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Loden, pantalón de pinzas, zapato Castellano: ¿qué fue de la ropa del pijo español de los ochenta?

No todas aquellas prendas y tendencias que identificaban a los chicos pudientes han soportado bien el paso del tiempo

ropa pijo
Julio Iglesias en 1982 lanzando un mensaje claro: nunca vas a tener tanto dinero como yo. Getty

Los años ochenta en España fueron estrambóticos. También en la forma de vestir. Después de décadas de colores grises por todas partes, con la irrupción de la democracia se desató un mundo de colores. La gente pudiente (o que pretendía serlo) se sumó con alegría a este cambio de tercio. Y lo hizo a su modo, con la intención de que se captara el mensaje. Qué fue de aquella ropa pija con la que tanto se identificaba esta gente. Lo investigamos...

El loden

Este abrigo verde de pasado nobiliario —lo lanzó a la fama el emperador Francisco José de Austria en el siglo XIX— es hoy el tipo de prenda que uno se pondría si lo que quiere es parecer un abuelo. Pero a finales de los setenta a nuestros padres les dio por embutirnos en él cuando todavía íbamos a BUP. “Fue algo muy de Madrid”, precisa Laura Luceño, profesora del Centro Superior de Diseño de Moda de Madrid-Universidad Politécnica. “Se extendió para ir al colegio y después a la universidad. Se solía combinar con pantalones Levi’s y zapatos Sebago. Había una versión menos cool que era con abrigo austriaco hecho en España, vaqueros Lee y los castellanos”. En la actualidad apenas se ve. “Ha quedado como símbolo del banquero y de gente de más edad. En Sudamérica se mantiene como prenda clásica europea, por todo el prestigio que pueda tener”, dice la profesora.

"No es un simple abrigo de pelo. Es un loden", dice este anuncio de la época. A la derecha, un loden verde, que hacía furor en los ochenta cuando el tiempo se tornaba frío.

Zapato Castellano

La casa Castellano se fundó en 1920 y sus famosos mocasines —generalmente negros— de cuero de gran calidad cubrieron los pies de muchos jóvenes y adolescentes fardones en los ochenta. "Es un calzado serio y formal. Ahora el calzado ha experimentado un avance tecnológico tan brutal que lo que se quiere llevar son zapatillas vulcanizadas, de tejido técnico y suela con cámara de aire… O zapatos más modernos, que son comodísimos. El Castellano es un zapato de muy buena calidad, pero de cuero rígido”, afirma la especialista, Laura Luceña. Pero el Castellano se resiste a morir. Últimamente, por ejemplo, se ha visto un repunte entre los adolescentes pijos, que los llevan con pitillos ajustadísimos. Además, siguen luciendo en los pies de nostálgicos ejecutivos españoles.

Arriba, unos náuticos. Abajo, unos zapatos Castellanos.
Arriba, unos náuticos. Abajo, unos zapatos Castellanos.

Los náuticos

Los inventó en los años treinta Paul Sperry, un empresario estadounidense amante de la navegación: al darse cuenta de que su perro no resbalaba en cubierta, imitó las estrías de la pata del animal en la suela de sus zapatos. Fue tal el éxito que Sperry proveyó de náuticos a la marina de su país en la II Guerra Mundial. En los sesenta eran sinónimo de jet set. “John Kennedy se hacía fotos con sus náuticos porque, claro, navegaba”, recuerda Laura Luceño. “Pero en los ochenta hay como una democratización de lo que habían sido las estéticas más aristocráticas y surge, también en Estados Unidos, esa tendencia preppy (clases altas) que incluye los náuticos”. En ese segundo apogeo aparecieron hasta náuticos rosas para chicas. Un calzado resistente a los resbalones… y al paso del tiempo. “Ahora vas a la salida de algunos institutos y ves a los chavales con náuticos”, añade la especialista.

El cinturón trenzado de colores daba un toque desenfadado al sobrio loden.
El cinturón trenzado de colores daba un toque desenfadado al sobrio loden.

Cinturón trenzado

Era el complemento ideal para rematar ese aspecto de pincel. Los había de piel, pero también de goma, en una gran variedad de colores, lo que aportaba un toque desenfadado al loden, los pantalones con pinzas, la camisa con iniciales y todo lo demás. Era la clase de cinturón que no se ponía tu padre; lo cual ha derivado en que hoy es justo el que se ponen los padres para pasar una tarde de domingo. “Todavía es posible encontrarlos, pero creo que han pasado un poco de moda”, opina Laura Luceño.

El polo Lacoste

Hubo un tiempo en que el único polo era el de Lacoste. En su defecto, era el Lacoste de imitación. Lógico: fue el tenista René Lacoste (también su homólogo Fred Perry) quien empezó a utilizar esta estilosa camiseta de algodón de piqué con cuello. “El tenis se veía como un deporte elitista, concepto que se amplió a la prenda elegida para practicarlo”, explica Sonia Lázaro Vaquerizo, coordinadora del Grado de Moda de la Universidad Nebrija (Madrid). Nada que ver con el panorama actual. Hoy, Lacoste ha sabido modernizar su producto estrella sin perder vigencia, mientras otras firmas, como Polo Ralph Lauren, lo reivindican como un básico de verano apto para casi cualquier situación. “Se ha globalizado y es un fondo de armario”, agrega.

Hubo un tiempo en que el único polo era el de Lacoste. En la imagen, Julio Iglesias luce uno bien entallado a principios de los años 80.
Hubo un tiempo en que el único polo era el de Lacoste. En la imagen, Julio Iglesias luce uno bien entallado a principios de los años 80. Getty
La costumbre de la camiseta con la manga doblada se consolidó a principios de los noventa por obra y gracia de Brandon, de 'Sensación de vivir'.
La costumbre de la camiseta con la manga doblada se consolidó a principios de los noventa por obra y gracia de Brandon, de 'Sensación de vivir'.

La camiseta con la manga doblada

La costumbre de la camiseta con la manga doblada, que arranca en los años cincuenta, con James Dean y Marlon Brando, renació a finales de los setenta a rebufo de Grease y se consolidó a principios de los noventa por obra y gracia de Brandon, de Sensación de vivir. Tan sexi como macarra, lo cierto es que disimula el efecto espantoso de una manga demasiado larga o los picos puntiagudos del planchado. Y si encima tienes unos tríceps marcados, no hay ni que pensárselo. “Ha vuelto ahora, y mis alumnos me preguntan cómo hacer el doblez sin que se deshaga. El truco está en plancharlas con el doblez, como hacíamos en los ochenta”, dice Laura Luceño.

Pantalones de pinzas

Los pantalones de pinzas son hoy una rareza ante el imperio de los chinos entallados, que son el uniforme extraoficial del pijo 'millennial'. En la imagen, Richard Gere lleva unos de pinzas en 'American Gigolo' (1980).
Los pantalones de pinzas son hoy una rareza ante el imperio de los chinos entallados, que son el uniforme extraoficial del pijo 'millennial'. En la imagen, Richard Gere lleva unos de pinzas en 'American Gigolo' (1980).

Los pantalones de pinzas gozaron del aprecio de una juventud que los veía como ejemplo del “buen vestir”. “En los ochenta estaban de moda incluso con tejidos con mucha caída, un poco estilo nuevos románticos, Adolfo Domínguez con la arruga es bella, Corrupción en Miami o Richard Gere en American gigoló. Rompían la rigidez de los setenta”, apunta Laura Luceño. Después pasaron de moda, junto a otros vestigios de los ochenta como las americanas con hombreras, y hoy viven una situación un tanto esquizofrénica: por un lado, varias firmas de lujo los reivindican temporada tras temporada; por otro, siguen siendo una rareza ante el imperio de los chinos entallados, que son el uniforme extraoficial del pijo millennial.

La camisa con iniciales

Las camisas con iniciales empezaron como una necesidad: en los tiempos en que las camisas, todas muy parecidas, se llevaban a la lavandería, era la forma de identificar a su propietario. En los ochenta se establecieron como símbolo de clase social alta, ya que sugería camisa hecha a medida. Fue cuando proliferaron todas aquellas camiserías que luego la crisis fulminó. “No se hacían exactamente a medida, pero elegías el tipo de cuello, los puños… y se ponían las iniciales. Todos las llevábamos; como no habíamos podido tener camisas a medida, por lo menos lucíamos las iniciales”, señala Luceño. Aún así han quedado desplazadas por las camisas de marca, cada vez más asequibles gracias a los outlet. Dicho de otro modo: preferimos lucir un caballito que nuestras iniciales. Y para aquellos empeñados en personalizar su camisa, “hoy las iniciales ya no se bordan en el pecho, que parece que vas a un congreso, sino en puños, cuello, botonadura…”, matiza Sonia Lázaro.

Las gafas de sol Ray-Ban

En los ochenta, las Ray-Ban tenían esa cosa de que te las traían de Estados Unidos. Son gafas de aviador y Tom Cruise contribuyó en gran medida a su expansión al ponérselas en películas como Risky business (1983) o Top gun (1986). Las Ray-Ban siguen siendo una referencia en la industria de las gafas de sol, aunque se enfrenta a la competencia de los modelos de diseñadores y las de bajo coste. “La oferta es tan amplia que es un complemento hacia el que hay menos fidelidad de marca, su uso se ha generalizado y se busca combinarlas en función de la ropa que se lleve”, señala la especialista Sonia Lázaro. Inopinadamente, la firma Ray-Ban ha encontrado un nuevo mercado en las gafas graduadas. “Se busca una gafa menos formal, menos estricta, y que el terreno del ocio entre en el mundo de la visión”, añade.

Tom Cruise contribuyó a la expansión de las gafas de sol Ray-Ban al ponérselas en películas como 'Risky business' o 'Top gun' (en la imagen).
Tom Cruise contribuyó a la expansión de las gafas de sol Ray-Ban al ponérselas en películas como 'Risky business' o 'Top gun' (en la imagen).

Los vaqueros de colores

Vaqueros blancos, rojos, negros, azul celeste… Incluso los lavados a la piedra con efecto moteado. La de los ochenta fue, según las crónicas, la década más divertida de la historia de la humanidad, así que tenía sentido incorporar ese amplio abanico cromático a todo tipo de prendas incluidos los pantalones vaqueros (mercado, por otra parte, copado por marcas como Levi’s, Liberto, El Charro, Chevignon o Bonaventure). El tiempo ha puesto las cosas en su sitio y afortunadamente ya no nos gusta ir vestidos de Torrebruno. Solo el blanco ha vuelto esta temporada. “Ahora los grises también se han puesto muy de moda, pero el resto de colores solo se han mantenido para niños”, explica Laura Luceño.

La de los ochenta fue la década más divertida de la historia de la humanidad, así que tenía sentido incorporar ese amplio abanico cromático a todo tipo de prendas, incluidos los pantalones. En la imagen, los integrantes del grupo infantil Parchís.
La de los ochenta fue la década más divertida de la historia de la humanidad, así que tenía sentido incorporar ese amplio abanico cromático a todo tipo de prendas, incluidos los pantalones. En la imagen, los integrantes del grupo infantil Parchís.

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