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El no ya lo tienes COLUMNA i

Todo lo veo bien

Fiel a mi estilo, me alegré por la pareja, porque como últimamente estaban mano sobre mano les vendrá de perlas un poco de acción

Silvia Abril y Andreu Buenafuente, en Vitoria, en 2016.
Silvia Abril y Andreu Buenafuente, en Vitoria, en 2016.

Voluntarismo, positivismo y un optimismo rayano en la estupidez —no, no estoy hablando del presidente del Gobierno me refiero a mí mismo, al chache—. Estos rasgos que me adornan, combinados, cristalizan en una especie de trastorno… —a ver como lo explico sin circunloquios, de una manera concreta y sintética porque últimamente noto que se me va la olla a Camboya— …trastorno, como decía, cuyo resultado es: ¡que todo lo veo bien!

Situaciones de la vida que para cualquier otra persona podrían interpretarse como contratiempos, yo las percibo por la parte buena y esto desde siempre. Recuerdo en el instituto cuando mi profesor de latín, que también lo había sido de mi hermana, ya en la primera semana de clase me espetó: “Joaquín Reyes Cano, una duda: ¿Cómo siendo tu hermana tan guapa y tan lista eres tú tan feo y tan gandul?”. Yo automáticamente pensé: “Guau, ya se ha aprendido además de mi nombre mis dos apellidos”.

Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes en la gala de los Premios Goya, en febrero. ampliar foto
Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes en la gala de los Premios Goya, en febrero.

No sé si se acuerdan ustedes que Ernesto Sevilla y un servidor presentamos la última gala de los Goya con desigual resultado, de hecho, la Academia de Cine, ya en mayo, anunció a los siguientes presentadores: Silvia Abril y Andreu Buenafuente. Les faltó tiempo, como suele decirse, no querían prolongar la zozobra del personal: “¿Repetirán otra vez el gafarrón y el seriote?”, “¡No, tranquilos! ¡Este año estará en buenas manos!”. Fiel a mi estilo, me alegré por la pareja, porque como últimamente estaban mano sobre mano les vendrá de perlas un poco de acción.

Como este mundillo es un pañuelo, en la última fiesta a la que acudimos mi compinche y yo, coincidimos con un miembro destacado de la citada Academia. Caminaba errante entre la gente como un loco distraído, pero fue vernos y darse media vuelta, o sea, que evitó saludarnos. ¿Cómo interpreté este gesto? Vaya —pensé— le ha hecho tanta ilusión vernos que seguro que la emoción le ha provocado un nudo en la garganta, impidiéndole articular palabra alguna y decidiendo por tanto mostrarnos su cogote.