Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Cambio de escenario

El final de la expansión monetaria frenará el crecimiento en 2019

Mario Draghi, presidente del BCE
Mario Draghi, presidente del BCE EFE

Mario Draghi puso ayer fecha de caducidad a la etapa de excepcionalidad monetaria que ha facilitado la salida de la crisis de la eurozona desde 2015. Las compras de activos se prolongarán durante otros tres meses (de septiembre a diciembre de este año), pero durante esa prórroga la compra será solo de 15.000 millones mensuales y desaparecerán a partir de esa fecha “si la inflación” y otros indicadores básicos lo permiten. De este anuncio puede inferirse que la eurozona volverá a un escenario de subida paulatina de tipos a partir del verano del próximo año. Estamos en el prólogo de un cambio monetario profundo, aunque progresivo, que tendrá consecuencias importantes para la economía europea a partir de 2019.

Hay que alabar la prudencia del BCE, ya demostrada en otras ocasiones. La leve desaceleración que se aprecia en la economía europea —la economía española crecerá por debajo del 3% este año y perderá algunas décimas el que viene— y las turbulencias causadas por la agitación política italiana aconsejaban demorar el final de la política monetaria expansiva que ha contribuido a sacar a la economía europea de la crisis. Incluso ha resistido la presión indirecta de la subida de tipos de la Reserva Federal. Pero, sin caer en el dramatismo, el final anunciado de la compra de activos preludia un cambio radical, aunque progresivo, de escenario económico a partir de la segunda mitad de 2019; la clave estará precisamente en el grado de suavidad con que se gestione la subida de tipos. Mejor que los pilote un Mario Draghi que un ortodoxo radical como Jens Weidmann, candidato alemán a presidir el BCE.

El giro monetario implica que las condiciones externas serán más duras para la economía española a partir del próximo verano. El aumento esperado de los tipos de interés encarecerá el coste de la deuda y reducirá el margen de maniobra presupuestario para invertir en infraestructuras e I+D (condiciones imprescindibles para mejorar la productividad de la economía); además, elevará de forma progresiva el tipo de los préstamos. Como contrapartida, mejorará las condiciones del negocio bancario; los bancos necesitan que el dinero sea más caro para ampliar sus márgenes.

Pero, aunque el cambio de la política monetaria varía las condiciones del crecimiento económico en la eurozona, conviene recordar que este es un cambio previsto con antelación. Este conocimiento previo es imprescindible para modular la adaptación de las empresas e instituciones al nuevo escenario. El Gobierno de Sánchez no puede llamarse a engaño. Porque, además del final de los estímulos monetarios, ya sabe que en los Presupuestos para 2019 tendrá que contar además con una subida del precio medio del petróleo —un efecto oblicuo de la política estratégica de Donald Trump—, una desaceleración significativa del comercio mundial de la que también cabe responsabilizar al presidente de Estados Unidos, un descenso del turismo a causa de la recuperación de mercados competidores y un ajuste pendiente del déficit público que, por cierto, sería conveniente cuantificar. Y ello sin contar con el insuficiente apoyo parlamentario. Todo ello se resume en menos capacidad futura para que el Estado actúe sobre la economía. Todo será un poco más difícil en 2019.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.