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Trump castiga a Irán

Las medidas económicas que ha puesto en marcha Estados Unidos rompen el consenso con los aliados europeos y amenazan con desestabilizar Oriente Próximo

El presidente de Irán, Hassan Rohaní, durante una alocución televisiva el pasado lunes día 6.
El presidente de Irán, Hassan Rohaní, durante una alocución televisiva el pasado lunes día 6.

Al cumplir su amenaza de reimponer sanciones comerciales a Irán, Donald Trump ha devuelto a Washington a la vía de la política internacional unilateral que conduce al aislacionismo. El presidente republicano apartó hace tres meses a Estados Unidos del acuerdo nuclear suscrito por las grandes potencias en 2015 con Teherán, centrado en el control de las actividades de desarrollo de armamento atómico. Ni el resto de los firmantes del pacto —Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania— ni los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica de la ONU han hallado motivos para denunciar su incumplimiento.

La primera tanda de las sanciones estadounidenses golpea la emisión de deuda, el comercio de metales o las transacciones con dólares en un regreso la política de mano dura —de “máxima presión económica”, en palabras de Trump— con el régimen de los ayatolás, tras el éxito de la diplomacia multilateral emprendida por el demócrata Barack Obama en la última etapa de su Administración.

Para proteger los intereses de las empresas comunitarias afectadas por las mediadas punitivas, la Unión Europea ha reaccionado con la activación del denominado Estatuto de Bloqueo. La contramedida de Bruselas no ha evitado, sin embargo, que compañías como Airbus o Renault hayan abandonado sus intereses en Irán para no verse perjudicadas en sus negocios en EE UU. La desbandada puede agravarse cuando Trump ordene en noviembre la aplicación de la segunda fase de las sanciones, que se concentrarán en el sector del petróleo.

Bajo el pretexto de forzar a Teherán a renegociar el acuerdo nuclear, ampliando las discusiones al programa de misiles balísticos, Trump y los halcones que marcan el paso de la política exterior de la Casa Blanca parecen perseguir una improbable caída del régimen islámico por la senda de la asfixia económica. Pero como ocurrió con la invasión de Irak para derrocar a Sadam Husein, nadie parece haber previsto los afectos adversos de la escalada de Washington. Las sanciones contribuyen a reforzar a los sectores más radicales de la República Islámica y amenazan con desestabilizar Oriente Próximo. Irán ya ha advertido con maniobras navales en el estrecho de Ormuz y con ataques de sus aliados yemeníes en el de Bab el Mandeb, ambas vías marítimas estratégicas para el suministro mundial de crudo.

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