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OPINIÓN

La soñada ruta comercial del Norte, una amenaza para el Ártico

Donde muchos observan los peligros del cambio climático, otros ven un negocio. Es lo que ocurre con el deshielo del Polo Norte

Decía Naomi Klein en su Teoría del shock, en referencia al desastre del Katrina, que donde algunos veíamos un desastre ambiental y social terrible, otros veían una oportunidad de negocio. Hoy el Ártico, o lo que va quedando de él, afronta —al igual que hizo Nueva Orleans entonces— esta visión empresarial del territorio.

Leo con preocupación que Maersk, principal grupo industrial danés y una de las navieras más importantes del mundo, aprovechará el deshielo del Ártico para probar el transporte de contenedores a través de la ruta del Mar del Norte. Antes ya lo han hecho otras compañías como la asiática China Ocean Shipping Company (Cosco) o la japonesa MOL. Cosco, de hecho, ya ha transportado petróleo por esta vía. Con mayor o menor gravedad según el tipo de barco, combustible y carga transportada, estos ensayos para establecer rutas marítimas deberían preocuparnos.

De entrada, porque parece que la industria naviera asume que el Ártico será cada vez más navegable, solo así se entienden inversiones enormes en ensayos para establecer rutas comerciales que, de conseguir los objetivos climáticos del Acuerdo de París, no deberían ser posibles. Además, sorprende que mientras algunas compañías como Maersk claman en algunos foros estar comprometidos con la reducción de gases de efecto invernadero, realicen ensayos de nuevas rutas marítimas en vez de invertir estos esfuerzos en los únicos ensayos urgentes, aquellos destinados a incorporar tecnologías bajas en carbono ya disponibles para este sector, como el hidrógeno o el amoniaco, tal y como pide la Asociación de armadores de comercio internacional (ICS).

El Ártico ha sido una región que, por sus características, había quedado a salvo de la explotación industrial. Sin embargo, el cambio climático va haciendo de esa zona un área cada vez más amigable al tráfico marítimo, exploraciones petroleras, actividades turísticas... Algunos expertos ya denunciaban el año pasado que "la degradación del Ártico es vista como un negocio". Y corre serio peligro si no actuamos ahora. No es solo hielo, en esa zona viven millones de personas que atesoran culturas ancestrales, existen ecosistemas muy particulares y, además, ambos polos regulan las corrientes de los océanos, nuestras temperaturas y patrones climatológicos. Es por ello que protegerlo no es solo tareas de los países de esas regiones, sino de todos.

La ruta comercial del Norte, de conseguir los objetivos climáticos del Acuerdo de París, no debería ser posible

La situación es crítica: este invierno ha registrado su menor extensión para una época invernal. El 40% de la capa de hielo ha desaparecido en las últimas cuatro décadas según la ONU y el transporte marítimo comercial por las rutas marítimas del norte quiere crecer un 500% entre 2015 y 2025, con el impacto que esto tendrá, muy especialmente, en los mamíferos marinos, pero también en el cambio climático. La quema de combustibles pesados (HFO) a esas latitudes es cinco veces más dañina. El carbono negro se deposita en el hielo, absorbiendo luz y calor, acelerando aún más el deshielo. Un bucle mortal para el planeta tal y como lo conocemos ahora. Los expertos coinciden: la única manera de revertir la inminente desaparición del Ártico es invertir en "esfuerzos de mitigación más intensos a nivel mundial", y en esto la industria naviera es clave; por ello, organizaciones como las que conforman la Clean Arctic Alliance piden a las compañías navieras y crucerosque no utilicen combustibles HFO.

La industria se comprometió, en abril de este mismo año en la IMO (Organización Marítima Internacional), a reducir sus emisiones en un 50% para 2050, un trato de por sí no demasiado ambicioso, pero al que deberían estar dedicados todos sus esfuerzos. De ello depende en gran parte que en unas décadas el Polo norte siga existiendo.

Míriam Zaitegui es experta en transporte y políticas de cambio climático en la organización Ecología y Desarrollo (ECODES).

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