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Un Museo Cajal sin Cajal

El Colegio de Médicos de Madrid anuncia una exposición sobre el premio Nobel sin lograr un acuerdo con el CSIC, custodio del legado de 22.000 piezas del descubridor de las neuronas

Un actor representa a Ramón y Cajal en el aula en la que impartió clase hasta 1922.
Un actor representa a Ramón y Cajal en el aula en la que impartió clase hasta 1922.

Uno de los santuarios de la medicina mundial se encuentra en el número 51 de la calle Santa Isabel, en Madrid. Allí, en una pequeña sala con bancos corridos de madera, impartió clases durante 30 años Santiago Ramón y Cajal, un genio internacional a la altura de Albert Einstein que ganó el Premio Nobel en 1906 por descubrir las neuronas del cerebro, “las mariposas del alma”.

Cuando se jubiló, el 1 de mayo de 1922, Cajal dejó en su aula una fotografía firmada que todavía hoy permanece en una pared del edificio madrileño, con esta dedicatoria: "Se ha dicho hartas veces que el problema de España es un problema de cultura. Urge, en efecto, si queremos incorporarnos a los pueblos civilizados, cultivar intensamente los yermos de nuestra tierra y de nuestro cerebro, salvando para la prosperidad y enaltecimiento patrios todos los ríos que se pierden en el mar y todos los talentos que se pierden en la ignorancia”.

"Necesitamos que el Gobierno impulse un Museo Nacional”, apremia el médico Santiago Ramón y Cajal Agüeras

Casi un siglo después, la institución privada que hoy ocupa el edificio, el Colegio de Médicos de Madrid, ha anunciado que dedicará 1.500 metros cuadrados a la creación de un Museo Cátedra Ramón y Cajal, con el aula casi intacta del premio Nobel como gran protagonista. El continente —un edificio monumental en el eje museístico de Madrid, junto al Reina Sofía— es espectacular. El enigma es el contenido.

El Colegio de Médicos no ha logrado un acuerdo con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el organismo público que custodia la casi absoluta totalidad del legado del padre de la neurociencia. Son 22.000 piezas —como dibujos, manuscritos, cartas y fotografías— que llevan desde 1989 almacenadas en cajas en una habitación del Instituto Cajal, un centro de investigación del CSIC situado cerca del estadio de fútbol Santiago Bernabéu. Si no hay avances en las negociaciones, el Museo Cátedra Ramón y Cajal será el espacio de Cajal sin la obra de Cajal.

El gran anfiteatro del Colegio de Médicos de Madrid.
El gran anfiteatro del Colegio de Médicos de Madrid.

“Necesitamos más ambición, que el Gobierno impulse un Museo Nacional”, apremia Santiago Ramón y Cajal, un patólogo del Hospital Universitario Vall d'Hebron, en Barcelona, que comparte nombre con el hermano de su bisabuelo. A su juicio, la sede del Colegio de Médicos —un edificio histórico de gestión privada pero propiedad del Estado— sería “un muy buen sitio” para ese proyecto. Sin embargo, el CSIC maneja otros planes. “El CSIC tiene ya avanzado el proyecto para poder exponer el Legado Cajal”, explica una portavoz del gabinete de la presidenta del organismo, Rosa Menéndez. Tras décadas de olvido y desidia oficial, Madrid podría tener de golpe dos museos dedicados a Cajal, fallecido en 1934.

“Sería idiota tener más de un Museo Cajal en Madrid”, lamenta el investigador Juan Andrés de Carlos

“Sería idiota tener más de un Museo Cajal en Madrid”, lamenta Juan Andrés de Carlos, un investigador del Instituto Cajal que fue custodio del legado durante una década. “Pero el Colegio de Médicos no ha conseguido absolutamente nada de la presidencia del CSIC”, confirma. El presidente del Colegio, Miguel Ángel Sánchez Chillón, es más optimista: “Queremos que nuestro museo sea un agujero negro que atraiga el legado de Cajal y de su escuela”. Según asegura, cuenta con el compromiso verbal para exponer unas 6.000 piezas procedentes de colecciones familiares de los discípulos del neurocientífico, aunque el sobrino bisnieto puntualiza que “no hay nada cerrado todavía”.

Este miércoles, Sánchez Chillón y la directora general de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, Paloma Sobrini, han presentado los planos del futuro museo. Las obras comenzarán en unas semanas, con un presupuesto de 1,6 millones de euros, según la institución privada. El caserón de la calle Santa Isabel alberga el Colegio de Médicos desde 1973, pero primero fue la Facultad de Medicina de San Carlos, inaugurada en 1834. Con el legado del CSIC o sin él, la visita merece la pena. “Es como regresar al siglo XIX”, resume Sánchez Chillón. La institución privada ya organiza “visitas teatralizadas”, en las que un actor disfrazado de Cajal guía a los asistentes a través del aula del premio Nobel y del grandioso anfiteatro decimonónico de la antigua facultad.

“Desapruebo, en principio, las estatuas en vida”, afirmó Cajal en un discurso de agradecimiento a la erección de un monumento a su figura en el parque del Retiro, en 1926. “Para aquilatar la obra de un hombre es menester la perspectiva ideal del tiempo, de ese depurador implacable de prestigios y decantador de verdades”, añadió. En el caso de Cajal, el tiempo parece decantar dos museos en la capital.

"Deberían formar un solo museo"

"Mi idea es que el Legado Cajal y los archivos de sus discípulos más importantes deberían formar un solo museo, que fuese un Museo Cajal y de la Escuela Neurológica Española, que ese museo estuviese en Madrid, que a ser posible tuviese la condición de Museo Nacional y que se emplazase en un lugar museístico", opina Fernando de Castro Soubriet, nieto y heredero del médico Fernando de Castro Rodríguez (1896-1967), último discípulo directo de Santiago Ramón y Cajal. "El Colegio de Médicos cumple con varios requisitos: es un lugar histórico, hay disposición, está en un lugar museístico que, además, es cajaliano hasta la médula", expone. De Castro, que además es investigador del Instituto Cajal del CSIC, destaca la "muy buena onda" con el Colegio de Médicos de Madrid, pero reconoce que todavía no han "entrado en los detalles de lo que sería un acuerdo definitivo" para llevar allí el archivo de su abuelo. A juicio de De Castro, el futuro museo debe ser moderno y activo, "no un simple repositorio más o menos bien montado, a la usanza del siglo XIX, con su llave y un diosito que lo controle a su antojo, como ha pasado a veces con el Legado Cajal".

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