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OPINIÓN

¿Es esta la solución a la brecha formativa de los funcionarios?

Gracias a los MOOC, cursos en línea, cualquier persona con acceso a Internet puede escuchar clases de los profesores más afamados de las mejores universidades del mundo

Los MOOC no pretenden ser la única solución, sino un componente útil y de bajo costo para la formación de capacidades.
Los MOOC no pretenden ser la única solución, sino un componente útil y de bajo costo para la formación de capacidades. Pixabay

Hace cinco años, el diario The New York Times declaraba 2012 como el año de los MOOC o cursos masivos abiertos en línea, por sus siglas en inglés. Muchos expertos saludaron la llegada de una poderosa herramienta que podría convertirse en la solución a los problemas de acceso a educación de calidad de miles de millones de personas en todo el mundo, particularmente en regiones como África o América Latina y el Caribe.

Gracias a los MOOC, cualquier persona con acceso a Internet puede escuchar las clases de los profesores más afamados de las mejores universidades del mundo, descargar documentos, debatir con sus compañeros en foros virtuales e incluso tener tutorías personalizadas.

Gigantes de la educación, como el Massachussets Institute of Technology (MIT) y la Universidad de Harvard apostaron por los MOOC y crearon su propia plataforma, edX. Así, estas instituciones pusieron a disposición del mundo entero algunos de sus recursos educativos de primer nivel.

En el BID nos sumamos a esta iniciativa en 2014 y comenzamos a generar MOOC en español, inglés, francés y portugués para capacitar no solo a estudiantes, sino también a funcionarios públicos y tomadores de decisiones en toda Latinoamérica y el Caribe.

¿Es esta la solución a la brecha formativa de los funcionarios?

Tomando en cuenta que vivimos en una era en la que la tecnología y sus usos cambian a una rápida velocidad, no es de extrañar que de repente pareciera que la fiebre de los MOOC perdía impulso. Ahora los críticos señalan que, aunque el número de registrados en los cursos parece espectacular, en promedio solo el 10% de los inscritos llega a terminarlos. Muchos participantes se registran en los cursos impulsados más por curiosidad intelectual que por necesidad profesional.

Además, al tratarse de cursos gratuitos, el concluirlos depende únicamente de la voluntad de cada participante. Otros critican el hecho que los MOOC, al ser un campus virtual, no pueden competir con la experiencia educativa y la interacción entre estudiantes y profesores en el mundo real. Sin embargo, cinco años después del año del MOOC, yo sigo siendo un ferviente defensor de esta plataforma de conocimiento abierto.

Aunque el número de registrados en los cursos parece espectacular, en promedio solo el 10% de los inscritos llega a terminarlos

Si bien existen importantes disparidades dentro de la región, el servicio civil de nuestros países aún presenta indicadores preocupantes en comparación con los de las economías más avanzadas en ámbitos como la capacidad de gestión o la profesionalización de altos directivos públicos.

Según el Índice de Desarrollo del Servicio Civil del BID, países como Chile, Brasil y Costa Rica están a la cabeza en la calidad de su servicio civil, mientras que otros como Bolivia, Ecuador y Honduras presentan los puntajes más bajos. Si no contamos con un servicio civil de alto nivel, ¿cómo van nuestros Estados a responder a los nuevos retos de desarrollo y de la economía digital que demandan países emprendedores con entornos favorables a la innovación y la creación de valor? Creo que el conocimiento abierto a través de los MOOC tiene un papel importante en la respuesta a este reto.

Igual, en estos años hemos aprendido algunas lecciones que debemos considerar para el futuro de los MOOC. Quizá lo más sencillo y urgente sea corregir nuestro enfoque y perspectiva sobre el problema de la tasa de deserción. Un estudio reciente concluyó que dependen en gran medida del propósito del MOOC.

Si nuestro objetivo es proporcionar oportunidades gratuitas para aprender, las tasas de deserción o la obtención de un certificado por parte del alumnado no debería ser nuestra principal preocupación, sino que los participantes del curso aprendan y reflexionen sobre los temas que se plantean.

Las estadísticas nos dicen que entre el 50% y 70% de los 10 millones de personas que se han registrado en MOOC en todo el mundo son adultos profesionales, no estudiantes. Varias instituciones académicas como el Politécnico Grancolombiano de Colombia, ya legitiman el valor de este tipo de capacitación al reconocer créditos académicos a los cursos MOOC. Al mismo tiempo, vuelven a revolucionar el aprendizaje abierto con más opciones de grado y hasta alternativas como micromasters como parte de la oferta.

Entre el 50% y 70% de los 10 millones de personas que se han registrado en MOOC en todo el mundo son adultos profesionales, no estudiantes

También necesitamos escuchar mejor a nuestras audiencias si queremos lograr nuestros objetivos de profesionalización del sector público y de empoderamiento de la ciudadanía en la búsqueda de soluciones para nuestros problemas de desarrollo.

Por último, no debemos ignorar las importantes limitaciones presupuestarias y la frecuente rotación de empleados públicos que se da en las administraciones públicas de América Latina y el Caribe, lo que reduce las oportunidades efectivas de aprendizaje. En ese sentido, los MOOC no pretenden ser la única solución, sino un componente útil y de bajo costo para la formación de capacidades, particularmente en los países con servicios civiles menos profesionalizados.

De esta manera, los avances tecnológicos permiten potenciar el papel del conocimiento abierto como bien público y así abrir puertas para contar no solo con servidores públicos más profesionalizados, sino también con ciudadanos informados y educados que no solo exijan, sino que también puedan cocrear junto a sus gobiernos iniciativas más eficientes y transparentes.

Federico Basañes es gerente del sector de aprendizaje y conocimiento del Banco Interamericano de Desarrollo.

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