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Magda Bellotti: la galerista que surgió del viento

Criada bajo la corriente de Algeciras, acumula 30 años de experiencia como galerista y, precisamente por eso, sabe que es hora de revisar el futuro de estos espacios

Bellotti posa para ICON en su galería de la madrileña calle Fúcar, donde hasta el 23 de abril se podrá ver la muestra ‘Asphodèle’, con obras de la escultora Jeanne de Petriconi. Es gratis y es usted bienvenido.
Bellotti posa para ICON en su galería de la madrileña calle Fúcar, donde hasta el 23 de abril se podrá ver la muestra ‘Asphodèle’, con obras de la escultora Jeanne de Petriconi. Es gratis y es usted bienvenido.

Cuenta Magda Bellotti que en Algeciras, la ciudad en la que nació en 1957, es imposible empezar una conversación sin decir si el viento es de levante o de poniente. “Es un sitio de paso, un lugar extraño que produce fascinación. Un cruce de culturas, de migraciones de pájaros y de peces y, a la vez, un territorio de enormes carencias”, describe. Tanto ella como sus dos hermanos estudiaron en inglés y siempre tuvieron una relación especial con Gibraltar, donde residía parte de su familia.

“Yo no viví la infancia normal de las niñas de mi época. Mi madre era británica y mi padre, un abogado extraordinariamente culto. Formó parte del Partido Socialista en la clandestinidad. Todos los veranos viajábamos en coche por Europa. Con diez años ya visitaba los Museos Vaticanos, el Louvre o el British Museum”, explica.

Un conjunto de experiencias que, junto a “cierta sensibilidad de nacimiento”, se encuentran en el origen de una pasión por el arte que la acompañaría de por vida. Todavía no había acabado la carrera de Filosofía (“no podía más con Bertrand Russell: una profesora majísima acabó aprobándome por pena”) cuando empezó a reformar un local en Algeciras que le había cedido su padre para abrir su propia galería. Inauguró en octubre de 1982. Unas semanas después, cuando le llegó la primera factura, se dio cuenta de que aquello iba en serio.

“Empecé a tejer una red de clientes y de coleccionistas, pero fue un camino muy árido. La gente estaba acostumbrada a ver exposiciones en las cajas de ahorros. Costó cambiar la mirada, pero también fue maravilloso ver cómo personas normales y corrientes se privaban de comprarse otras cosas para adquirir una obra de arte. Con 100.000 pesetas se llevaban un Manolo Quejido”, relata.

"Si no conoces el arte de tu tiempo, no conoces la vida de tu tiempo. Si no sabes lo que están haciendo los creadores contemporáneos, ya sean filósofos, músicos o pintores, te estás perdiendo la era que te corresponde vivir"

Logró resistir 19 años y, en 2001, las ganas de seguir creciendo y dar el salto al mercado internacional la llevaron a trasladar su galería a Madrid. Al principio todo iba bien, pero luego llegó la crisis y los negocios como el suyo cerraron o recibieron una importante sacudida. Lo peor ha pasado, pero la recuperación no acaba de llegar y, para Bellotti, es necesario abrir un debate sobre la viabilidad de los espacios y la función de los galeristas. “Hay que inventarse otro modelo mucho más ágil, más sostenible. Dejar de ahogar al artista con producciones costosísimas, comunicar de una manera más efectiva y buscar estrategias nuevas, como hacer una experiencia del encuentro con los creadores”, reflexiona.

Otro problema, agravado por la proliferación de las ferias de arte –que reúnen en una sola ubicación gran parte de las novedades del sector–, es la escasa asistencia de público a las galerías. “Hacemos el esfuerzo de mantener los espacios abiertos, no cobramos entrada y todo el mundo es bienvenido, pero la gente ya no acude”. Bellotti reconoce que la culpa de que esto sea así se debe a “malos hábitos” por parte de las galerías, pero también a la escasa formación artística de la gente.

“Yo siempre digo: ‘Cómo puede ser que utilices la última tecnología y vistas la última moda y, sin embargo, permanezcas ajeno a lo que está sucediendo en otros campos’. Si no conoces el arte de tu tiempo, no conoces la vida de tu tiempo. Si no sabes lo que están haciendo los creadores contemporáneos, ya sean filósofos, músicos o pintores, te estás perdiendo la era que te corresponde vivir”, recalca algo alarmada.

Los medios de comunicación tampoco ayudan. A la falta de espacios dedicados a la divulgación humanística se une que el enfoque tampoco suele ser el adecuado. “Muchas de las noticias que se dan son para mofarse. El típico ‘esto lo hace un niño’. Pero hay que entender que se trata de una disciplina difícil de asimilar, y es fundamental ser humilde”. Ella lo es. Por eso, cuando ve por primera vez la obra de un artista de esos “comprometidos socialmente” que tanto le gustan, le invade la sensación de estar presenciando un milagro. “Y no lo digo para que la entrevista quede bonita. Es realmente así”, remacha.

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