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Cómo vivir sin electricidad

La pobreza energética genera una espiral de desigualdad que obliga a millones de personas a elegir entre necesidades básicas: comer o calentarse; enfermar por el humo o no poder estudiar al oscurecer...

Menores hacen sus deberes durante un corte de luz en una zona empobrecida de Gaza, en 2011.
Menores hacen sus deberes durante un corte de luz en una zona empobrecida de Gaza, en 2011. AFP

Sin enchufes, sin baterías, sin bombillas, sin interruptores, sin calefacción, sin ventilador, sin frigorífico, sin vitrocerámica, sin móvil, sin wifi, sin Internet. Sin demasiada comida caliente, sin poder leer de noche, sin Whatsapp, sin escuchar música, sin información. Con hambre que no deja dormir y da cansancio, con las manos heladas para coger un lápiz, con colchones mojados, con gripe, con los pulmones llenos de humo de hoguera, con riesgo de incendios... "A la pobreza se pueden poner apellidos, energética, infantil, que dimensionan las situaciones, pero todas están entrelazadas entre sí", declara Susana Gende, técnica en el departamento de Estudios e Innovación Social de Cruz Roja Española, que alerta de que la ausencia de energía genera un círculo vicioso de desigualdad, donde los niños son especialmente vulnerables, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo.

Si hay que elegir entre comida o calefacción...

"Cuando el presupuesto no da para las dos cosas hay que elegir entre comer o calentarse, y disminuir el gasto en alimentos puede generar un riesgo de malnutrición. Para el desarrollo de los niños es fundamental estar bien alimentados, y no solo es una cuestión de comer lo suficiente, sino de la calidad de los productos", indica Gende, que señala la importancia de la proporción de nutrientes. "En inglés es conocido como eating or heating (comer o calentarse). Hay quien prefiere invertir en suministro antes que en comer, o comprar lo que necesiten los niños para ir a la escuela", indica Gende. "El 48% de los niños y niñas de 8 a 11 años en España señala que pasa frío en su hogar y, el 7%, que está insatisfecho con su casa", se lee en un informe de Cruz Roja titulado La situación de la infancia en vulnerabilidad social.

"Yo siempre como lo mismo al llegar a casa del cole, porque mi madre no tiene tiempo para comprar y prepararme, pues compra lo que pilla, es que ella no tiene tiempo para prepararme, además no tiene dinero", afirma Andrea, una de las menores entrevistadas en dicho informe. Una declaración que coincide con los indicios planteados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que apunta que la publicidad, la falta de tiempo, la comodidad y que los alimentos frescos sean caros, y la comida basura más barata, condiciona las decisiones para elegir qué productos comprar, con las consecuencias negativas para la salud que tiene ingerir procesados. En 2022 habrá —por primera vez en la historia— más niños y adolescentes (de entre 5 y 19 años) con sobrepeso y obesidad que desnutridos, según un estudio de la Organización Mundial de la Salud y el Imperial College de Londres.

En Burkina Faso, Camerún, Malawi y Níger, más del 80% de las escuelas primarias no tienen acceso a la electricidad

Los hogares pobres de los países en desarrollo se gastan entre el 60% y el 80% de sus ingresos en comer, según datos del Programa Mundial de Alimentos. Esta cuestión lleva a que si los padres optan por calentar la casa y comprar menos comida o de peor calidad, los menores estarán peor nutridos, lo que tiene graves consecuencias en la salud, como anemias y problemas de crecimiento por la ausencia o cardiovasculares y diabetes por la obesidad.

Si se reside en una infravivienda...

Una vivienda podría estar perfectamente acondicionada, o ser solo de ladrillos, o de adobe, de chapa, de madera. O lo llamado hogar podría limitarse a vivir bajo plásticos, o estar situado en una zona inundable, o bajo el sol abrasador, o con goteras... en estos los últimos casos, estará mal acondicionada, y será difícil dormir en un colchón mojado, o estará complicado calentarla, por lo que, si no se tiene suministro eléctrico, se quemará combustible o madera para resistir las temperaturas, y si se tiene acceso a él, la factura será mayor que la de una casa bien edificada. "Hay hogares con infraestructuras inaceptables, y mantenerlos con una temperatura adecuada hace que aumenten las facturas, y no poder pagarlas supone además estrés para las familias", añade Gende.

La probabilidad de sufrir problemas mentales entre adolescentes que viven en una casa insuficientemente caldeada es de más del 25%,  resuelve un estudio de la Asociación de Ciencias Ambientales

En otras situaciones, la ausencia de suministro eléctrico provoca que se cocine con leña o combustible, en ocasiones en infraviviendas sin ventanas. "En África, 600.000 personas mueren al año por respirar aire contaminado en sus hogares, la mitad de ellos, niños menores de cinco años. En las casas se utiliza carbón, combustible o madera para cocinar. Además, ir a por leña tiene un efecto negativo también en las niñas y las mujeres, porque son ellas las que suelen ir al bosque a buscarla y a menudo son víctimas de asaltos, robos, agresiones...", matiza Ahmad Rahnema, director de la Cátedra Fuel Freedom de Energía y Desarrollo Social del IESE de la Universidad de Navarra. "Las partículas quedan en el sistema respiratorio, y si no mueren antes, quedarán en sus pulmones y será un problema de mayores", añade.

El experto se decanta por una transición a una energía más limpia. "Si se apuesta por ella, poco a poco se puede mejorar la situación. Por ejemplo, en zonas rurales, que suelen estar desconectadas de la red. Es una solución que ha funcionado en los países africanos", añade Rahnema, que ilustra que en un lugar donde apenas se pueda disponer de cuatro o cinco horas de electricidad, el impacto en la educación puede venir provocado también por la ausencia de luz para estudiar. Como en un sitio en el que solo se pueda encender una bombilla cuatro o cinco horas. "Esto reducirá las horas de estudio y afecta a su preparación", añade el investigador. "La mayoría de los escolares de África asisten a clases sin acceso a la electricidad. En Burkina Faso, Camerún, Malawi y Níger, más del 80% de las escuelas primarias no tienen acceso a la electricidad", se lee en el informe Africa Progress Panel (2015).

Si el esfuerzo por salir adelante es mayor...

"El espacio doméstico se debe ver como un refugio", declara Sergio Tirado, investigador del Instituto Marie Curie y coordinador de estudios de la Asociación de Ciencias Ambientales de España, que incide, entre otras cuestiones, en el impacto que la pobreza energética tiene en la salud mental. "Uno de nuestros estudios resuelve que la probabilidad de sufrir problemas mentales de algún tipo entre adolescentes que viven en una casa insuficientemente caldeada es de más del 25%, mientras que para los que residen en hogares que no experimentan esta problemática es del 5%", indica Tirado.

"En la relación con los estudios, no tener una temperatura adecuada provoca falta de concentración, de motivación. La pobreza energética afecta así al rendimiento, al éxito académico, a la abstención escolar, que a veces tienen que faltar porque se ponen enfermos. O crean desventajas en el proceso educativo cuando hay que pagar una excursión extraescolar, o cuando no se puede disfrutar de una ducha con agua caliente, o no se puede lavar la ropa con frecuencia, lo que provoca situaciones terribles, por ejemplo, en la higiene femenina durante la menstruación", ilustra Susana Gende.

En el caso de la adolescentes también destaca la incidencia que en estos tiene no querer pasar tiempo dentro del hogar. "Podría haber cierta relación entre la pobreza y el riesgo de que los jóvenes no quieran estar en sus casas. Pasan más tiempo en la calle y eso puede ocasionar consumo de drogas u otras cuestiones", señala la experta, que indica también las consecuencias que tiene en la autoestima en esta edad.

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