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Los fantasmas internos de la Unión Africana

El organismo panafricano se lanza a una reforma profunda para lograr la autonomía financiera, pero los estados se resisten a ceder soberanía

Camisetas en un mercado de Johannesburgo, en Sudáfrica.
Camisetas en un mercado de Johannesburgo, en Sudáfrica.

Tres cuartas partes de los fondos de la Unión Africana (UA) proceden de donantes externos, sus decisiones no se ponen en práctica y sus métodos de trabajo son ineficientes, lo que provoca que los estados miembros no se la tomen en serio, que los ciudadanos africanos no confíen en ella y que carezca de credibilidad en el exterior. Con esta contundencia se expresaba hace dos años el famoso informe Kagame relativo a la organización panafricana, nacida en 2002 de las cenizas de la Organización para la Unidad Africana (OUA). La necesidad de una reforma profunda es más urgente que nunca, pero los obstáculos siguen siendo enormes debido, sobre todo, al rechazo de los estados más fuertes a ceder soberanía.

Si de algo sirvió la reciente cumbre de Nuakchot, celebrada el pasado mes de julio, fue para mostrar que la UA está lejos aún del sueño de unidad que la alumbró. El plan de reforma planteado por Paul Kagame, actual presidente de la institución e impulsor del citado informe, y por el presidente de la comisión, el chadiano Moussa Faki Mahamat, aunque aprobado por todos los jefes de Estado y Gobierno, sigue estancado. Una nueva oportunidad de construir una Unión Africana más fuerte y operativa se vivirá los próximos 17 y 18 de noviembre en la cumbre de Adis Abeba.

El centro de la discrepancia y al mismo tiempo piedra angular sobre la que pivota esta reforma es la llamada tasa Kaberuka en honor de su creador, el ruandés Donald Kaberuka, expresidente del Banco Africano de Desarrollo (BAD). Se trata de que los países miembros implementen una tasa del 0,2% a ciertas importaciones y que ese dinero vaya a financiar la estructura y programas de la UA para conseguir la ansiada autonomía económica. Sin embargo, algunos estados encabezados por Sudáfrica han mostrado sus reticencias y tan solo 13 la están aplicando realmente.

Una muestra de la debilidad financiera de este organismo es que la mitad de las contribuciones africanas proceden de sólo cinco países

Una muestra de la debilidad financiera de este organismo es que la mitad de las contribuciones africanas proceden de solo cinco países. La reforma Kagame también propone que cada nación contribuya, al menos, con una tarifa plana de 170.000 euros anuales. Hasta ahora, el régimen de sanciones a los morosos era muy laxo y condescendiente, lo que va a cambiar a partir de la entrada en vigor de las nuevas medidas. En la actualidad, los países pueden retrasarse hasta dos años en abonar sus contribuciones, plazo que se pretende reducir a un año y que incluirá la prohibición a los deudores de participar en las cumbres y de acoger ninguna oficina o actividad de la UA.

La otra gran novedad es la manera de elegir a los comisarios, el Gobierno de la Unión Africana. Por ahora son los estados quienes escogen al vicepresidente y los ocho ministros que conforman la Comisión, pero esto también se quiere cambiar para que sea el propio presidente de este órgano quien elegirá a su equipo. De esta manera, se pretende que la Comisión sea mucho más operativa y que no haya bloqueos internos. Aquí, una vez más, algunos estados sobre todo de África austral y del Magreb han expresado su disgusto al entender que se otorga demasiado poder a este órgano. Solución salomónica: los estados seguirán escogiendo a los comisarios, pero será el presidente de la comisión quien repartirá las carteras.

La reforma Kagame también propone que cada nación contribuya, al menos, con una tarifa plana de 170.000 euros anuales

En la cumbre de Nuakchot, sin embargo, sí se pudo avanzar en uno de los planes estrella de la Unión Africana, la creación de una Zona de Libre Comercio Continental (ZLEC): cinco países más, Burundi, Lesotho, Namibia, Sierra Leona y la esperadísima Sudáfrica se sumaron al acuerdo que aún no ha sido firmado por otros seis estados, la dubitativa Nigeria entre ellos. Pero aquí también hay retrasos. Solo siete de los 49 países firmantes han ratificado el acuerdo en sus respectivos parlamentos, trámite imprescindible. La puesta en marcha de este inmenso mercado de 1.200 millones de habitantes por el que podrán circular libremente bienes y servicios está prevista de manera oficial para julio de 2019 en una cumbre que se celebrará en Niamey. Tendrán que apurarse para llegar a tiempo.


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