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“Odio tocar con ellos”: así fueron los turbulentos últimos días de Kurt Cobain

Se cumplen 25 años del suicidio del hombre que lideró la última revolución del rock. La reconstrucción de sus jornadas postreras ayuda a conocer al mito

Kurt Cobain con Courtney Love y la hija de ambos, Frances, en Los Ángeles. Fue en los Video Music Awards de la MTV de septiembre de 1993. Siete meses después, el cantante se suicidaba. En vídeo, tráiler del documental 'Cobain: Montage of heck'.

Poca gente recuerda lo pequeño que era Kurt Cobain. Su aspecto enfermizo, delgaducho y pálido ha trascendido, gracias a la magnitud de su voz, como una figura mitológica. Desde su suicidio, hace 25 años, el mundo sigue tratando de encontrar un relato que dé sentido a los días previos a aquel 5 de abril en el que la música murió (una vez más). Pero el suicidio de Kurt Cobain a los 27 años se resiste a conceder una explicación para consolar a la masa.

Las estrellas del pop superlativas (Elvis Presley, Bob Dylan, Madonna) lo son porque el público las percibe como criaturas enviadas por una fuerza superior para liberar al pueblo de sus ansiedades. La Generación X, compuesta por hijos de padres divorciados y furiosa al comprobar que le habían exigido una formación académica bajo la promesa de un futuro que no existía, encontró en Cobain a su mesías y portavoz. Su álbum Nevermind vendió 30 millones de ejemplares y la contracultura fue devorada por el sistema.

“Tengo un dolor crónico sin cura en el estómago y durante cinco años quería suicidarme todos los días. Estuve a punto de hacerlo varias veces”, explicó el cantante a 'Rolling Stone'

Cobain odiaba ser tan popular. Le daba asco que su autenticidad, su cólera y su poesía se hubiesen convertido en un producto de consumo masivo. Tanto, que se pegó un tiro en la cara. Esa es al menos la versión canónica del mito que además encaja con su imagen subversiva: en la mítica portada de la revista Rolling Stone llevaba una camiseta que decía: “Las revistas corporativas siguen siendo una mierda”. Pero lo cierto es que Kurt Cobain estaba obsesionado con ser una estrella del rock.

Persiguió a todas las discográficas multinacionales para que editasen Nevermind, permitió que Geffen Records remezclase Smells Like Teen Spirit (desde un punto de vista melódico, una canción pop) para que su sonido resultase atractivo a las radios y llamaba compulsivamente a los directivos de MTV (una corporación que él, por supuesto, despreciaba en las entrevistas) porque consideraba que no emitían sus vídeos lo suficiente. Su profesor de guitarra recuerda que Cobain estudiaba muchas más horas y mucho más en serio de lo que después reconocería, cuando se presentó al mundo como un músico que simplemente “hacía lo que le salía”.

Su mujer, Courtney Love, corrobora esta obsesión por el éxito: “Existe el mito de que Kurt no quería triunfar. Y una mierda. Se dejó la piel para formar la banda adecuada y le encantó quitarle el número uno a Michael Jackson, pero nunca fue capaz de disfrutarlo porque ese circo nos quitó a nuestra hija”. No, Cobain no se suicidó por culpa de la fama. Se suicidó por motivos mucho más mundanos.

Courtney Love: “Existe el mito de que Kurt no quería triunfar. Y una mierda. Se dejó la piel para formar la banda adecuada y le encantó quitarle el número uno a Michael Jackson"

Un reportaje de Vanity Fair sobre Love publicó que ella consumió heroína durante su embarazo. [Love admitiría años después que era cierto]. Los servicios sociales les retiraron la custodia de su hija Frances y Cobain amenazó a la discográfica con abandonar Nirvana si no le ayudaban a recuperarla. El supuesto factor divisivo de Love tampoco fue lo que le alejó de Nirvana: él estaba harto del grupo, solo quería trabajar con Michael Stipe, de R.E.M., y nunca estuvo satisfecho con el sonido de In Utero. “Odio tocar con ellos”, aseguró Love a la MTV que le comentó Cobain en una de sus últimas conversaciones.

Con siete años, a Cobain le recetaron Ritalin, un medicamento para el trastorno de déficit de atención, y aseguró que nunca dejaría de tomar drogas de un modo u otro desde entonces. En su nota de suicidio confesó que llevaba odiando a todos los seres humanos desde los siete años. En la adolescencia aprendió a “estar orgulloso de ser gay”, a pesar de no serlo, porque se sentía atrapado en la cultura supermasculina de su pueblo, Aberdeen, en Washington (unos 18.000 habitantes cuando nació el músico, en 1967). En la adolescencia decidió perder la virginidad (lo último que quería hacer antes de morir) y suicidarse tirándose delante de un tren, pero no consiguió su objetivo.

Kurt Cobain levantado por el público en un concierto con Nirvana. Fue en 1991 en Alemania.
Kurt Cobain levantado por el público en un concierto con Nirvana. Fue en 1991 en Alemania. Foto: Getty

Aunque la leyenda dice que Courtney Love le empujó a una espiral de drogas, Cobain empezó a inyectarse heroína dos años antes de casarse y tener una hija con ella en agosto de 1992. “Tengo un dolor crónico sin cura en el estómago y durante cinco años quise suicidarme todos los días. Estuve a punto de hacerlo varias veces”, explicó a Rolling Stone el cantante. “Llegó un punto en el que estaba de gira, tirado en el suelo, vomitando aire porque no podía ni ingerir agua. Salía a cantar y después vomitaba sangre. Eso no era vida, así que decidí automedicarme”, añadió. Lo único que aliviaba su dolor de estómago resultó ser la heroína, que él aseguraba haber abandonado, pero que en realidad nunca dejó de consumir desde 1990 hasta unos minutos antes de morir.

En mayo de 1993, semanas después de recuperar la custodia de Frances, Cobain sufrió una sobredosis delante de su mujer, su hermana y su madre. Courtney Love le inyectó buprenorfina (un fármaco opioide para el tratamiento de la adicción) y le dio un Valium, tres pastillas de Benadryl (antihistamínico) y cuatro del analgésico Tylenol con codeína para reanimarle. Dos meses después, Cobain volvió a sufrir una sobredosis en el baño de su habitación de hotel en Nueva York. Esa misma noche actuó en el Roseland Ballroom. Mientras Love paría, su marido vomitaba en la habitación de al lado tratando de desintoxicarse.

Cobain accedió a ingresar en el centro de desintoxicación Exodus de Los Angeles el 31 de marzo ante la amenaza de no volver a ver a su hija. Dos días después salió a fumar al jardín, saltó la valla de casi dos metros y nadie volvió a verle

Durante la última gira de Nirvana, a principios de 1994, discutió con Love (tal y como contó ella, porque Cobain era tan sensible que adivinó sus intenciones de ponerle los cuernos, según los rumores, con el líder de Smashing Pumpkins, Billy Corgan), escribió una nota de suicidio e ingirió 67 pastillas del somnífero Rohipnol. “No se va a librar de mí tan fácilmente”, aseguró Love, “le seguiré hasta el infierno”. Tras pasar 20 horas en coma, canceló la gira y regresó a Seattle.

Cobain accedió a ingresar en el centro de desintoxicación Exodus de Los Angeles el 31 de marzo ante la amenaza de no volver a ver a su hija. Dos días después salió a fumar al jardín, saltó la valla de casi dos metros y nadie volvió a verle. El 3 de abril se le declaró oficialmente como una persona desaparecida y Love, desde el hotel Península (que años después trascendería como el infame escenario de las agresiones sexuales de Harvey Weinstein), contrató a un detective privado. Las puertas de Exodus, por cierto, no estaban cerradas. Kurt Cobain eligió saltar la valla.

Sus últimos días están llenos de rumorología: que el bajista de Nirvana, Krist Novoselic, intentó detenerle en el aeropuerto y Cobain le dio un puñetazo; que recorrió Seattle en taxis homenajeando Muerte en Venecia; que le vieron señalando águilas cual icono americano; que contrató prostitutas, o que pidió la absolución a un cura. Pero lo único que está confirmado es que en su último vuelo su asiento estaba junto al de Duff McKagan, bajista de Guns N' Roses, consumieron heroína juntos y prometieron que ese sería el último chute. Después Cobain compró más caballo y se encerró en la habitación 226 del motel Marco Polo, registrándose como Bill Bailey (el verdadero nombre de Axl Rose), para drogarse durante horas.

El 4 de abril se comió un pudin en el restaurante Cactus, lamió el plato, su tarjeta fue denegada y se quedó dormido. Tras pagar se metió en un cine a ver 'El piano' 

El 4 de abril se comió un pudin en el restaurante Cactus, lamió el plato, le fue denegado el pago con su tarjeta (Courtney Love la había cancelado) y se quedó dormido mientras firmaba el cheque. Tras pagar se metió en un cine a ver El piano, la película de Jane Campion que había ganado tres Oscar dos semanas antes. Después se atrincheró en el invernadero de su casa en Seattle.

“Courtney ya vivía conmigo cuando compré las armas”, explicó Cobain en 1993. “Yo no soy una persona muy física, no sería capaz de detener a un intruso si viene con una pistola o un cuchillo. Pero no voy a quedarme ahí mirando cómo mi familia es apuñalada hasta la muerte o violada delante de mí. No me lo pensaría dos veces antes de volarle la cabeza a alguien que hiciera eso. Es por protección”.

El 5 de abril de 1994 Kurt Cobain se inyectó una triple dosis de heroína, cogió una de esas armas (una escopeta Remington del calibre 22), la colocó entre sus piernas apuntando a su barbilla y se pegó un tiro. Un electricista encontró el cadáver tres días después junto a varias latas de cerveza, dos toallas extendidas en el suelo, su cartera con el carnet asomando para que le identificasen y una nota de suicidio atravesada por un bolígrafo. Su hermana y su madre se enteraron por la radio. Love dio una entrevista en MTV al día siguiente.

En aquella carta de despedida, Cobain confesó que ya no sentía ilusión alguna por la música y no era capaz de entender por qué. Murió sin ser consciente de la depresión que llevaba arrastrando desde los siete años, nunca diagnosticada o tratada y solo rentabilizada como una apatía vital crónica que le devolvió las entrañas al rock, caló en los huesos de la Generación X y llevó a Calvin Klein a adoptar la estética grunge en sus prendas.

Frances Bean Cobain y su madre, Courtney Love, en Los Ángeles en el estreno del documental para HBO 'Kurt Cobain: Montage Of Heck'. Fue el 21 de abril de 2015.
Frances Bean Cobain y su madre, Courtney Love, en Los Ángeles en el estreno del documental para HBO 'Kurt Cobain: Montage Of Heck'. Fue el 21 de abril de 2015. Foto: Getty

Pero su autodestrucción no era una pose ni una imagen de marca, sino la aflicción de un enfermo de la cabeza, del estómago y de la adicción. La última estrella del rock, en su último escrito, expresó su horror ante la idea de que Frances acabase “convertida en una rockera miserable, autodestructiva y muerta como yo”. “Su vida será más feliz sin mí. Frances me recuerda lo que yo fui: llena de amor y alegría, besando a todas las personas que conoce porque son buenas y no van a hacerle daño. Quiero demasiado a la gente, tanto que me pone triste y no soy capaz de superar la frustración, la culpabilidad y la empatía que siento hacia todo el mundo”. En cierto modo y según su forma de ver la vida, efectivamente, había utilizado esas armas para proteger a su familia. Cobain dirigió la carta a Boodah, su amigo imaginario de la infancia.

Hoy, cuando se puede comprar un muñeco de Kurt Cobain vestido como el videoclip de Smells Like Teen Spirit, la escasa discografía de Nirvana es como un texto sagrado. Sus últimos días, idealizados como un calvario religioso. Y las drogas que le mataron, romantizadas a medio camino entre la poesía y la vergüenza.

Pero más allá del mito, Cobain era un tipo insosteniblemente sensible (se manifestó en contra del machismo, el racismo y la homofobia ante las críticas de muchos de sus fans), bromista y humilde que no se odiaba a sí mismo, sino que no se daba ninguna importancia. Pero la acabó teniendo.

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