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El rediseño del sistema fiscal

Es incomprensible que no se paguen impuestos en las compras de activos financieros

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero.
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero. EFE

El sistema impositivo mundial necesita una importante revisión y una reorientación hacia nuevos objetivos prioritarios para la sociedad actual, resolviendo además sus importantes disfunciones operativas y recaudatorias, así como su alto grado de inequidad fiscal, tanto a nivel intranacional como internacional.

Son necesarias cinco importantes medidas, encaminadas, por una parte, a redefinir los gravámenes actuales, y por otra, a combatir el fraude fiscal en el mundo:

A) Reorientación de los gravámenes. 1) Costes sociales y medioambientales: El marco impositivo internacional debe orientarse a gravar más sustantivamente aquellos sectores y actividades que tienen unos mayores costes sociales para la ciudadanía y para ese entorno natural que compartimos ineludiblemente en la Aldea Global. Es necesario así internalizar al máximo los costes medioambientales, gravando en mayor medida las numerosas actividades y productos que contaminan y dañan el medio ambiente, especialmente los de un consumo intensivo de combustibles fósiles (gasoil, etc.).

2) Impuestos transnacionales: Se deben reorientar los gravámenes hacia aquellos sectores o ámbitos más especulativos y que generan excesivas plusvalías en relación con el escaso valor añadido social que aportan. Sería necesario establecer un Impuesto sobre las Transacciones Financieras, que se orientase en el sentido que la propuso el Premio Nobel James Tobin, es decir, hacia aquellas operaciones de carácter especulativo a corto plazo, sobre todo en los enormes mercados internacionales de divisas, en los que se realizan diariamente millones de operaciones especulativas de compraventa de divisas a plazos de uno o dos días, que no añaden valor añadido y cuyas ganancias están exentas de impuestos.

También se podría orientar este impuesto hacia operaciones financieras en moneda nacional, como los derivados, swaps, etc. y que tampoco pagan impuestos. No es comprensible que cualquier ciudadano deba pagar impuestos por comprar un libro o una barra de pan y no se paguen impuestos en las compras de activos financieros. El hecho de establecer un impuesto para las transacciones financieras conllevaría, además, un censo o registro de los sujetos especuladores, generando una mayor transparencia.

B) Combatir la evasión y el fraude fiscal: El sistema impositivo internacional ha de ser más justo y afrontar el fraude con medidas como:

1) Combatir los paraísos fiscales: Es imprescindible que los gobiernos e instituciones supranacionales luchen más decididamente contra los paraísos fiscales, verdadero cáncer de la economía mundial. No es de recibo que haya en el mundo más de cien territorios offshore, en más de treinta países, y que haya una hipocresía por parte de muchas de las grandes potencias.

2) Evitar la deslocalización fraudulenta de los impuestos: Hay que combatir la descarada e inadmisible deslocalización de los beneficios de muchas empresas multinacionales, y por lo tanto de sus impuestos, hacia países que tienen niveles simbólicos y privilegiados de tributación. Para evitar ese fenómeno, se deberían establecer impuestos sobre las ventas o los ingresos por los servicios prestados en cada país (por ejemplo, a las grandes empresas tecnológicas); si se gravan únicamente los beneficios éstos quedan reducidos fraudulentamente por los gastos inventados formalmente a través de facturas o servicios realmente inexistentes.

3) Información pública país por país: Para hacer más transparente el pago a nivel internacional de los impuestos, habría de establecerse la obligatoriedad legal para las multinacionales de que adopten la Información pública país por país, esto es, publicando sus ingresos y los beneficios que obtienen en cada uno de los países, para que se pongan en evidencia las muy exiguas (o nulas) cantidades de impuestos que pagan en algunos de estos países.

Conclusión: Es necesario que tanto las instituciones públicas y gobiernos de cada país como las organizaciones supranacionales, afronten las conductas y disfunciones fiscales como las descritas, tan inequitativas como ineficientes, y a veces cargadas de permisividad e incluso de complicidad con el statu quo existente en un buen número de países, tan favorable para algunos sectores económicos, y todo ello en detrimento de esa mayoría de la población mundial con grandes carencias y socialmente desprotegida.

Jesús Lizcano Álvarez es catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid y presidente de Transparencia Internacional España.

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