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BLOGS Coordinado por Carolina García

Verdades y mentiras sobre el alzhéimer

Principalmente, suele afectar a mujeres en mayor proporción. El sexo femenino se considera en este caso como un factor de riesgo

Cada vez es más común encontrar en redes sociales personas que se preguntan sobre la pérdida de memoria de sus mayores. José preguntaba a una especialista a través de Twitter por algunos comportamientos de su abuela. “No convivo con ella y, cada vez que voy de visita, encuentro que se comporta de forma diferente a como solía ser”, cuenta. Las muchas dudas en torno a su enfermedad a la que defiende como “demencia o alzhéimer” pueden ser resueltas por los profesionales adecuados a través de sus canales de comunicación oficiales.

El alzhéimer es “una enfermedad se manifiesta de forma insidiosa y progresiva”, comenta en su web la Fundación Alzheimer España (FAE). Por eso no siempre es sencillo detectar si un ser querido la padece, ni mucho menos saber cómo actuar ante ella. Hemos consultado a varios expertos sobre las verdades y mentiras en torno a ella.

¿Es el alzhéimer una enfermedad de personas mayores?

No exactamente. La mayoría de los casos, entre el 95% y el 98% de ellos, se dan a partir de los 65 años, explica a EL PAÍS Luis García, psicólogo de la FAE. “Pero hay un porcentaje de casos de alzhéimer precoz, que suele ser un asunto hereditario, y los síntomas, además de aparecer a partir de los 45 o 50 años, son más acusados”.

¿Entonces, se pueden comparar demencia senil y alzhéimer?

No. Por una sencilla razón. La demencia senil no existe. Una sencilla búsqueda en redes sociales indica lo común que es relacionar a la enfermedad con el término demencia senil. “Es un término obsoleto que se da a la pérdida progresiva de capacidades físicas y cognitivas propias del paso de la edad, pero no es un diagnóstico oficial, porque es un proceso natural, no una enfermedad”, dice García.

Iraida Delhom, directora del Máster Universitario en Gerontología y Atención centrada en la Persona de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), coincide en que no se debería usar nunca más el término demencia senil. “Hoy en día, sabemos que una demencia no se asocia necesariamente a la edad, ya que hay muchas personas jóvenes que padecen alzhéimer o párkinson, por ejemplo. Es cierto que la edad es un factor de riesgo, no obstante, no va necesariamente unida a la demencia. El problema es que, tradicionalmente, se llamó demencia senil a cualquier tipo de demencia, y todavía no hemos conseguido erradicar el término”.

¿Pero el alzhéimer es una demencia?

“Es una enfermedad que, cuando se manifiesta, lo hace a través de la demencia. Del mismo modo, existen otras enfermedades, tales como la enfermedad por cuerpos de Lewy, los accidentes vasculares o la enfermedad de párkinson cuyo síndrome recibe la denominación de demencia”, puntualiza Delhom. “El 60% de los casos de demencia diagnosticados en España son a causa del alzhéimer", recuerda García.

¿Qué diferencias de comportamiento encontramos en la demencia propia del alzhéimer con respecto a las relacionadas con otras enfermedades?

“En unas demencias se pierde primero el lenguaje. En el caso del alzhéimer, por ejemplo, la primera facultad cognitiva que suele perderse es la memoria. Ese patrón es el que hace saber el tipo de demencia que se padece, en función de la enfermedad que la genera”, comenta la directora del Máster de la VIU.

Luis García explica otros síntomas más avanzados: “algunos de los comportamientos de enfermos del alzhéimer pueden ser el delirio, alucinaciones, la creencia que les quieren robar o envenenar. En casos extremos, compulsión sexual y desinhibición (desnudez, tocamientos), pero es muy poco habitual que ocurra”.

De hecho, comenta el psicólogo, “al alzhéimer se le denomina diabetes tipo 3, porque puede provocar un síndrome metabólico que hace que quienes lo padecen quieran comer dulces. Ocurre porque una de las consecuencias de su enfermedad es la anosmia (pérdida del olfato), lo que afecta a su sentido del gusto. En cambio, el sabor dulce siguen percibiéndolo y por eso parecer ser más golosos que antes de tener la enfermedad.

¿Hay diferencias de género en el alzhéimer?

“Principalmente, que suele afectar a mujeres en mayor proporción. El sexo femenino se considera en este caso como un factor de riesgo”, comenta Iraida Delhom.

¿Cuál es su índice de mortalidad?

“Todas las demencias terminan en el fallecimiento de la persona que la padece, aunque es cierto que, en la mayoría de los casos de alzhéimer”, apunta Delhom. “Desde que se diagnostica hasta que la persona fallece pueden pasar alrededor de 10 años, “aunque muchos los casos en los que la persona vive hasta 15 años después del diagnóstico”.

¿Cómo debe de actuar alguien que esté cerca para saber si un ser querido tiene alzhéimer?

“Como decíamos, es importante a partir de los 65 hacerse chequeos periódicos. Cuanto antes se diagnostique, mejor. Si ya se detectan primeros síntomas (cambio de humor, de ánimo o de hábitos), el familiar tiene que solicitar una analítica para ver si los factores son reversibles. Por ejemplo, si al final se trata de una hidrocefalia, que tiene síntomas similares, puede haber cierta recuperación con tratamiento. El alzhéimer en cambio es irreversible”, comenta Luis García, de la FAE.

La persona a cargo de un paciente de alzhéimer tiene que recordar que no es un trastorno de la memoria; es mucho más. “También afecta a la forma de relacionarse del paciente con el resto. No solo no recuerda, sino que cambia su personalidad y su forma de actuar. Cuanto antes lo asuma, mejor podrá ayudar al paciente”, destaca.

Por eso, García recomienda paciencia y no discutir con ellos; ser flexible ante una enfermedad que es progresiva aunque sí saber cuándo ser más firme. “A distintas fases, distintas formas de actuar con el paciente. Para aprenderlo, es importante contar con una red de apoyo, familia, expertos médicos… una persona sola es imposible que lidie con un enfermo”.

Para Iraida Delhom, hay una cuestión que es común a cualquier tipo de demencia: la memoria emocional es lo último que se pierde. “Una persona con demencia no olvida la huella que le dejan las emociones nunca. Si les damos una mala noticia muy probablemente olviden el suceso que les hemos contado, sin embargo, las emociones negativas que les suscitó la noticia permanecen en ellos, aunque no sepan porqué se sienten mal. Si abrazamos a una persona con demencia, generamos sentimientos muy positivos en ella, y aunque puede que olvide el momento exacto del abrazo, la felicidad permanecerá dentro de ella. Lo mismo si le gritamos o le regañamos. Lo más importante de tratar con una persona con cualquier tipo de demencia es tratar de hacerle experimentar el mayor número de emociones positivas posibles, no importa cómo”.

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