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El muro de la vergüenza recuerda la Historia

La pared ante la que los fascistas arengaban a sus seguidores será monumento nacional

El Muro de Mussert tras la Segunda Guerra Mundial en una imagen de 1951.
El Muro de Mussert tras la Segunda Guerra Mundial en una imagen de 1951. Nationaal Archief

Un muro de piedra utilizado entre 1936 y 1940 por los simpatizantes holandeses de los nazis, será declarado monumento nacional para evitar su demolición. Es un muro de la vergüenza, porque allí organizaba sus mítines Anton Mussert, líder del Movimiento Nacional Socialista, un partido seguidor del fascismo italiano y el nacionalsocialismo germano, que llegó a tener unos 100.000 afiliados. Situada en el centro de Holanda, la pared, de 100 metros de largo, se levanta ahora en un terreno particular, y su dueño quería derribarla para ampliar un campin. No podrá hacerlo porque 30 historiadores de la II Guerra Mundial han convencido al Ministerio de Cultura de que conservarlo “servirá para recordar un periodo negro a las futuras generaciones”.

Construido cerca de la ciudad de Ede, el propio Mussert designó el muro como “el hogar” del Movimiento, que organizaba encuentros anuales a los que asistían hasta 10.000 seguidores. Ahora solo queda una hilera de piedras poblada de hierba, pero en su momento cumbre, el conjunto incluyó tres grandes gradas frontales que le daban cierto aire de teatro al aire libre. Un escenario apropiado para el fascista holandés más prominente de la contienda. Durante la ocupación nazi del país, el suyo fue el único partido permitido. En 1945, con la capitulación de Alemania, fue ilegalizado y él juzgado y ejecutado por alta traición.

Su biografía no puede separarse del Muro de Mussert, su nombre coloquial, y los historiadores que han conseguido salvarlo han tenido que vencer las reticencias de sus detractores. El problema, según ellos, era que se trata de “una mala herencia”. En la nota que ha convencido al Gobierno, sin embargo, los estudiosos señalan que “no se puede hablar de paz y libertad ocultando el lado oscuro, y el muro permitirá recordar los años de la guerra aprendiendo del pasado”. En 2015, ya se intentó garantizar su conservación, pero el Gobierno no logró ponerse de acuerdo. Albergará un museo subterráneo con fines educativos, para evitar que se convierta en centro de peregrinación de neonazis.

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