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Frenar el déficit de 2019 es de ‘urgente necesidad’

Si la procupación por la estabilidad financiera es algo más que una pose, las propuestas de subidas de impuestos deberían aprobarse por Decreto Ley

María Jesús Montero, ministra de Hacienda
María Jesús Montero, ministra de Hacienda

Primera premisa. El déficit público español en 2019 se va a disparar por encima del 2%, según las estimaciones más moderadas. La desviación procede de la ausencia de un Presupuesto, bloqueado activamente desde la oposición, y de los efectos de una leve desaceleración, detectada ya a principios de 2018. Pero a nadie ha sorprendido que la oposición, es decir, PP y Ciudadanos, extienda la especie de que el Gobierno del PSOE ha conseguido arruinar en pocos meses la titánica tarea de estabilizar la economía durante el último lustro. Que esa idea sea falsa, un cromo coloreado en el que no figuran la contratación precaria, los salarios bajos y el aumento de la deuda, no merma el regocijo con que se difunde.

Segunda premisa. Para la oposición liberal, el control del déficit es el sol en torno al cual giran como corpúsculos menores el resto de los objetivos de política económica, sean el pleno empleo, la redistribución social en cualquiera de sus modalidades o la renovación de las infraestructuras del país. El control del déficit es necesario; las políticas sociales y de infraestructuras son contingentes; distracciones vanas en el camino hacia la verdad.

Conclusión. Si las dos premisas son ciertas y conste que están pregonadas desde los reductos más conspicuos de la economía liberal afín a PP, Ciudadanos y al amplio entorno de economistas próximos a la CEOE, habrá que concluir necesariamente que es de “urgente necesidad” aprobar los cambios fiscales propuestos por el Gobierno para aumentar los ingresos tributarios; y esa absoluta necesidad justifica que se aprueben antes del 28 de abril por decreto ley las subidas de tipos en los tramos de renta superiores a 130.000 euros (dos puntos) y 300.000 euros (cuatro puntos); los aumentos de retenciones a las rentas de capital; la aplicación del tipo mínimo efectivo del 15% en sociedades a las grandes empresas y del 18% a los sectores bancario y de hidrocarburos; y la reducción del 100% al 95% en la exención por dividendos. Si el déficit es esencial, lo adecuado es subir los impuestos por decreto ley. Claro que nadie ha perdido dinero jamás por apostar a favor de la inconsecuencia de los políticos. O, como explicó Assar Lindbeck, “los políticos tienen una información muy limitada y una idea totalmente irreal de la forma en que funciona el sistema económico”.

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