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Vitolo y la cizaña

Nada en contra del fútbol, sí del eterno eco machista que desprende

Vitolo, delantero del Atlético, el pasado 21 de febrero. En vídeo, declaracioimes de Víctor Machín 'Vitolo'.Vídeo: Zipi
Isabel Valdés

No es la primera vez, claro, declaraciones machistas (y homófobas y racistas) ha habido siempre, las sigue habiendo. De algunas nos enteramos y de otras no. De las de Víctor Machín Vitolo, jugador del Atlético de Madrid, después del partido contra el Copenhague de este pasado jueves se ha enterado todo aquel que viera la rueda de prensa después del juego, o leyera los periódicos deportivos, escuchara la radio o tenga una cuenta de Twitter o Facebook. Le preguntaron por el vestuario y él contestó: "No somos mujeres como para ir metiendo cizaña por temas con lo que ha pasado. Cada uno tiene su tema con el entrenador e intenta hacerlo lo mejor posible. En el vestuario se vive muy bien y no hay ningún tipo de problema".

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En el vestuario solo los que están dentro sabrán si existen problemas, desde luego en su perspectiva sobre las mujeres está claro que lo hay. Aunque se disculpara después. Lo hizo en Twitter, que parece el canal oficial de disculpa de todo aquel a quien se le "escapa" algún exabrupto como este, nunca quieren ofender, a menudo se desdicen, casi siempre insisten en que no son machistas, a veces alegan que fue una broma o un comentario más, que como dijeron eso podrían haber dicho cualquier otra cosa. Tal vez. Pero nunca dicen otra cosa.

Ejemplos, a patadas. En septiembre de 2016, Jesús Tomillero, el primer árbitro que salió del armario en España, estuvo bajo protección policial por amenazas de muerte; el verano pasado, cuando Florentino Pérez le contó a José Ramón de la Morena en El Transistor de Onda Cero que el Real Madrid se había puesto a trabajar para crear un equipo femenino, el periodista le contestó: "Decían estos que el casting lo podría hacer Pipi Estrada"; hace un año, en el campo de Lloret de Mar (Gerona), el partido del equipo femenino del Atlètic de Masnou contra el Lloretenc se suspendió a la media hora porque llegaron dos equipos de veteranos que, insultos mediante, aprovecharon que el balón salió del campo para meterse y ponerse jugar, la sugerencia de que las jugadoras se marcharan a la cocina o a bailar ballet fue lo más bonito que les dedicaron; también en Cataluña, la árbitra Marta Galego interrumpió el partido de la segunda división regional catalana entre Unió Esportiva Valls y Cambrils Unió hasta que el hombre que le había gritado "vete a fregar" no estuvo fuera del recinto. Hay más, como la árbitra de 17 años que en diciembre pasado contó en Twitter el acoso que había sufrido durante la primera parte de un partido de juveniles en Alhaurín de la Torre, en Málaga; aquella pancarta con letras enormes que decía "Shakira es de todos"; o el "Rubén Castro, alé, no fue tu culpa, era una puta, lo hiciste bien".

Alrededor del fútbol planea a menudo la homofobia, el machismo y la violencia, en mayor o menor grado. En este espacio de hombres y para hombres —sigue siendo así, a pesar de los pasos que se van dando— campa a sus anchas el desprecio por las mujeres. Y no, no es que todos los campos de fútbol, vestuarios y parques estén llenos de hombres, jóvenes y niños, profesionales o aficionados, machistas. No. Pero este deporte, el más seguido del mundo, de dimensiones (y retransmisiones) globales —según la FIFA, el Mundial de Brasil de 2014 lo vieron 3.200 millones de personas, 1.000 tuvo únicamente la final— sigue siendo un lugar donde gritar ¡maricón! desde la grada es como abrir una bolsa de pipas, donde no extraña una pelea después del partido y donde, por supuesto, sigue habiendo un convencimiento bastante firme y extendido sobre la incapacidad de las mujeres para entender un fuera de juego.

La pancarta que los aficionados del Espanyol sacaron en un derbi en 2016.
La pancarta que los aficionados del Espanyol sacaron en un derbi en 2016.

El fútbol no es solo un deporte, es un fenómeno cultural y social tremendamente ligado a las emociones, y un escaparate y un generador de modelos de referencia brutal por su dimensión y su alcance. ¿Qué pasaría si se usara para otros menesteres? ¿Si fuese un altavoz para la tolerancia y la igualdad? Es algo que se preguntaba Ritxar Bacete en su libro Nuevos hombres buenos. Decía que hoy el fútbol canaliza frustraciones personales, miedos atávicos y tensiones políticas, pero que podría convertirse en una magnífica herramienta de comunión por la igualdad y otra forma de vivir las emociones colectivas. A eso también hizo referencia Claudio Tamburrini en 2014, cuando presentó su libro, Del juego al estadio, que escribió junto al periodista madrileño Jacobo Rivero: "El deporte es el último bastión de dominación del hombre sobre la mujer".

Lo de Vitolo ha sido solo un comentario, sí. Pero uno más, otro más. El fútbol, que siendo muchas veces ese lugar perfecto para seguir cociendo la sopa primitiva del machismo. El fútbol, tetas, culos y cerveza, que lo seguimos arrastrando. Y el fútbol y la cerveza, bien. Pero el resto... El resto debería estar fuera de juego, aunque las mujeres no entendamos exactamente lo que es.

Puta, mujer, cama y Shakira, las palabras más repetidas para insultar

La Cadena SER ha analizado las conversaciones en redes sociales durante los principales partidos de fútbol en España en la temporada 2016/2017, la Supercopa de 2017 y esta temporada hasta el pasado 30 de enero. Registraron 1.975.000 comentarios que provenían de algo más de 110.000 usuarios (de ellos, un tercio emitió un insulto).

Entre esos casi dos millones, un 26,1% fueron comentarios violentos: el 63% fueron insultos genéricos, en el 12,1% hubo discriminación social, el 10,6% era machista o sexista, el 7,7% eran expresiones homófonas y el 6,7%, racistas.

Dentro del 10,6% de los machistas hubo 40.900 comentarios. Las palabras puta, mujer, cama o Shakira fueron las más repetidas, y novias, hacia quienes se dirigieron la mayor parte de esos insultos.

Puedes ver o descargar el informe completo de la Cadena SER aquí.

Y aquí, el artículo de Verne: Una de cada tres personas que comentan fútbol en redes insulta durante los partidos.

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Sobre la firma

Isabel Valdés
Corresponsal de género de EL PAÍS, antes pasó por Sanidad en Madrid, donde cubrió la pandemia. Está especializada en feminismo y violencia sexual y escribió 'Violadas o muertas', sobre el caso de La Manada y el movimiento feminista. Es licenciada en Periodismo por la Complutense y Máster de Periodismo UAM-EL PAÍS. Su segundo apellido es Aragonés.

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