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Democracia ‘viejoven’

La nuestra madura sin llegar a los cuarenta con lecciones diarias de vulnerabilidad y contingencia

Manifestación de pensionistas frente al Congreso.
Manifestación de pensionistas frente al Congreso. Jaime Villanueva / EL PAÍS

La democracia española es viejoven. No ha cumplido los cuarenta y eso, en edad de regímenes, equivale a estar en plena juventud. Sin embargo, en los últimos años le están pasando factura los achaques. Las dolencias muestran el rasgo característico de las enfermedades que aparecen con la edad: que se vuelven crónicas. Sufre de fatiga institucional. Y se le han abierto unas fracturas sociales que tienen pinta de cicatrizar mal.

La relación de fortalezas y debilidades de la democracia en España ha seguido un patrón parecido al del resto de países: los ciudadanos valoran mejor los derechos y procedimientos electorales (elecciones, Estado de derecho o libertad de prensa) que la efectividad del sistema en resultados, como la reducción de la pobreza o la desigualdad. Lo que nos ha diferenciado del resto de países ha sido la nota de esa valoración: tanto en procedimientos como en efectividad, la media de España se encuentra lejos de los países mejores posicionados, según la Encuesta Social Europea de 2012.

¿Qué nos han ofrecido hasta ahora las legislaturas de Rajoy en esas dos cualidades —eficacia y procedimientos— sobre las que puede sostenerse el apoyo a la democracia? En resultados, el crecimiento económico fracasa en la protección frente a la pobreza o la reducción de la desigualdad. En materia de derechos y procedimientos se produce un retroceso. Dos ejemplos: un modelo de relación con los medios de comunicación que pone en cuestión su independencia del poder político y una Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana que abre vías para limitar la libertad de expresión.

El fracaso de la democracia frente a la pobreza o la desigualdad puede corroer la cohesión social y la convivencia. Pero el impacto del deterioro de los derechos y reglas de juego es quizás más inmediato y de mayor alcance. Porque con él se resquebrajan los pilares del propio sistema, la base sobre la que se sostiene la acción política en democracia, su legitimidad.

Juventud es sentirse invencible y necesario. Nuestra democracia madura sin llegar a los cuarenta, con lecciones diarias de vulnerabilidad y contingencia. @sandraleon_

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