoy es un territorio deshabitado que, junto a otros ejemplos en todo el mundo, inspiran tanto miedo como intriga

La noria abandonada (y jamás estrenada) de Prípiat es el gran símbolo del desastre de Chernóbil, que en 1986 vació una ciudad entera.
La noria abandonada (y jamás estrenada) de Prípiat es el gran símbolo del desastre de Chernóbil, que en 1986 vació una ciudad entera. Getty Images

Pocas cosas provocan más fascinación que los lugares que se construyeron para las personas, pero donde ya no hay personas. Los edificios abandonados, las estructuras oxidadas y las calles que antes eran populosas hoy reconquistadas por la vegetación son un poderoso símbolo del paso del tiempo, de nuestra futilidad como especie y también una impactante imagen de lo que podría ser un mundo en el que la raza humana ya no exista.

Son las conocidas como ciudades fantasma. ¿Pero qué es exactamente una ciudad fantasma? ¿Lo es, por ejemplo, las ruinas de Pompeya? No exactamente: un lugar de este tipo nos impacta más cuanto más se parece a las ciudades que conocemos. Los restos en piedra de un poblado antiguo nos parecerán bonitos, pero observar un edificio como el que podemos ocupar nosotros aún con objetos de gente que vivía allí que reconocemos como cotidianos nos lleva a una escena familiar y, por lo tanto, mucho más impactante.

A menudo, estos lugares son museos de un momento reciente de la historia: sus carteles, señales y templos se han quedado congelados en el tiempo. Otro motivo por el que una ciudad fantasma nos asombra es porque resulta lo más parecido a un viaje en el tiempo que por ahora podemos conocer.

Los pueblos fantasma son inspiración para la ficción, un negocio millonario de agencias turísticas en todo el mundo y una fuente de inspiración para documentales y libros. Cuando se cumplen 33 años de la tragedia de Chernóbil (que dejó la que es la ciudad fantasma más grande y conocida del mundo) repasamos algunos de los casos más espectaculares. En España, por cierto, tuvimos una ciudad fantasma provocada por el estallido de la burbuja inmobiliaria: la ciudad de Seseña, proyectara por Paco el Pocero, desierta durante años. Pero hoy hay listas de espera para irse a vivir allí. Estos otros casos que repasamos no corrieron la misma suerte.

En Prípiat la naturaleza ha reconquistado la ciudad.
En Prípiat la naturaleza ha reconquistado la ciudad. Getty Images

- Prípiat, la ciudad que Chernóbil vacío para siempre

¿Dónde está? Al norte de Ucrania, casi en la frontera con Bielorrusia.

¿Se puede visitar? Sí, hay excursiones guiadas desde Kiev casi todos los días que incluyen protocolos de seguridad a la entrada y a la salida.

La famosa noria de Chernóbil, que no se llegó a inaugurar y hoy permanece como un poderoso símbolo del desastre.
La famosa noria de Chernóbil, que no se llegó a inaugurar y hoy permanece como un poderoso símbolo del desastre. Getty Images

¿Qué ocurrió? Prípiat era una ciudad de unos 50.000 habitantes donde vivían, sobre todo, los trabajadores de la central nuclear de Chernóbil y sus familias. Una ciudad moderna para los parámetros de la Rusia soviética, que incluía cines, bibliotecas e incluso un pequeño parque de atracciones que estaba a punto de inaugurarse cuando el accidente de la central nuclear tuvo lugar la noche del 26 de abril de 1986. La explosión del reactor 4 obligó a evacuar la ciudad entera por el riesgo de radiación, en principio durante unos días. Decenas de miles de vecinos de Prípiat y las aldeas cercanas, que se fueron con lo puesto, nunca pudieron volver.

Panorámica de Prípiat tras el desastre en 1986. Todavía no tenía el aspecto fantasma que luce actualmente.
Panorámica de Prípiat tras el desastre en 1986. Todavía no tenía el aspecto fantasma que luce actualmente. Getty Images

¿Cómo es aquello hoy? Luis Lobo es uno de los turistas españoles que ha visitado la conocida como "zona de exclusión". "Contratamos una excursión desde Kiev", relata. "La agencia se encargó del papeleo con los militares para atravesar el acceso. Mi primera sensación fue de asombro: esperaba algún signo de los estragos de la radiación, como suelo yermo o ausencia de animales. En su lugar lo que había era la naturaleza en estado puro abriéndose paso y reconquistando los espacios que antes habían sido pueblos, casas o colegios. Pasear por el interior de casas, el colegio y otros edificios era como recorrer una fotografía del momento en el que fueron abandonadas. Mirases donde mirases podías ver una historia. Pudimos acercarnos al perímetro de la central, hacernos un macabro selfi y asombrarnos con el descomunal tamaño del nuevo sarcófago que estaba siendo construido a solo unos metros [una gigantesca estructura que intentará evitar nuevas fugas radiactivas]. De regreso a Kiev tuvimos que volver a pasar por otro control militar, en esta ocasión había una maquina para alertar e impedir la salida en caso de que alguien estuviera contaminado". Hay algunos vecinos que, pese a las advertencias de las autoridades, decidieron no abandonar sus casas dentro de la zona de exclusión. Actualmente se calcula que unas 150 personas viven dentro de ese área. Otros trabajadores aún hacen labores de mantenimiento en la central, pero siempre controlando sus tiempos para no exponerse a niveles de radiación demasiado elevados. 

¿Dónde lo he visto? Prípiat ha inspirado desde libros impactantes como Voces de Chernóbil, de la premio Nobel Svetlana Alexievich, a películas palomiteras de terror como Chernobyl Diaries.

Las humeantes carreteras de Centralia.
Las humeantes carreteras de Centralia. Getty Images

- Centralia, el pueblo abandonado que vive sobre el fuego

¿Dónde está? En el estado de Pensilvania, Estados Unidos.

¿Se puede visitar? No hay excursiones programadas como tales, pero se puede llegar por carretera. La gran ciudad más cercana es Filadelfia, a unas dos horas en coche.

Así era Centralia en los años sesenta, cuando empezó el fuego. Hoy no queda nada.
Así era Centralia en los años sesenta, cuando empezó el fuego. Hoy no queda nada. Centralia, PA / Facebook

¿Qué ocurrió? Centralia nunca fue un pueblo muy grande, pero sí boyante: gracias a la calidad de su subsuelo se convirtió en una próspera comunidad minera a mediados del siglo pasado. En 1962 se inició un fuego en uno de los pasajes de las minas que, como túneles de metro, atravesaban toda la ciudad por debajo de la superficie. Las abundantes reservas de carbón empezaron a arder, creando un infierno de 700º de temperatura. Los cierres de las minas no fueron un drama económico para el pueblo: con la llegada del gas y el petróleo, el carbón ya se estaba abandonando. El drama real llegaría después: tras años pensando que el incendio en las minas se apagaría solo, a finales de los setenta empezaron a aparecer humeantes socavones en el suelo. En 1981 un niño casi muere cuando un gigantesco agujero ardiente se abrió bajo sus pies mientras jugaba en su patio. La vida en el pueblo se reveló imposible: 1.200 personas tuvieron que irse.

En esta imagen tomada en 1982 un vecino de Centralia demuestra cómo se puede freír un huevo con el intenso calor que sale del suelo.
En esta imagen tomada en 1982 un vecino de Centralia demuestra cómo se puede freír un huevo con el intenso calor que sale del suelo. Getty Images

¿Cómo es aquello hoy? En 2019 allí apenas quedan casas. Las construcciones fueron derribadas por las autoridades para evitar peligros. Algunos vecinos se negaron a irse: quedan hoy viviendo allí menos de diez. Y permanece en pie, también, la iglesia. El resto son bosques que han crecido donde antes había bullicio y calles, y carreteras llenas de pintadas que reciben las visitas de excursionistas curiosos.

¿Dónde lo he visto? Seguro que la historia te suena si has jugado al videojuego Silent Hill o visto la película, situada en un pueblo abandonado donde solo hay niebla y ceniza. Está, obviamente, inspirado en Centralia.

Los edificios abandonados que aún siguen en pie en la isla de Hashima.
Los edificios abandonados que aún siguen en pie en la isla de Hashima. Getty Images

- Hashima, la isla llena de edificios en los que ya no vive nadie

¿Dónde está? A unos quince kilómetros de la costa de Nagasaki, al sur de Japón.

¿Se puede visitar? Sí, varios operadores ofrecen visitas turísticas a la isla que duran unas tres horas y cuestan alrededor de treinta euros.

Panorámica de una de las partes de la isla Hashima y sus característicos edificios de hormigón, tomada desde lo que en su día fue una escuela.
Panorámica de una de las partes de la isla Hashima y sus característicos edificios de hormigón, tomada desde lo que en su día fue una escuela.

¿Qué ocurrió? Una veta de carbón en las profundidades del mar llevó a que esta pequeña isla situada cerca de la costa se convirtiese en una mina (en sentido literal y económico). En 1890, la empresa Mitsubishi la compró para explotarla. A causa del fuerte oleaje y los tifones, la isla se amuralló, dándole un misterioso aspecto acorazado. En su interior, a principios del siglo XX, se construyeron edificios para albergar a todos los trabajadores de las minas y sus familias. El terreno era tan pequeño y había que albergar a tantos trabajadores (llegaron a vivir 5.000 habitantes en un terreno de 480 metros de largo y 180 de ancho) que los primeros edificios de hormigón y los más altos de Japón en su época se construyeron allí. Allí había todo tipo de servicios: según crónicas de la época, hasta un burdel. Su arquitectura, de enormes bloques de hormigón pegados entre sí, sigue fascinando hoy, cuando la isla lleva vacía más de 40 años: cuando el carbón cayó en desuso en los setenta, los trabajadores y sus familias abandonaron la isla para buscar otros trabajos. Hoy está vacía, aunque recibe a excursionistas de todo el mundo.

Panorámica de la isla Hashima, en Japón.
Panorámica de la isla Hashima, en Japón. Wikipedia

¿Cómo es aquello hoy? En su día, Hashima llegó a tener la densidad de población más alta del mundo. Enormes bloques de hormigón, con balcones que casi se tocan en calles estrechísimas, todo ello situado sobre una isla que parece una fortaleza. "Esta es una de esas experiencias en las que las fotografías no reflejan la historia completa", cuenta en TripAdvisor un turista australiano que visitó la isla. Y añade: "Es una sensación muy extraña caminar por esta isla abandonada. Por razones obvias la excursión se desarrolla solo en zonas acotadas: imagino que el resto del lugar es peligroso. Es interesante ver cómo la vegetación lo ha empezado a cubrir todo, así que imagino que dentro de 20 años ya casi tapará los edificios".

¿Dónde lo he visto? En la popular serie documental Dark Tourist, de Netflix, se le dedica un episodio.

- Varosha, el paraíso vacacional que lleva 40 años vacío

¿Dónde está? En la costa este de Chipre, justo en la frontera que separa Chipre de Chipre del Norte, que es como se conoce a la República Turca del Norte de Chipre; o sea, la parte de la isla controlada por Turquía y no reconocida internacionalmente.

El paisaje de Varosha. Todos los hoteles en primera línea de playa están hoy vacíos y en estado ruinoso.
El paisaje de Varosha. Todos los hoteles en primera línea de playa están hoy vacíos y en estado ruinoso. Getty Images

¿Se puede visitar? No, está totalmente prohibido el paso y hay vigilancia militar.

¿Qué ocurrió? En los años sesenta Varosha era uno de los destinos turísticos más glamurosos del mundo. Estrellas de Hollywood como Richard Burton, Elizabeth Taylor o Brigitte Bardot acudían a la zona costera chipriota en busca de sus magníficos hoteles y sus playas de fina arena. En 1974 Turquía invadió el tercio norte de la isla y los habitantes de Varosha huyeron con lo puesto esperando volver cuando la situación se calmase. Nunca lo hizo. La ciudad está vallada, controlada por el ejército y desierta desde entonces. ¿Pero por qué no fue reocupada por los turcos? Porque una resolución de las Naciones Unidas de 1984 impide que nadie que no sean sus antiguos habitantes ponga un pie en ella. La situación lleva décadas estancada, en estado de negociación.

La zona de Famagusta, en Varosha, antes de la guerra según una postal de los años setenta.
La zona de Famagusta, en Varosha, antes de la guerra según una postal de los años setenta.
Uno de los grandes hoteles a pie de playa de Varosha, hoy completamente en ruinas.
Uno de los grandes hoteles a pie de playa de Varosha, hoy completamente en ruinas. Getty Images

¿Cómo es aquello hoy? Una especie de Benidorm postapocalíptico que solo se puede observar desde las vallas, con el peligro de que si uno cruza podría recibir un disparo de los militares turcos que vigilan la zona. Se dice que en los lujosos concesionarios de coches que había en el lugar continúan expuestos los modelos de 1974. La ciudad se puede ver a lo lejos desde las bulliciosas playas de la ciudad de Famagusta. Mientras estas están llenas de vida, los edificios unos kilómetros más arriba permanecen en estado ruinoso y en absoluto silencio.

Una gasolinera del área evacuada de Fukushima.
Una gasolinera del área evacuada de Fukushima. Getty Images

- Fukushima, donde la hierba ya cubre los antiguos videoclubs

¿Dónde está? Varias ciudades y pueblos de la zona de Fukushima, en Japón, como Namie, Ukedo u Okuma, fueron evacuados por riesgo de radiación en 2011 por encontrarse demasiado cerca de la central nuclear Fukushima I.

¿Qué ocurrió? En 2011 un fuerte tsunami seguido de un terremoto dejó más de quince mil muertos en Japón. Además, afectó a una central nuclear e hizo que el mundo temiese una repetición de la tragedia de Chernóbil. Ocurrió en parte: tres explosiones en la central nuclear Fukushima I liberaron gran cantidad de material radiactivo y obligaron a evacuar a miles de personas de las poblaciones cercanas.

La hierba crece sobre lo que parecía ser una tienda de libros y videoclub en Fukushima.
La hierba crece sobre lo que parecía ser una tienda de libros y videoclub en Fukushima. Getty Images

¿Cómo es aquello hoy? María, una española que vive en Japón y trabaja en una agencia turística, visitó la zona el pasado verano. "Hay tres zonas", nos explica. "La zona uno, la central nuclear y alrededores, a la que no se puede acceder; la zona dos, a la que se puede entrar sin permiso, pero donde no está permitido pernoctar y se entiende como de paso, y la zona tres, que se evacuó en su día y poco a poco se intenta repoblar. De una zona a otra hay un paso. Hay medidores de radiación en toda la carretera que atraviesa el área de norte a sur. Carteles que indican que pases allí el menor tiempo posible. Todos los desvíos están sellados para las casas de la zona uno, pero si uno se mete por las carreteras abiertas puedes ver casas deshabitadas, concesionarios llenos de coches abandonados, salones recreativos desvalijados y también grandes explanadas de tierra que se trata de descontaminar y fosas inmensas rebosando bolsas negras de basura, que contienen tierra y residuos contaminados".

¿Dónde lo he visto? Se prepara Fukushima 50, una película sobre la tragedia protagonizada por Ken Watanabe, pero cualquiera que haya visto la versión de 2014 de Godzilla habrá reparado entre los paralelismos de la tragedia de Fukushima y la zona cero en Japón que aparece al comienzo de la película. 

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