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Al-Juarismi

Del gran matemático persa vienen álgebra y algoritmo, dos de los pilares fundamentales de nuestro mundo

Retrato de Al-Juarismi.
Retrato de Al-Juarismi. Sovfoto/UIG/Getty Images

El mismo año en que Carlomagno condenaba a muerte a todo sajón que rehusara el bautismo, el mismo en que la ciudad de Aldwych se imponía como el epicentro del comercio en lo que ahora es una mera calle del centro de Londres, y en el que moría el emperador León IV el Jázaro, el bizantino que sometió a búlgaros y árabes como si no hubiera un mañana cosmopolita, ese mismo año de 780, nació Al-Juarismi, lo que a la larga ha acabado siendo mucho más importante que todo lo demás. De Al-Juarismi vienen álgebra y algoritmo, dos de los pilares fundamentales de nuestro mundo.

El MIT de la época era Dar Al Hikma, la Casa de la Sabiduría de Bagdad, la mayor concentración de cerebros de la Edad de Oro del islam. Allí trabajó Al Juarismi codificando el álgebra en un libro que, tras su traducción al latín en el siglo XII, impulsó una brillante y eficaz rama de las matemáticas que, como casi todo en nuestra historia del conocimiento, había sido prefigurada por los mesopotámicos milenios antes. También desarrolló un procedimiento matemático que genera, paso a paso pero sin que los pasos sean infinitos, la solución de un problema intratable por otros métodos. De su libro El arte indio del cálculo por Al-Juarismi viene el nombre, y el concepto, de algoritmo que ahora rige nuestras vidas.

Cuando aprendes a multiplicar o dividir en el colegio, estás usando algoritmos. Coge tal número de cifras, divídelo por el de allá, apunta el resto en tal lugar y repite el procedimiento cuantas veces sea necesario. Un agregador de noticias actual —esas cosas que la mitad de la población usa para informarse— se basa también en los descubrimientos de Al-Juarismi: mira qué usuarios predicen mejor las noticias de futuro impacto, súbeles el karma y utiliza a los de mayor karma para llevar a primera página las noticias de impacto del futuro. Este algoritmo, por supuesto, consigue su objetivo de infectar la Red, aunque las cosas con las que la infecta son muy discutibles. Un alto karma no indica un mejor análisis de la realidad, sino un alto grado de mediocridad: una naturaleza previsible y con tanto poder hechicero como un rebaño de ovejas. El secreto del éxito.

Las inversiones de capital riesgo en inteligencia artificial superaron los 6.000 millones de euros en los primeros nueve meses de 2017. Casi todos los proyectos estimulados por esa pasta se basan en las ideas de Al-Juarismi. No culpemos al gran matemático persa de lo que haya de venirnos encima. Limitémonos a suspirar por otro Al-Juarismi más moderno y sofisticado.

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