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Rajoy perderá la moción aunque la gane

Lo que se dirime ya no es quién será presidente el viernes, sino quién convocará elecciones

Pedro Sánchez.

Lo más interesante de la moción de censura que ha planteado Pedro Sánchez no es por el momento quién la gana o quién la pierde, sino que ha dinamitado la extraña zona de confort en la que se habían instalado todos los partidos, obligándoles a articular estrategias nuevas en territorio hostil.

Hasta la fecha, Ciudadanos avanzaba a grandes zancadas rumbo a la meta, donde esperaba apropiarse del pañuelo en un cara a cara cada vez más facilón con un Partido Popular al que le pesan las piernas. El inmovilismo del PP ante la corrupción ya era insostenible, pero dejado a su libre albedrío y con el suero enchufado en vena por el PNV bien podía haber durado otros dos años. Los nacionalistas vascos acababan de sacrificar su propia palabra a cambio de suculentas contrapartidas en los Presupuestos, por un lado, y de posponer el avance de Ciudadanos, a quien temen más que al artículo 155, por otro. Y Podemos podía seguir jugando a ser Podemos, chalé incluido, frente a un PSOE ausente que le iba cediendo terreno.

Sánchez ha dinamitado la extraña zona de confort en la que se habían instalado todos los partidos

Así que Pedro Sánchez ha dado la vuelta al tablero y ha colocado la responsabilidad del inmovilismo, ya no en Rajoy, donde estaba, sino en quienes pueden prolongarlo o enviarlo donde debería estar: en el pasado. ¿O acaso alguien se puede atrever a apuntalar de nuevo a Rajoy sin pagar un precio por ello? La posibilidad de perder coherencia puede tener para Ciudadanos costes más abrumadores que las ventajas de mantener al PP cociéndose a fuego lento hasta quemarse por completo en el poder. Algo parecido les ocurre a los barones y líderes socialistas no afines a Sánchez: ninguna crítica al secretario general será comprendida si pasa por una defensa del statu quo. Y por eso han optado, en general, por callar.

Los censurómetros pueblan los medios estos días para que cada lector calcule qué combinaciones pueden dar el poder a Pedro Sánchez. Pero la verdadera herramienta imposible que hoy muchos desearían debería medir cuántos votos pueden perder los partidos si no toman la decisión correcta: cuántos votos se puede dejar el PSOE si su moción no es bien defendida; cuántos de Podemos si empieza a exigir un precio absurdo en términos de poder; cuántos el PNV y Ciudadanos si se presentan como escuderos del PP más corrupto; cuántos ERC y PDeCAT si otra vez pierden la oportunidad de ganar una oportunidad. Acierta Sánchez al exigir un voto gratis, sin condición alguna, y acertarían ellos si supieran cumplir con el pragmatismo que un día tuvieron.

El PSOE ha colocado la responsabilidad del inmovilismo, ya no en Rajoy, donde estaba, sino en quienes pueden ponerle fin

Rajoy puede ganar algo de continuidad si Sánchez —como parece probable— pierde la moción. Pero también perderá. La falsa estabilidad que se mantenía a empellones no aguantará mucho más. La convocatoria de elecciones anticipadas está a la vuelta de la esquina y hoy nos falta la siguiente herramienta necesaria: quién gana más si logra convocarlas. La moción de censura, por tanto, ya no trata de quién queda como presidente del Gobierno, sino de quién convocará las elecciones: Sánchez, desde el poder dudoso de una ecuación fácil de atacar; Rajoy, desde el poder mermado tras semejante ataque; o hasta Rivera, desde su maniobra improvisada de la moción instrumental. El juego avanza y ojalá logren la mejor solución antes de que se invente, no el curioso censurómetro, sino la herramienta para medir todo lo que está perdiendo la democracia en malas manos.

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