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La Alianza se resquebraja

Donald Trump se sirve de la OTAN para vapulear a sus aliados.

El presidente de los Estados Unidos, Donlad Trump, junto al secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, durante la cumbre de jefes de Estado de la OTAN.

La OTAN afronta un desafío que procede no de una amenaza exterior, sino de quien debería ser su principal valedor: Estados Unidos. La cumbre de Bruselas ha mostrado que, ajeno al valor estratégico que aporta tanto a Europa como a EE UU, Donald Trump se sirve de la Alianza para vapulear a sus socios.

El aumento del gasto militar hasta el 4% del PIB que Trump pretende imponer a los demás miembros a golpe de reprimenda es solo el reflejo de unos cuestionamientos más profundos. El presidente estadounidense solo parece entender la relación con sus aliados europeos en términos comerciales. De este modo, los mismos reproches que les lanza por exportar a EE UU más de lo que importan —o por comprar gas de Rusia— se trasladan al ámbito de la defensa.

Peor aún, Trump no tiene reparo en manipular los datos, como cuando afirma que su país sufraga el 90% del gasto de la OTAN. Así crea una falsa sensación de agravio respecto a los aliados europeos. Los réditos electorales que esta estrategia pueda aportarle ante las elecciones legislativas de noviembre son inciertos. Lo que sí parece seguro es que su estrategia de dañar un vínculo que todos sus predecesores en el cargo han procurado preservar desde la Segunda Guerra Mundial lo debilita ante el mundo y acentúa la desconfianza europea.

Europa está desconcertada por esta incomprensible deriva exterior estadounidense. Los gobernantes de la UE, presos de sus propias rencillas internas, dudan a la hora de plantar cara al discurso arrollador de Trump y, para no alimentar las tensiones, optan en público por la prudencia. Pero a la espera de tiempos mejores —otro dirigente estadounidense que pueda reconducir la relación en el futuro— tratan de reforzarse al margen de Washington. Los proyectos de integración en defensa que impulsa la UE constituyen una muestra clara de que el club comunitario ha perdido la confianza en su histórico aliado atlántico.

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