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Aunque Cataluña fuera un Estado independiente, la literatura que hicieran los autores catalanes en castellano o en otros idiomas sería tan catalana como la escrita en catalán

Laura Borras, consejera de Cultura de la Generalitat.
Laura Borras, consejera de Cultura de la Generalitat. Gianluca Battista

El solo hecho de decirlo (“No pienso renunciar a los autores en castellano”, Laura Borràs, consejera de Cultura de la Generalitat de Cataluña) ya indica la anomalía de su pensamiento, pese a que ella crea que no es así. Si la consejera de Cultura de la Generalitat catalana no pensara que los autores en castellano no son tan catalanes como los que lo hacen en catalán, no tendría necesidad de afirmar que no va a renunciar a ellos.

Pero es que, además, lo dice: “La literatura catalana se escribe en catalán”. “¿Y Marsé qué es?”, le pregunta el periodista que entrevistó a Borràs para este periódico y en la que la consejera de Cultura posa para el fotógrafo vestida de amarillo por completo en claro gesto de reivindicación política. “Un catalán que escribe en castellano”, responde.

¿En qué quedamos, entonces? Si la literatura catalana es la que se escribe en catalán, la de los escritores que escriben en castellano, como Marsé o Mendoza, ¿no lo es? Lo dice la consejera, no yo. La consejera dice que Juan Marsé es catalán, pero no que su literatura lo sea. El hecho de que a continuación afirme que no piensa renunciar a ella (ni a la de Eduardo Mendoza, ni a la de Vila-Matas, ni a las de tantos autores que escriben en castellano, o en castellano y catalán, indistintamente, como hay en Cataluña) “porque esos autores forman parte de mi vida” (sic), ya hace ver que para ella hay dos literaturas diferentes, una catalana y otra que no lo es. No dice que sea extranjera, pero posiblemente lo piense.

Todo ello, pese a lo que la consejera Borràs supone, nada tiene que ver con el sentimiento independentista. Incluso, aunque Cataluña fuera un Estado independiente, la literatura que hicieran los autores catalanes en castellano o en otros idiomas sería tan catalana como la escrita en catalán, del mismo modo en que los estadounidenses consideran tan estadounidense la de sus escritores hispanos o francófonos como la de sus escritores en inglés, y los belgas consideran belgas a todos los suyos, escriban en el idioma en que escriban. Y así en todos los países con más de un idioma reconocido u oficial. Debe, pues, la consejera Borràs hacérselo mirar, que diría una catalana como ella, si no quiere que la comparen con el famoso lehendakari Ibarretxe cuando en una ocasión esgrimió como prueba de que no consideraba extranjeros en el País Vasco a los vascos que no tenían apellidos euskaldunes que él iba a correr en bici muchos domingos con uno que se apellidaba Fernández.

Lo que no le impedirá a la consejera seguir anhelando la independencia de su país y vestirse de amarillo si lo quiere, que, por cierto, es el color del narcisismo.

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