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Vamos a zanjar de una vez el debate sobre quién es el mejor futbolista de la historia. O no

Existe la inopinada creencia de que uno no puede considerarse candidato a ser el número uno si no ha ganado un Mundial. Tras el fiasco en Rusia, Cristiano y Messi se van a retirar sin ganar ninguno, como antes les sucedió a Cruyff, Puskas...

El eterno debate sobre si Lionel Messi es mejor que Cristiano Ronaldo sigue abierto.
El eterno debate sobre si Lionel Messi es mejor que Cristiano Ronaldo sigue abierto.

Se acabó el Mundial que iba a zanjar una doble polémica que dura ya un lustro. El torneo estaba llamado a determinar de una vez por todas si Lionel Messi es mejor jugador que Cristiano Ronaldo y si el ganador de ese pulso en la cumbre es o no el mejor jugador de la historia. Al final, Messi y Cristiano, en un Mundial infausto para ambos, no llegaron a competir el uno contra el otro y menos aún contra la alargada sombra de las dos estrellas históricas a las que acabó de consagrar en su día la Copa del Mundo: Pelé y Maradona.

El eterno debate se cerró, una vez más, en falso. “Pero tal vez ya se esté empezando a dejar atrás de manera definitiva”, argumenta, un poco a contracorriente, el periodista deportivo de The Guardian Dominic Fifield. “En los próximos años, intuyo que hablaremos mucho más de Neymar, Kylian Mbappé, Kevin De Bruyne o Antoine Griezmann, y el balance final de la formidable rivalidad Messi-Cristiano quedará para aficionados nostálgicos y para los historiadores del fútbol”.

"¿Dónde está escrito que Messi tiene que ganar el mundial para ser reconocido como el mejor jugador del mundo?", se pregunta el periodista James Robison

“¿En qué consiste ser el mejor de la historia? ¿Cómo demonios se mide eso?”, decía poco antes del Mundial de Rusia el escritor chileno Joaquín Barañao, autor de esa discreta delicia que es Historia freak del fútbol (Planeta). Para Barañao, más que a argumentos “objetivos” sobre la grandeza de uno u otro, sobre si Messi fue o no mejor que Maradona o si Cristiano Ronaldo resiste la comparación con Pelé, hay que recurrir a consideraciones de tipo “mágico” que enturbian sin duda la discusión, pero la vuelven mucho más divertida: “Maradona tiene una iglesia con sus propios rituales de boda y bautizo y los compañeros de equipo de Pelé en el Cosmos de Nueva York decían que a veces, en pleno partido, sentían la tentación de sentarse en el césped a verle jugar”.

Barañao es “muy de Maradona, una fuente inagotable de anécdotas freak, que es lo que yo recopilo en mis libros”. Sin embargo, cuando se pone serio, el escritor nacido en Santiago de Chile concluye que los mejores futbolistas de la historia tal vez sean “Messi y Pelé, no sé si en ese orden”. Y descarta a Maradona basándose en un argumento esbozado por Simon Kupor y Stefan Szymanski en su Soccernomics, su ensayo sobre la economía y la estadística aplicadas al fútbol: “La Argentina del periodo en que Diego Armando Maradona fue internacional, entre 1981 y 1994, tuvo el rendimiento más bajo de su historia, obteniendo apenas un 53 % de los puntos en disputa. Pero, entre desastre y desastre, ganaron el Mundial de 1986, con un juego irregular, pero dejando para el recuerdo momentos de gran brillantez”. De ahí el mito, en su opinión no del todo justificado, de la grandeza incomparable de Maradona.

Según Barañao, Maradona tuvo un “excepcional don de la oportunidad”, mientras que Messi es Maradona casi todos los días, con las únicas excepciones, tal vez, del par de días que más lo ha necesitado. “Si a Maradona le quitas ese título del 86, no habría debate”, argumenta James Robinson, periodista del diario británico The Sun, “ni siquiera en Argentina”. Es más, en opinión de Robinson, “no debería haber debate ni siquiera en relación a Pelé, Johan Cruyff o cualquier otro candidato que se os pueda ocurrir: si el mundo no acepta aún que Lionel Messi es, sin duda, el mejor futbolista de la historia, es por culpa de Gonzalo Higuaín”.

“Messi es el mejor porque nació siéndolo y no podría dejar de serlo ni aunque se lo propusiese. Incluso sus cortes de pelo mejoran con el tiempo”, argumenta James Robinson, de 'The Sun'

Con la simpática virulencia que caracteriza sus artículos, Robinson argumenta que “solo la increíble falta de puntería de un Higuaín empeñado en rematar a las nubes” evitó que la Argentina de Messi ganase hace cuatro veranos la final de la Copa del Mundo contra Alemania, sepultando así cualquier controversia. “Messi es el mejor porque nació siéndolo y no podría dejar de serlo ni aunque se lo propusiese”, zanja Robinson, en otro alarde de humor displicente. “Incluso sus cortes de pelo mejoran con el tiempo”.

El colombiano Miguel Méndez Camacho, autor de la biografía Pelé. De la favela a la gloria (Panamericana Editorial), lleva años argumentando que el brasileño fue mucho mejor futbolista que Maradona. Para él, “Pelé era un artista, un director de orquesta, un prestidigitador y un poeta”. En su opinión, “sigue siendo el rey”.

Los candidatos contemporáneos a desbancarle, de Messi a Cristiano Ronaldo, pasando por Zidane o Ronaldo Nazario, no tienen su aura ni su grandeza. Eso sí, Méndez reconoce que, más allá de intangibles como el grado relativo de elegancia, plasticidad o exuberancia física, en la superioridad “indiscutible” de Pelé juega un papel crucial un frío dato objetivo: “Ganó tres Copas del Mundo con su selección”.

Para Dominic Fifield, “ese no puede ser el baremo definitivo”. Aún obviando que Pelé tuvo en sus justas mundialistas compañeros de viaje del calibre de Didí, Vavá o Garrincha, lo que le convierte en “la mejor individualidad de una generación de futbolistas brasileños irrepetibles”, resulta injusto comparar “a jugadores de épocas distintas en base a su rendimiento en un torneo que se disputa cada cuatro años, en verano, cuando algunos de los mejores jugadores han dejado atrás su pico de forma”.

Para Fifield, “la Copa del Mundo es un torneo excepcional y el fútbol de clubes es la normalidad y la rutina, y la grandeza de un jugador debe medirse también por cómo se maneja en la rutina”. Robinson secunda esta tesis lanzando una pregunta al aire: “¿Dónde está escrito que Messi, o Cristiano Ronaldo, si quiere, tiene que ganar el Mundial para ser reconocido como el mejor del mundo? ¿Acaso no ha rendido de manera excelente durante más de un decenio en la que tal vez sea la liga más potente del planeta y no ha tenido un impacto enorme en la competición de fútbol profesional de mayor nivel, que es la Champions League?”.

La lista de grandes de la historia del fútbol que nunca se proclamaron campeones del mundo con sus selecciones podría arrancar muy atrás, con el brasileño Leonidas da Silva o el austríaco Matthias Sindelar, para incluir a continuación a la portentosa generación de talentos húngaros de la que formaron parte Kocsis, Puskas y Kubala, seguir con Eusebio, Di Stéfano o Luis Suárez y recoger, ya en la era del fútbol en color, a Cruyff, Platini, Van Basten, Zico, Best y tantos otros. Todos, como Messi y Cristiano, leyendas del fútbol huérfanas de ese torneo tan maravilloso como ingrato que es la Copa del Mundo.

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