Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Innovación por y para los refugiados

Christopher Earney, a la cabeza del Servicio de Innovación de Acnur, asegura que es fundamental no centrarse solo en la fase de emergencia e implicar a las comunidades de acogida

Innovación no es sinónimo de tecnología. O, por lo menos, no siempre. Tampoco es meramente una cuestión de dinero. Para Christopher Earney, a la cabeza del Servicio de Innovación de Acnur (el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados), se trata más bien de un enfoque necesario para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La tecnología puede ayudar, eso sí, a que la innovación se aplique a escala y de forma rápida y sostenible, sin dejar a nadie atrás. “Hay un matiz entre innovación y tecnología. La primera consiste en prácticas y la segunda es un conjunto de herramientas. A veces usamos esta última para innovar, otra veces no. La tecnología es nuestra amiga, se usará para predecir el futuro de desplazamientos, cambio climático, estabilidad o inestabilidad política y muchas otras situaciones, por eso hay que usarla cuando sea necesario, sin perder de vista los principios de protección de datos”, cuenta Earney desde Barcelona, donde participó en la Jornada Anual del Instituto de Innovación Social de ESADE el pasado 17 de abril.

Para que este planteamiento tenga éxito, insiste el experto de la ONU, es necesario incluir en el proceso tanto a las personas refugiadas como a las comunidades que las acogen y no centrarse exclusivamente en la fase de emergencia. Este camino, según Earney, requiere continuas idas y vueltas. Una y otra vez. “Tomamos nota de todos nuestros errores para entender por qué una idea no funcionó y cómo podemos ahorrar el tiempo y los recursos de otros evitando errores parecidos. Ponemos a prueba una suposición lo antes posible y recabamos información fiable antes de invertir recursos económicos en ella. Si falla, retrocedemos al escalón anterior”, asegura.

La tecnología de por sí no es mala. Puede usarse bien, mal o todo lo que hay en el medio. Hay que ser conscientes de estos peligros e intentar paliarlos

“Por ejemplo, hace poco empezamos a emplear análisis predictivos para intentar predecir los desplazamientos en un Somalia a través del uso del big data, inteligencia artificial, aprendizaje automático y otros datos. Creo que hemos hecho 121 errores solo en ese experimento”. Sin embargo, después de todos los intentos fallidos, el equipo de Acnur ya se acerca a predecir patrones de algunos tipos de desplazamientos con cuatro semanas de antelación, cruzando elementos como los datos meteorológicos, económicos (incluido el precio de las cabras) e información sobre los conflictos.

Las redes sociales también desempeñan un papel central en el diseño de innovación, como en la iniciativa llevada a cabo por Acnur junto con otra organización de Naciones Unidas, Pulso Global, entre 2015 y 2016 para sondear a través de los tuits los sentimientos de las comunidades de acogida hacia los refugiados que viajaban desde Turquía al norte de Europa.

Earney cree que los drones pueden ser aliados estratégicos en esta nueva visión del trabajo humanitario y que su potencial es enorme, aunque con reservas. “Hasta ahora, Acnur ha realizado unas cuentas pruebas en cuestiones de cartografía, para entender cómo son los asentamientos, donde se encuentran áreas que pueden utilizarse para mejorar las infraestructuras, o para objetivos de información pública”, señala el experto.

Sin embargo, matiza, también esconden riesgos. “Tenemos que ser muy cuidadosos a la hora de usar imágenes desde un vehículo aéreo no tripulado. Por ejemplo, hay que tener mucho cuidado con que se puedan identificar a las personas y si tenemos su consentimiento para grabarles”, explica. “Además, hay un factor cultural. En algunos casos, hablamos de poblaciones que llegan desde áreas de conflicto, donde las partes implicadas pueden haber usado los drones”.

El experto de Acnur admite que existe el riesgo de que la innovación tecnológica deje de lado a la parte más pobre de la población, pero sostiene que el objetivo de su organización es que sea lo más asequible posible. “La tecnología de por sí no es mala. Puede usarse bien, mal o todo lo que hay en el medio. Hay que ser conscientes de estos peligros e intentar paliarlos”.

¿Cómo funciona el ‘Innovation Lab’?

Uno de los principales objetivos de este servicio de Acnur (el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados) es hacer que la innovación sea lo más accesible posible. El departamento otorga becas de formación de duración de un año para un grupo de entre 25 y 30 personas, sea cual sea su área de actividad. A lo largo de este período se les ofrece asesoramiento o incluso acceso a fondos y alianzas.

Pero estas metas tienen que lidiar a menudo con falta de compromiso político y económico a largo plazo, en un contexto en el que hay tendencia a creer que la situación de los refugiados es algo temporal —aunque en la realidad pueda prolongarse durante décadas—.

“Estamos viviendo tiempos revueltos y los fondos siempre son un desafío. Nunca vamos a disponer de los recursos suficientes para hacer todo lo que consideramos necesario, probablemente como cualquier otra organización humanitaria, pero intentamos hacer lo mejor que podemos con lo que tenemos”. La mayoría de los fondos que maneja Acnur provienen de gobiernos, pero la organización está intentando diversificar y atraer dinero del sector privado.

Puedes seguir a PLANETA FUTURO en Twitter y Facebook e Instagram, y suscribirte aquí a nuestra newsletter.

Más información