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SEMANA MUNDIAL DEL AGUA

La escasez de agua, una nueva normalidad

Los expertos reunidos en la Semana Mundial del Agua alertan de la urgencia de adoptar soluciones basadas en la naturaleza para evitar una crisis hídrica a escala global

Refugiados rohingya cerca de Cox's Bazar (Bangladés). Ver fotogalería
Refugiados rohingya cerca de Cox's Bazar (Bangladés). REUTERS

Un popular refrán africano dice que si se quiere ir rápido, hay que caminar solos, pero si se quiere llegar lejos, es mejor buscarse compañía. En el caso de los retos relacionados con agua y saneamiento, hay que hacer ambas cosas: avanzar rápido e ir lejos. Escasez de agua, clima extremo y el rápido incremento de la población actúan como una bomba de relojería sobre los ecosistemas y, para evitar una crisis hídrica a escala global, es cada vez más urgente adoptar soluciones basadas en la naturaleza, alertan los expertos reunidos hasta el próximo viernes en Estocolmo para la Semana Mundial del Agua (World Water Week). Sin embargo, el enorme potencial de las infraestructuras verdes está sin explotar.

“El agua es la causa principal de conflictos, migraciones, degradación ambiental, desigualdad y crisis económicas”, señaló el lunes Amina Mohammed, vicesecretaria general de Naciones Unidas, en la ceremonia de apertura de la cumbre, organizada por el Instituto Internacional del Agua de la capital sueca (Siwi, por sus siglas en inglés). Su país natal, Nigeria, ofrece un claro ejemplo de todo ello: agua y saneamiento representan un enorme reto, exacerbado por el cambio climático. Los recursos menguantes de agua de la región se traducen en inestabilidad política e inseguridad alimentaria, además de favorecer la propagación de enfermedades. “La tragedia de Boko Haram está estrechamente vinculada con la mala gestión del agua. Una solución al conflicto tiene que tomar necesariamente en cuenta este factor”, insistió. Sin embargo, Mohammed sigue convencida de que “el agua también es el motor para la paz, la seguridad, la prosperidad y la equidad”.

La experta nigeriana cree que el agua puede convertirse en el punto de partida para abordar a la vez los otros Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), marcados en 2015 por Naciones Unidas para construir un mundo más justo. “Es como con mis hijos”, bromea. “Cada uno de ellos es especial, pero pensar en ellos todos juntos es increíble”. Ante los nuevos desafíos, aboga por nuevas soluciones, que pasan por incrementar las inversiones —y que sean sostenibles— e involucrar a los jóvenes.

Carin Jämtin coincide con ella. La directora general de la Agencia Sueca de Desarrollo y Cooperación Internacional aprovechó para recordar que las infraestructuras de agua y saneamiento son blancos de ataques durante los conflictos, al mismo tiempo que se niega de manera deliberada el acceso a agua limpia en muchos lugares del mundo. “La falta de agua potable es una de las armas de guerras que más mata”, señaló.

La directora ejecutiva adjunta de ONU Mujeres, Åsa Regnér, subrayó cómo esta situación afecta de manera especial a mujeres y niñas. “Solo en África Subsahariana, gastan 40.000 millones de horas cada año en recolectar el agua, el equivalente a un año laboral de la entera fuerza de trabajo de Francia”. No obstante, apenas tienen voz en el asunto, se ven obligadas a abandonar los estudios y están más expuestas a enfermedades, violencia y acoso.

Solo en África Subsahariana, las mujeres y niñas gastan 40.000 millones de horas al año en recolectar el agua

“Está claro que estos problemas nos atañen a todos. La escasez del agua se ha convertido en la nueva normalidad en muchas partes del mundo”, sostiene Torgny Holmgren, director ejecutivo de Siwi. Sin ir más lejos, a lo largo del último año casi 22 millones de personas se quedaron sin agua en la región de Sao Paulo (Brasil). La misma dificultad se registró en La Paz y en Ciudad de Panamá.

Mientras la demanda de agua sigue creciendo a un ritmo que ronda el 1% anual —un porcentaje destinado a aumentar significativamente según el último Informe Mundial de Desarrollo Hídrico de Naciones Unidas, especialmente en países con economías en desarrollo o emergentes—, el cambio climático está afectando al ciclo global del agua. Las regiones húmedas se vuelven más húmedas y las secas, aún más áridas. Urbanización, deforestación, intensificación de la agricultura, entre otros factores, se suman a estos desafíos. La infraestructura basada en la naturaleza, que utiliza o imita procesos naturales para mejorar la disponibilidad y la calidad del agua y reducir los riesgos asociados con desastres naturales, puede ayudar a encontrar soluciones sostenibles, con costes menores frente a las alternativas tradicionales.

“Las infraestructuras tradicionales ya no responden como se espera de ellas ante el cambio climático”, asegura Sergio I. Campos G., jefe de la División de Agua y Saneamiento del Banco Interamericano de Desarrollo. Un simple ejemplo: las piedras presentes en la calle ayudaban a frenar las lluvias, pero con la pavimentación, el agua fluye sin obstáculos, causando inundaciones. “Deberíamos haber confiado más en las soluciones naturales, combinándolas con la llamada infraestructura gris”, indica. “Hay que repensar lo que creíamos que era lo correcto. Nos hemos ido al otro extremo”. Sin embargo, admite que aún existe cierto recelo, ya que a menudo las infraestructuras verdes se consideran, de manera equivocada, poco efectivas o demasiado costosas de realizar.

“Las infraestructuras verdes pueden prestar servicios muy valiosos”, señala Alvar Closas, experto del International Water Management Institute. “Pero no sirve de nada disponer de estas soluciones si no se gestiona de manera correcta el tema de las aguas subterráneas. Es algo que normalmente ha quedado relegado a un segundo plano, porque es más difícil de gestionar, a pesar de su crucial importancia”.

Los 18 ejemplos de infraestructuras verdes presentados por su instituto en la cita de Estocolmo demuestran que es posible aplicar soluciones basadas en naturaleza adaptándolas a distintos contextos. Ahora que las tecnologías existen y se usan a pequeña escala, explica el experto, hay que ir más allá y aplicarlas a proyectos de mayores dimensiones, fijando un marco de reglas para su correcta implementación.

La vicesecretaria general de Naciones Unidas, Amina Mohammed.
La vicesecretaria general de Naciones Unidas, Amina Mohammed.

Las nuevas tecnologías también desempeñan un papel cada vez más importante. En el mundo, hay 1.000 millones de personas que viven en ciudades sin acceso a agua corriente. “Es una atrocidad si pensamos que en teoría no es complicado”, lamentó Grégoire Landel, director de CityTaps en un evento previo a la apertura del congreso. “No disponer de agua en casa implica el pago de una triple tasa: en cuanto a tiempo perdido para recolectarla, salud y coste”, agrega. Su start-up ha puesto en marcha un programa piloto en Niamey (Níger) junto con la empresa de servicios Veolia, que está estudiando exportar a países como Ecuador, Uganda, Costa de Marfil, Senegal, Filipinas, Túnez y Malí. “Las familias con menos recursos cuentan con ingresos irregulares y no pueden hacer frente a una factura mensual por los servicios de agua, por eso pensamos en un sistema de abono por adelantado, conectado a Internet para calcular los gastos exactos. Las familias pueden realizar el pago de manera fácil, incluso a través de un teléfono móvil de los antiguos, mientras que las administraciones públicas recortan el precio para ofrecer el servicio”, explica Landel.

Las infraestructuras verdes pueden ayudar a que intereses ambientales y económicos converjan hacia el mismo punto. “El control de la contaminación y la protección del medio no tienen que entenderse simplemente como un coste para la sociedad”, explicó el profesor Bruce Rittmann de la Universidad pública de Arizona (EE UU), ganador del Premio del Agua de Estocolmo de este año junto con el catedrático Mark van Loosdrecht de la Universidad Tecnológica de Delft (Países Bajos). "También queremos convertirlos en generadores de recursos y de valor económico".

Solo un 1% de las inversiones en infraestructuras se destina a soluciones verdes

La Semana Mundial del Agua, que celebra este año su edición 28, ha pasado de ser una cumbre científica a reunir a 3.700 representantes del mundo académico, del sector privado, organizaciones internacionales, ONG y gobiernos. “Los científicos se dieron cuenta de que no tenía sentido seguir en una torre de marfil y sus debates tenían que trasladarse a la realidad para tener un impacto y beneficiar a la gente”, explica Jens Berggren, director de comunicación de Siwi, el Instituto Internacional del Agua de Estocolmo, encargado de organizar el evento.

A lo largo de esta semana, los expertos reunidos en la capital sueca abordarán temas como el calentamiento global, los ecosistemas, los retos derivados del incremento de la demanda de agua y su nuevo uso y del aumento de la población mundial. “Tenemos por delante un escenario en el que hay más población, más contaminación y un suministro de agua más inestable”, sostiene Berggren. En la actualidad, el 90% de los desastres naturales está relacionado con el agua. “Hay que buscar nuevos enfoques que sean más inclusivos y aborden varios Objetivos de Desarrollo Sostenible a la vez. Las soluciones verdes pueden desempeñar un papel crítico, pero apenas un 1% de las inversiones en infraestructuras se destina a ellas”.

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