Análisis
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Catálogo de iniquidades

Europa morirá si se entrega a las políticas que atentan contra los derechos humanos de los xenófobos

Manifestantes protestan frente a las oficinas de Inmigración y Control de Aduanas en San Francisco (EE UU), el pasado 20 de junio.
Manifestantes protestan frente a las oficinas de Inmigración y Control de Aduanas en San Francisco (EE UU), el pasado 20 de junio. Marcio Jose Sanchez / AP

La lista es larga y pesada la carga moral. Los ahogados en el mar, los heridos en nuestras concertinas, los rechazados en las fronteras, los encarcelados por el delito de migración, los internados en campos de tránsito, los esclavizados, las violadas, y ahora los niños separados de sus padres en la frontera de Estados Unidos con México.

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Ningún gobierno tiene las manos limpias, pero hay gobiernos y sobre todo gobernantes que se complacen en hundirlas en el barro más degradante. Para ganar elecciones o para utilizar el dolor ajeno como instrumento de presión política, como hace Donald Trump con la repugnante técnica de separar a los menores de sus padres al cruzar la frontera sin autorización.

El panorama es estremecedor. Las urnas han llevado a gobernar en democracia a nacionalistas, racistas, supremacistas y extremistas de toda ralea, desde Filipinas e India, hasta EE UU e Italia, pasando por Hungría y Polonia. Los enemigos de la libertad utilizan la libertad para matar la libertad. Especialmente con los extranjeros, pero sin olvidar la exclusión de quienes consideran distintos dentro de casa.

Matteo Salvini nada en un mar de popularidad con su pretensión de censar a los gitanos para poder expulsar luego a los que no tengan la nacionalidad italiana. El país no había visto un gesto excluyente así desde las leyes raciales de 1938, dictadas por Mussolini bajo influencia de Hitler. Si este gobierno populista de la Liga y Cinque Stelle pone en práctica sus ideas, tendrá también su lista de gitanos italianos, como Mussolini tuvo las de judíos italianos. “A los gitanos italianos, desafortunadamente, habrá que quedárselos”, ha rematado este racista que ocupa la cartera de Interior.

Así es como se empieza. Ese catálogo apesta. Huele a genocidio, como si el siglo XXI anhelara repetir los horrores del XX. Ayuda la globalización de la indiferencia denunciada por el papa Francisco solo llegar al solio pontificio. Lo ejemplifica el silencio que acompaña al genocidio de los rohingya en Myanmar: más de medio millón de personas desposeídas de nacionalidad y expulsadas del país, más de 150.000 desplazadas en su interior, 200 aldeas destruidas, más de diez mil muertos y numerosos abusos, violaciones y malos tratos a cargo del ejército birmano.

No nos engañemos con Trump. Utiliza el llanto de los niños desamparados para chantajear y obligar al Congreso a legislar y aprobar su querida valla de separación con México. Para defender su estrategia indefendible, está superando todas sus plusmarcas como mentiroso. Arde su cuenta de Twitter. Aunque su aportación al catálogo de iniquidades no tiene rival desde el punto de vista moral, políticamente la mayor iniquidad no es suya, sino que está de la mano de los europeos.

Nada sería peor que la liquidación del proyecto europeo por incapacidad de los países socios para acordar una política de migraciones eficaz y decente. Dejará de ser Europa si se divide, pero morirá si se entrega a políticas que atentan contra los derechos humanos de los populistas xenófobos.

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