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OPINIÓN

La energía que desplaza

Es necesario transitar hacia un nuevo modelo energético sustentado por renovables en el que la energía sea considerada un derecho básico

El 4 de diciembre del 2000, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaraba el 20 de junio como el Día Mundial de los Refugiados, coincidiendo así con el aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. Han transcurrido 18 años desde la adopción de la resolución 55/76 y las cifras de personas forzadas a desplazarse y abandonar sus hogares no han dejado de aumentar. Según datos facilitados por ACNUR, 2017 marcó un nuevo récord al alcanzarse los 25,4 millones de personas beneficiarias de protección internacional frente a los 22,5 millones del año anterior.

Conflictos armados, sequías prolongadas, desertización, falta de acceso al agua, hambrunas y un largo etcétera son algunas de las causas que empujan a millones de personas cada año a transitar por vías no seguras, poniendo el riesgo su vida y, en muchos casos, perdiéndola.

Ante esta alarmante realidad, todos los actores deben ser partícipes en la resolución de un drama que tiene todos los visos de acentuarse a consecuencia del cambio climático. Una implicación desde todas las esferas, de la individual a la colectiva, a nivel particular, empresarial e institucional.

Desde Ecooo llevamos 13 años trabajando por una transición energética que sitúe la energía en manos de las personas y como un derecho fundamental. Una energía que no desplace y conquiste Derechos. Así, el pasado 22 de noviembre lanzamos junto a la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), la campaña Enciende Refugio, una iniciativa que ha permitido visibilizar la problemática de las personas desplazadas forzosamente a causa del actual modelo energético, poniendo el foco en la necesidad de luchar contra sus causas y atender a sus devastadoras consecuencias socioambientales y económicas. Es urgente abrir el debate a todos los niveles e involucrar a la ciudadanía ante una realidad de la que apenas hay cifras claras ni estudios que la aborden.

A través de Enciende Refugio se ha conseguido socializar, en apenas seis meses, una planta solar fotovoltaica de 20 kW de potencia sobre cubierta en el municipio madrileño de Loeches. Con una inversión total de 72.360 euros, esta instalación generará 32.400 kW al año, evitará la emisión de 650 toneladas de CO2 durante su vida útil y proporcionará a CEAR unos ingresos anuales mínimos de 750 euros durante 25 años para que continúen atendiendo y trabajando por las personas refugiadas, apátridas y migrantes.

Desde 2008, cada año 21,5 millones de personas tienen que abandonar sus hogares por causas relacionadas con el clima

Han sido más de 50 personas las que han participado con aportaciones desde 100 euros, convirtiéndose así en productoras de energía renovable responsable y apoyando, al mismo tiempo la labor de CEAR y un nuevo modelo energético que no desplace.

Enciende Refugio también ha puesto sobre la mesa que la energía que consumimos no es inocua, sino que está relacionada con la forma en la que la producimos, así como con las lógicas económicas con las que operan las organizaciones que la gestionan o aquellas que extraen recursos o realizan infraestructuras energéticas. Son lógicas que anteponen los intereses empresariales al derecho de las personas a vivir dignamente en sus territorios. Esta es una iniciativa que ha permitido visibilizar a las miles de personas que se ven obligadas a huir de sus hogares  y que la legislación internacional nos las reconoce como refugiadas. Estas se sitúan en la mayoría de los casos en un limbo legal y,no se limitan a los países del Sur Global.

Según ACNUR, desde 2008, cada año 21,5 millones de personas tienen que abandonar sus hogares, desplazándose forzosamente dentro de su propio país a otro, por causas relacionadas con el clima. Estas cifras, bastante lejanas a la realidad, tan sólo tienen en cuenta cuestiones climáticas, pero el actual modelo energético es el responsable del cambio climático pero también de numerosos conflictos bélicos derivados de la pugna por materias primas energéticas, el desplazamiento de comunidades locales por la construcción de infraestructuras energéticas por parte de grandes multinacionales o la contaminación ambiental generada tanto por la quema de combustibles fósiles como por la gestión de residuos nucleares.

Además, el análisis no puede ser completo si no se tiene en cuenta un enfoque de género e interseccional. Las mujeres sufren con mayor virulencia las desigualdades y las discriminaciones (según la ONU, el 70% de las personas empobrecidas en el mundo son mujeres), muy especialmente en los países del Sur global. En los conflictos, sus cuerpos son convertidos en campos de batalla. Son conflictos generados por los intereses de grandes corporaciones transnacionales cuya máxima es la concentración de la riqueza en manos de unos pocos. La relación que las mujeres tienen con la energía y sus usos, así como la falta de acceso a ésta, condiciona la vida de muchas.

La energía que consumimos no es inocua, sino que está relacionada con la forma en la que la producimos y con las lógicas económicas con las que operan las organizaciones que extraen recursos

Por todo ello, el pasado miércoles 23 de mayo, organizamos la jornada Energía que Desplaza. Perspectivas y testimonios como respuesta a un conflicto global para continuar trabajando por un modelo energético que no sea cómplice y verdugo de los desplazamientos forzosos. Se habló de la evolución y situación jurídica actual de las personas refugiadas, migrantes y desplazadas, de la relación entre los conflictos sociológicos, el cambio climático y los desplazamientos forzosos, de las migraciones climáticas en el Corredor Seco Centroamericano y la resistencia de las mujeres, así como de la relación entre las empresas energéticas transnacionales y la vulneración de Derechos Humanos y de los conflictos energéticos a través del Atlas de la Justicia Ambiental.

Enciende Refugio y este nuevo proyecto se enmarca en el inicio de un cluster colaborativo y participativo que permita seguir denunciando, investigando y difundiendo la situación actual de millones de personas pero también que sea un llamamiento a la acción a toda la ciudadanía, medios de comunicación, Instituciones y organizaciones. Ambos inciden en la necesidad de transitar hacia un nuevo modelo energético sustentado por energías renovables, distribuido, descentralizado, justo, equitativo, inclusivo, democrático, representativo, participativo, emancipador y en manos de las personas; un nuevo modelo energético en el que la energía sea considerada un derecho básico, la vida se sitúe en el centro y que minimice los impactos en nuestros cuerpos, en el de todos los seres que cohabitamos el planeta y en los otros territorios.

Vanessa Álvarez pertenece al departamento de comunicación de Ecooo, una empresa de no lucro de la economía social y solidaria.