Givenchy, adiós al eterno aprendiz

El mundo de la moda pierde a uno de sus máximos representantes, que falleció el sábado a los 91 años mientras dormía

El diseñador francés Hubert de Givenchy, en 2014 en el Thyssen (Madrid).
El diseñador francés Hubert de Givenchy, en 2014 en el Thyssen (Madrid).SAMUEL SÁNCHEZ

El diseñador francés Hubert de Givenchy, murió el pasado sábado a los 91 años. “Con una inmensa tristeza, Monsieur Philippe Venet informa de la muerte de Monsieur Hubert Taffin de Givenchy, su compañero, y amigo. Sus sobrinos y sobrinas, así como los hijos de estos, comparten esa tristeza”, anunciaba ayer la familia la muerte del modista.

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El “eterno aprendiz”, como Givenchy se definía a sí mismo, falleció durante la noche, “mientras soñaba”. Él siempre soñó. Primero con ir a París desde Beauvais, donde nació el 21 de febrero de 1927, en el seno de una familia protestante, perteneciente a la nobleza francesa. Su padre murió cuando tenía dos años y el diseñador creció influido por su madre, por quien sentía admiración, y por las telas y disfraces de la fábrica de tapices de su abuelo.

A la capital francesa llegó en 1944 para estudiar en la École des Beaux-Arts con modistas como Robert Piguet o Elsa Schiaparelli. Givenchy también soñó con crear su propia marca: la Maison Givenchy, que inauguró en 1952. Solo dos años después se convirtió en el primer diseñador en presentar una línea de prêt-à-porter de lujo. Y en el camino se cruzó con Audrey Hepburn, su musa, su amiga: “Me cambió la vida”.

Ese encuentro con la actriz belga en 1953 fue clave: le prestó varios modelos para Sabrina, estrenada un año después. Fue su primera colaboración. La primera de muchas. En 1957, Hepburn se convirtió en imagen de L'interdit, el primer perfume del modista francés. Luego él creó iconos como el vestido negro que ella vistió en Desayuno con diamantes (1961); las creaciones retratadas por Fred Astaire en Una cara con ángel (1957) o la pieza de encaje y antifaz negros de Hepburn en Cómo robar un millón (1966). A Givenchy también recurrieron personalidades clave del siglo XX, como Jacqueline Kennedy, Wallis Simpson, Grace Kelly, o Carolina de Mónaco.

Hubert de Givenchy con Audrey Hepburn, en 1983.
Hubert de Givenchy con Audrey Hepburn, en 1983.CORDON PRESS

También en 1953, Givenchy conoció a Balenciaga: “Perdí a mi padre cuando era niño y Balenciaga fue como otro padre para mí. Me enseñó a respetar los tejidos”. Su amistad también se hizo eterna y se convirtió en impulsor del Museo Balenciaga, fundado en 2011. “Viví el esplendor de la alta costura, cuando se aspiraba a la perfección tanto exterior como interior de las prendas”, decía el modisto, epítome de la elegancia parisina durante más de medio siglo.

“Su influencia continúa. Su trabajo sigue siendo tan relevante hoy como lo era entonces”, le despedían desde su Maison, que en 1988 fue adquirida por el grupo de lujo LVMH. “Hubert de Givenchy, uno de los diseñadores más exitosos de la década de los años cincuenta, pudo combinar dos cualidades raras: ser innovador y atemporal”, añadía Bernard Arnault, director de LVMH.

Durante 43 años, el modista estuvo acudiendo a su atelier a las 7 de la mañana. Infatigable, se retiró en 1995: “Dejaré de hacer ropa, pero jamás de descubrir. La vida es como un libro: hay que saber pasar página”. Él supo hacerlo hasta el final. Su funeral se celebrará “en la más estricta intimidad”, añadía el comunicado de la familia, “en lugar de flores, De Givenchy hubiese preferido una donación a Unicef en su nombre y en su memoria”.

Sobre la firma

Pablo León

Periodista de EL PAÍS desde 2009. Actualmente en El País Semanal. Durante seis años fue redactor de Madrid, cubriendo política municipal. Antes estuvo en secciones como Reportajes, El Viajero o Tentaciones. Es licenciado en Ciencias Ambientales y Máster de Periodismo UAM-EL PAÍS. Vive en Madrid y es un experto en movilidad sostenible.

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