Traten los recortes de financiación como el desastre humanitario que son
La congelación de fondos de USAID pone en jaque los avances en la lucha contra el VIH y tuberculosis, con consecuencias devastadoras de hasta 6,3 millones de muertes adicionales relacionadas con el sida para 2029, advierte Médicos Sin Fronteras
El 26 de febrero, el Gobierno de Estados Unidos envió aproximadamente 5.200 cartas de cese a programas en todo el mundo financiados por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y otras 4.100 a programas financiados por el Departamento de Estado y el Plan de Emergencia del Presidente para el Alivio del Sida (PEPFAR). A estos programas se les ordenó el cierre inmediato y permanente de sus operaciones. Muchos de ellos brindaban servicios esenciales y vitales de atención médica en áreas como malaria, ébola, desnutrición, salud sexual y reproductiva, VIH y tuberculosis, y vacunación, entre otros problemas de salud críticos. Estas abruptas interrupciones se produjeron después de más de un mes de caos y desolación para cientos de organizaciones que trabajan en estos sectores, desde que se promulgó la congelación inicial de la ayuda exterior a finales de enero.
Médicos Sin Fronteras (MSF) está profundamente consternada e indignada por la indiferencia inhumana de estas decisiones, que inevitablemente provocarán muertes, sufrimiento, exclusión de la atención médica y el resurgimiento de enfermedades prevenibles. La salud global ya estaba drásticamente infrafinanciada y ahora la situación ha empeorado, dejando a casi todos los socios y grupos comunitarios con los que trabajamos profundamente afectados; muchos simplemente han dejado de existir. Recibimos testimonios de innumerables pacientes y participantes en estudios de investigación que, asustados y confundidos, ya no saben a dónde acudir en busca de atención. Profesionales de la salud que han perdido sus empleos nos contactan angustiados por el bienestar de sus comunidades. Vemos el miedo en los ojos de nuestros socios de organizaciones comunitarias y ONG anteriormente financiadas por USAID/PEPFAR, mientras luchan por la supervivencia de sus programas y la atención de sus pacientes.
En Khayelitsha, un barrio de Ciudad del Cabo en Sudáfrica, donde MSF apoya programas de VIH y tuberculosis desde hace más de 20 años, se han interrumpido contratos a registradores de datos, trabajadores comunitarios de salud, consejeros, enfermeros y médicos, según nuestro socio Treatment Action Campaign. Una situación similar se da en muchos otros centros sanitarios del país. Ahora es difícil saber quién ha acudido a una clínica para reponer su medicación y quién ha perdido su cita. Los pacientes están esperando largas horas en las clínicas para hacerse pruebas de VIH, y ya no quedan consejeros para apoyarlos en la adherencia al tratamiento.
Médicos Sin Fronteras (MSF) está profundamente consternada e indignada por la indiferencia inhumana de estas decisionesEsther C. Casas, asesora principal de VIH/TB de la Unidad Médica de África Austral de MSF, y Claire Waterhouse, coordinadora regional de incidencia política de MSF
En Zimbabue, nuestros equipos informan que, si bien algunas organizaciones financiadas por PEPFAR han logrado mantener los servicios de VIH, la provisión de profilaxis preexposición (PrEP) sigue siendo limitada. Actualmente, la PrEP solo está disponible para las personas que ya están en estos programas, sin que se estén realizando nuevas iniciaciones. Como resultado, el acceso a esta prevención crítica del VIH está restringido a grupos específicos, dejando un vacío en la prestación de servicios más amplia.
Nuestros equipos en República Democrática de Congo informan que no han recibido suministros de antirretrovirales en el Hospital CHK de Kinsasa, gestionado por MSF, desde el 20 de enero. Esto deja a más de 2.000 pacientes con VIH/TB en riesgo de desarrollar resistencia a los medicamentos, VIH avanzado y de morir si no se reanudan los suministros de inmediato. Además, si no se reponen pronto los suministros de antirretrovirales, alrededor de 8.200 pacientes que dependen de los puntos de distribución comunitaria perderán el acceso a su tratamiento.
Estos son solo algunos ejemplos de las graves interrupciones en los países donde trabajamos.
MSF tiene una larga trayectoria en el tratamiento del VIH y la tuberculosis en entornos difíciles, incluidos escenarios de conflicto. Estamos acostumbrados a interrupciones en la atención y a responder a emergencias. Sin embargo, la magnitud de esta interrupción global no tiene precedentes. Si bien la preparación es clave en situaciones de emergencia, la repentina eliminación de fondos no ha permitido que los programas, organizaciones o gobiernos planifiquen adecuadamente.
Estamos acostumbrados a interrupciones en la atención y a responder a emergencias. Sin embargo, la magnitud de esta interrupción global no tiene precedentes.Esther C. Casas, asesora principal de VIH/TB de la Unidad Médica de África Austral de MSF, y Claire Waterhouse, coordinadora regional de incidencia política de MSF
Estados Unidos es el mayor financiador de ayuda exterior del mundo, representando aproximadamente el 40% de toda la ayuda humanitaria. Alrededor del 70% de la financiación global del VIH, junto con un tercio de la asistencia internacional para la tuberculosis y la malaria, proviene de Estados Unidos. Es posible que los responsables políticos de estos drásticos recortes hayan supuesto que las organizaciones humanitarias podrían cubrir este vacío. La realidad es otra: MSF es una de las organizaciones humanitarias más grandes del mundo, pero nuestra capacidad está muy lejos de poder compensar la magnitud de estas reducciones. Si no se revierten estos recortes, se perderán innumerables vidas.
La interrupción de esta financiación amenaza con deshacer años de increíbles avances contra el VIH y la tuberculosis, con consecuencias tanto inmediatas como a largo plazo. A corto plazo, el tratamiento salva vidas; pero a largo plazo, la atención es una piedra angular de la prevención. Sin estos servicios, el número de nuevas infecciones, incluidas las transmitidas a bebés, aumentará drásticamente. Los recortes también aumentarán la necesidad de atención para VIH en fases avanzadas. ONUSIDA estima que, si PEPFAR se interrumpe permanentemente sin alternativas, esto podría provocar 6,3 millones de muertes adicionales relacionadas con el sida y 8,7 millones de nuevas infecciones por VIH en adultos a nivel mundial para 2029.
Alrededor del 70% de la financiación global del VIH, junto con un tercio de la asistencia internacional para la tuberculosis y la malaria, proviene de Estados Unidos
MSF se solidariza con los millones de personas afectadas por estas decisiones, incluidas aquellas que viven con VIH y/o tuberculosis, mujeres embarazadas, niños, adolescentes y jóvenes con infecciones de transmisión sexual. También nos preocupa el impacto negativo y el riesgo para la vida de poblaciones vulnerables específicas, como trabajadoras sexuales, personas que consumen drogas y el colectivo LGBTQIA+, quienes a menudo son criminalizadas o excluidas del acceso a la salud.
Estos recortes deben revertirse. Deben intervenir nuevos financiadores y los ya existentes deben redoblar sus esfuerzos. Los gobiernos afectados deben adaptarse rápidamente para mitigar estas interrupciones y cubrir los vacíos críticos. La voz y la acción de la comunidad son fundamentales para mantener la continuidad de la prestación de servicios. Deben preservarse sus esfuerzos de testimonio, supervisión y prestación de servicios desmedicalizados.
En las dos últimas décadas, junto con innumerables organizaciones y personas entregadas a su trabajo, hemos conseguido controlar una crisis sanitaria. No podemos permitir que todo el arduo trabajo que ha salvado millones de vidas se pierda.
MSF lo tiene claro: la amenaza a la que nos enfrentamos hoy no es sólo una crisis de salud pública mundial, sino también una catástrofe humanitaria a gran escala, y exige una acción inmediata, cooperación y un enfoque global que priorice la vida de las personas por encima de todo.
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