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Nadia Murad, de esclava sexual del Estado Islámico a Nobel de la Paz

La activista recibirá el galardón el lunes, después de haber sobrevivido a meses de calvario en manos de los yihadistas en Irak y convertida en portavoz de la minoría yazidí

La defensora de los derechos humanos Nadia Murad durante una entrevista en Washington el pasado mes de octubre.
La defensora de los derechos humanos Nadia Murad durante una entrevista en Washington el pasado mes de octubre. AFP

Con tan solo 25 años, Nadia Murad, después de haber sobrevivido a meses de calvario en manos de los yihadistas en Irak y convertida en portavoz de la minoría yazidí, recibe el lunes el Premio Nobel de la Paz.

Esta joven iraquí de rostro pálido y voz aterciopelada fue distinguida con este premio en octubre junto al médico congoleño Denis Muwkege, por sus esfuerzos para "poner fin al uso de la violencia sexual como arma de guerra".

Primera personalidad iraquí en recibir tal recompensa, Murad continúa actualmente desde Alemania, país donde reside, el combate de su pueblo para que los países europeos acojan a los desplazados yazidíes y para que se reconozcan como genocidio las persecuciones cometidas en 2014 por el grupo yihadista Estado Islámico.

Para ello, los yazidíes cuentan con una gran aliada: Amal Clooney, la abogada y activista de los derechos humanos libanobritánica, que ha escrito el prólogo del libro de Nadia Murad Yo seré la última.

Más de 3.000 yazidíes siguen desaparecidas y probablemente siguen aún en cautiverio

Secuestrada por el Estado Islámico, Murad, como otras miles de niñas y mujeres de su comunidad, fue torturada y víctima de múltiples violaciones colectivas antes de ser vendida varias veces en el mercado de esclavas de los yihadistas en 2014.

Ese año, el grupo terrorista experimentó un rápido ascenso y se apoderó de amplios sectores del país. En agosto, fue el pueblo de Murad, cerca del bastión yazidí de Sinjar (norte), el que sucumbió al asalto de los yihadistas.

Los combatientes del Estado Islámico, a bordo de camionetas con su bandera negra, irrumpieron en Kosho, mataron a hombres, convirtieron en niños soldados a los más jóvenes y condenaron a miles de mujeres a trabajos forzados y al esclavismo sexual. Al igual que otras mujeres, Murad fue conducida por la fuerza a Mosul (norte), entonces capital del Estado Islámico en Irak.

"Incapaz de soportar tantas violaciones", según sus propias palabras, decidió escapar. Gracias a la ayuda de una familia musulmana de Mosul, Murad obtuvo documentos de identidad que le permitieron llegar hasta el Kurdistán iraquí. Allí, tras enterarse de la muerte de seis de sus hermanos y de su madre, tomó contacto con una organización de ayuda a los yazidíes, que le permitió reunirse con su hermana en Alemania.

En un conmovedor discurso ante el Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York, Murad contó que fue obligada a casarse con un yihadista que la golpeaba.

"Los yihadistas quisieron robarnos nuestro honor pero perdieron su honor", afirmó a continuación ante los eurodiputados Murad, quien fue nombrada embajadora de buena voluntad de la ONU y lucha en favor de la protección de las víctimas del tráfico de personas.

Incluso hoy, Nadia Murad -—al igual que su amiga Lamiya Aji Bashar, con la que ganó el Premio Sájarov del Parlamento Europeo en 2016— repite sin cesar que más de 3.000 yazidíes siguen desaparecidas y que probablemente siguen aún en cautiverio.

Después de la atribución en octubre del Premio Nobel de la Paz, Murad explicó que para ella, "la justicia no quiere decir matar a todos los miembros del Daesh (acrónimo en árabe del Estado Islámico) que cometieron esos crímenes", sino "llevarles ante un tribunal y verlos admitir ante la justicia los crímenes que cometieron contra los yazidíes y que se les castigue" por estos actos.

Para los combatientes de Daesh y su interpretación ultrarrigorista del islam, los yazidíes son herejes. Los fieles, de habla kurda, de esta religión esotérica ancestral creen en el Dios único y en el jefe de los ángeles, representado por un pavo real.

En Alemania, Nadia Murad se ha convertido en una respetada portavoz de su pueblo, que antes de 2014 contaba con 550.000 miembros en Irak. Hoy, casi 100.000 han abandonado el país y otros están desplazados en el Kurdistán.

Hace un año, el Consejo de Seguridad de la ONU se comprometió también a ayudar a Irak a reunir pruebas de los crímenes contra la Humanidad y genocidio perpetrados por el Estado Islámico.

El combate de Nadia Murad le ha reservado también algunas buenas sorpresas. El 20 de agosto, la joven anunció en Twitter su boda con otro activista de la causa yazidí, Abid Shamdeen. "El combate a favor de nuestro pueblo nos ha unido y seguiremos ese camino juntos", escribió.

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