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Otros reyes

Independencia es una palabra sagrada que empieza por inflamar el corazón y acaba por achicharrar el cerebro

Quim Torra y Carles Puigdemont en un hotel de Berlín el pasado mes de junio.
Quim Torra y Carles Puigdemont en un hotel de Berlín el pasado mes de junio. EFE

Los soberanistas catalanes parece que están jugando muy felices a la república y a la independencia de Cataluña como, tal vez, lo hacían con el caballo de cartón que les trajeron los Magos de Oriente cuando eran niños. Alguien debería decirles que los reyes son los padres, una realidad que se empeñan en ignorar. En tiempos de la aterida y famélica posguerra los niños que dejaban de creer en los reyes se quedaban sin juguetes. Para ahorrarse los regalos que no podían comprar, las familias pobres solían revelar muy temprano este secreto a sus hijos como una forma cruel de destete de las ilusiones vanas y los niños pobres a su vez, como venganza de su infortunio, les abrían los ojos a los niños ricos, pero estos simulaban seguir creyendo en los reyes para que no les faltaran los regalos. Alguien debería decirles a Carles Puigdemont, a Quim Torra y a Oriol Junqueras que ya son muy mayores para galopar hacia la república catalana en aquel caballo de cartón con el que se daban golpes contra las paredes por el pasillo de casa. Independencia es una palabra sagrada que empieza por inflamar el corazón y acaba por achicharrar el cerebro. Acogidos a esta ilusión los independentistas siguen escribiendo una carta a los Magos de Oriente esperando que les traigan una república de regalo, pero un día como hoy, al abrir los paquetes al pie de la chimenea con latidos de emoción, se encuentran siempre con el único y maldito juguete, un rompecabezas diabólico del mapa de España, de imposible solución. Como aquellas familias pobres que destetaron a sus hijos con el pan negro del cruel desengaño, alguien debería decirles a los independentistas catalanes que los reyes son los padres, aunque queda por ver si los padres de verdad en este caso no será la derecha radical que llega caracoleando en caballo jerezano.

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