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El caso de la mujer barbuda

En otras épocas se especuló con causas del hirsutismo cercanas al género fantástico

'Brígida del Río, la barbuda de Peñaranda' (1590), de Juan Sánchez Cotán (1560-1627).rn
'Brígida del Río, la barbuda de Peñaranda' (1590), de Juan Sánchez Cotán (1560-1627).

Cervantes, en su afán por parodiar las novelas de caballerías, utilizaría elementos fantásticos para añadirlos al juego narrativo de su Quijote. Sirva, como ejemplo, la presencia de la barbuda condesa Trifaldi cuando aparece acompañada por su cortejo de damas barbudas y le pide a don Quijote que vaya hasta la isla de Candaya a cumplir su misión.

Don Quijote tendrá que romper el encantamiento que ha ejercido el gigante Malambruno sobre la infanta Antonomasia y don Clavijo. La infanta ha sido convertida en una “jimia bronce” y don Clavijo en “cocodrilo de un metal no conocido”. Para llegar a Candaya, don Quijote y Sancho han de montarse en un caballo de madera que vuela y que lleva por nombre Clavileño.

En el citado capítulo, Cervantes no sólo se burla del tema del caballo volador que formaba parte del imaginario de las novelas caballerescas, sino que también plantea dos temas, uno mitológico como es la metamorfosis del ser humano en animal, y otro biológico como es la condición intersexual que consiste en la existencia de estados intermedios entre macho y hembra. Vamos a ocuparnos de este último fenómeno, pues, en la época de Cervantes no resultaba tan asombrosa la presencia de mujeres barbudas, sobre todo para la gente cercana a la corte. Así lo atestiguan un par de cuadros que podemos encontrar en el Museo del Prado.

Uno de ellos, fechado en 1590, es el titulado Brígida del Río, la barbuda de Peñaranda, obra del retratista y pintor de bodegones toledano Juan Sánchez Cotán que muestra a la barbuda de Peñaranda; personaje célebre en la corte de los Austrias a finales del siglo XVI. Prueba de su fama es la mención que de ella se hace en varias obras literarias de la época, como el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, contemporáneo de Cervantes y donde se cita a la mujer barbuda de Peñaranda, dando a entender con ello la fama de la citada. “Híceme pupilo teniendo por mejor tropellar con el qué dirán de ver un jayán como yo, con tantas barbas como la mujer de Peñaranda”

El otro caso de intersexualidad lo tenemos en el cuadro firmado por José de Ribera, más conocido como El Españoleto, y titulado La mujer barbuda. Si en el cuadro de Cotán se nos presenta un retrato sobrio y que sólo el título desvela el fenómeno de la retratada, en el caso de El Españoleto, la tensión entre el género masculino -representado por la barba- y el género femenino -representado por el pecho amamantando a un niño- consigue transmitirnos un efecto inquietante. Se llamaba Magdalena Ventura y tras ella aparece la figura del hombre que es su marido.

Ambos cuadros son ejemplo de lo que se conoce científicamente como hirsutismo, es decir, la producción exagerada de andrógenos que trae el desarrollo excesivo del vello en el cuerpo de la mujer debido a una descompensación de las glándulas suprarrenales o, en casos menos frecuentes, una afección de los ovarios. Sin embargo, en la época que nos ocupa se especuló con otras causas cercanas al género fantástico.

El caso de la mujer barbuda

Sin ir más lejos, el cirujano francés Ambroise Paré, en su tratado Des monstres et prodiges de 1585 señaló, como causa principal, el temperamento de la mujer, pues, al ser más frío que el del hombre, no permite que salga lo que “queda atado a su interior”. Sin embargo, con el tiempo, el calor se hace robusto y la naturaleza oculta se desata, según escribe el cirujano francés en un claro ejemplo, no sólo de misoginia, sino de la estrechez de miras de la medicina de aquellos tiempos. Por si no quedase claro, dispuesto a mostrar la desigualdad entre sexos, Ambroise Paré se reafirma unas líneas más adelante, cuando apunta que nunca encontramos el ejemplo de un hombre que se haya convertido en mujer debido a que la Naturaleza tiende siempre a la perfección.

Por otro lado, el médico Juan Huarte de San Juan se aproximaría al fenómeno en su famoso tratado Examen de ingenios para las ciencias, fechado en Baeza en 1575, cuando nos habla de la transmutación genital, siendo esta la causante del “aire de varón” en las hembras. Según él, la causa del hirsutismo era la transmutación de los humores corporales, pudiendo estos mudar en el vientre de la madre de igual manera que podrían transmutar de forma espontánea después del nacimiento.

Llegados aquí, y con tales ejemplos, no es arriesgado afirmar que la medicina de aquella época utilizaba elementos fantásticos para añadirlos, sin ningún tipo de rigor, a los diagnósticos facultativos en un claro afán por alcanzar el vuelo de aquel caballo volador que llevó por nombre Clavileño.

El hacha de piedra es una sección donde Montero Glez, con voluntad de prosa, ejerce su asedio particular a la realidad científica para manifestar que ciencia y arte son formas complementarias de conocimiento.

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