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Si aquellos que tiran despreocupadamente las colillas al suelo se tragan un par de ellas mientras nadan en esa preciosa playa de, pongamos, el Mediterráneo; si los que usan el coche hasta para ir al baño tosen y tosen sin saber la razón, o si aquellos otros que con desdén tiran al suelo todo lo que les molesta se encuentran con que su hermoso jardín amanece lleno de plásticos tras un día ventoso, no están recibiendo un castigo por su desprecio al medio ambiente, están recibiendo lo que se merecen.

Emilio Victorio Zuazua Huerta. Aranjuez (Madrid)

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